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Esta historia (¿prehistoria?) empezó a escribirse hace casi 65 años, el 17 de julio de 1956. En tal fecha, un campesino huilense de nombre Juan de Dios Falla se presentó en el Museo del Instituto Geológico Nacional en Bogotá, para manifestar que en su finca, sobre la desembocadura de la quebrada de Majo en el río Magdalena, en Garzón, había encontrado una tumba con un extraño cráneo humano junto con huesos de mastodonte, muelas de megaterio y varios artefactos primitivos de ópalo.

Según el relato de Falla, el cráneo humano tenía la cara dirigida hacia arriba; la frente era baja, fuertemente inclinada y provista de arcadas supraorbitales fuertes. Encima de la calavera estaban cruzadas dos diáfisis de huesos humanos largos y todo estaba rodeado por cinco fragmentos irregulares de ópalo del tamaño de una nuez, como formando un semicírculo o “corona”, y muy cerca había fragmentos de costilla de megaterio, una fila con pedazos de ópalo que alternaban con los huesos y una placa de cerámica cruda, plana, de un centímetro de espesor y del tamaño de la palma de una mano.

El hallazgo del señor Falla tiene un antecedente fantástico: 30 años atrás, cuando todavía era un muchacho, al anochecer había observado sobre la llamada colina La Cruz, una luz azul que apareció entre la maleza. Ante la creencia de una guaca con tesoros escondidos o enterrados, nunca olvidó la aparición, por lo que a finales de 1955 resolvió excavar el lugar que, al parecer, ya había sido saqueado. Tomó los restos humanos y animales, mas las piezas de ópalo y cerámica, y las llevó a su casa con el fin de presentarlas ante las autoridades. Pero lamentó que durante al transporte a su vivienda los huesos humanos se hicieron polvo.

El paleontólogo jefe del Instituto Geológico Nacional, adscrito al Ministerio de Minas y Petróleos, el mundialmente reconocido profesor Hans Bürgl (nacido en Viena, Austria -1907- y fallecido en Bogotá en 1966), de inmediato le mostró a Falla unos libros con fotos de cráneos humanos para que tratase de identificar al que pareciera ser el Hombre de Garzón. En su informe escribió que Juan de Dios “*𝑆𝑖𝑛 𝑡𝑖𝑡𝑢𝑏𝑒𝑜𝑠 𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎𝑧𝑜́ 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑦𝑜𝑟𝑖́𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑖𝑙𝑢𝑠𝑡𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑦 𝑠𝑒𝑛̃𝑎𝑙𝑜́ 𝑒𝑙 𝑐𝑟𝑎́𝑛𝑒𝑜 𝑑𝑒 𝐶ℎ𝑎𝑝𝑒𝑙𝑙𝑒 𝑎𝑢𝑥 𝑆𝑎𝑖𝑛𝑡𝑠 (𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑣𝑖𝑠𝑡𝑎 𝑙𝑎𝑡𝑒𝑟𝑎𝑙 𝑦 𝑓𝑟𝑜𝑛𝑡𝑎𝑙) 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑒𝑙 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝑖𝑑𝑜 𝑎𝑙 𝑐𝑟𝑎́𝑛𝑒𝑜 𝑑𝑒 𝐺𝑎𝑟𝑧𝑜́𝑛*” (página 6 de su informe). Se refiere al esqueleto hallado en Francia en 1908 y que según las investigaciones es el resto humano más antiguo, de más de 60 mil años, del llamado hombre de Neanderthal.

Corrían los tiempos de lo que llaman la Dictadura de Rojas Pinilla, cuando el Estado era más eficiente que el moderno. Rápidamente el doctor Bürgl consiguió que el Ministerio autorizara una visita a la tumba de Garzón, con una comisión que encabezó e inició su trabajo el 13 de agosto siguiente. Es decir 26 días después de conocer la noticia, ya estaba excavando la tumba del sector Balseadero-Barsal. 

Durante una semana el profesor Bürgl y su equipo recolectaron la información y los elementos correspondientes, tomaron fotografías, hicieron topografía y cartografía, estudiaron las capas geológicas de la región y regresaron a Bogotá con el material recaudado como un valioso tesoro para la ciencia universal.

𝐄𝐥 𝐢𝐧𝐟𝐨𝐫𝐦𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐝𝐨𝐜𝐭𝐨𝐫 𝐁𝐮̈𝐫𝐠𝐥

En el mismo mes de agosto de 1956 el profesor Bürgl entregó su informe mecanografiado en 20 páginas y ocho planchas en la que además inserta 12 fotografías originales. Lo registró como Informe número 1185 con el título “𝑈𝑛𝑎 𝑡𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑙𝑒𝑜𝑙𝑖́𝑡𝑖𝑐𝑜 𝑎𝑛𝑡𝑖𝑔𝑢𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑚𝑢𝑛𝑖𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑑𝑒 𝐺𝑎𝑟𝑧𝑜́𝑛, 𝐷𝑝𝑡𝑜. 𝑑𝑒𝑙 𝐻𝑢𝑖𝑙𝑎. Quien escribe estas líneas tiene una copia al carbón del preciado documento, con las fotografías originales, gracias a que alguna vez lo obtuvo Rosalía Silva Poveda y lo cedió a mi hermana Maritza considerando que podría tener algún interés para futuras generaciones. A esas generaciones que tal vez no conocieron las máquinas de escribir les cuento que una “copia al carbón” se refiere a que al escribirse un documento se le agregaban dos o tres hojas adicionales entre las cuales iba una delgada hoja negra (o azul) que permitía hacer la copia inmediata de lo que se tecleaba en la máquina.

Imagen: Cortesía del autor

Tras las aclaraciones anteriores digamos que el profesor Bürgl inicia su informe con un resumen en castellano, inglés y alemán en los siguientes términos:

 “𝐸𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑎𝑟𝑡𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑜, 𝑠𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑟𝑖𝑏𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑢𝑏𝑟𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑦 𝑙𝑎 𝑒𝑥𝑐𝑎𝑣𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑡𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑀𝑢𝑛𝑖𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑑𝑒 𝐺𝑎𝑟𝑧𝑜́𝑛, 𝐷𝑒𝑝𝑎𝑟𝑡𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐻𝑢𝑖𝑙𝑎. 𝐿𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑔𝑒𝑜𝑙𝑜́𝑔𝑖𝑐𝑎𝑠 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑐𝑎𝑛 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑎 𝑡𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑝𝑢𝑑𝑜 ℎ𝑎𝑏𝑒𝑟 𝑠𝑖𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑖𝑑𝑎 𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜  𝑎𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑟𝑖𝑜𝑑𝑜 𝑔𝑙𝑎𝑐𝑖𝑎𝑙 𝑅𝑖𝑠𝑠𝐶𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑖́𝑎 ℎ𝑢𝑒𝑠𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑀𝑒𝑔𝑎𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜, 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑙𝑎𝑟 𝑑𝑒 𝑀𝑎𝑠𝑡𝑜𝑑𝑜𝑛𝑡𝑒 𝑦 𝑎𝑟𝑡𝑒𝑓𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑚𝑢𝑦 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑖𝑡𝑖𝑣𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑒 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝑒𝑛 𝑚𝑎́𝑠 𝑎 𝑙𝑜𝑠𝑐ℎ𝑜𝑝𝑝𝑖𝑛𝑔 𝑡𝑜𝑜𝑙𝑠𝑑𝑒 𝐴𝑠𝑖𝑎 𝑦 𝐴𝑓𝑟𝑖𝑐𝑎 𝑂𝑟𝑖𝑒𝑛𝑡𝑎𝑙 𝑦 𝑀𝑒𝑟𝑖𝑑𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙. 𝑃𝑎𝑟𝑒𝑐𝑒, 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑜 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜, 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑡𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒 𝐺𝑎𝑟𝑧𝑜́𝑛 𝑟𝑒𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜 𝑚𝑎́𝑠 𝑎𝑛𝑡𝑖𝑔𝑢𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑒𝑥𝑖𝑠𝑡𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑛 𝐴𝑚𝑒́𝑟𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒𝑛𝑒𝑚𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑙𝑎 𝑓𝑒𝑐ℎ𝑎”.

Anotemos que, según los científicos, el periodo glacial Riss ocurrió en el pleistoceno, comenzando hace 200 mil años y terminando hace 140 mil años, mientras que los chopping tools se refieren a los instrumentos más antiguos fabricados por el hombre del paleolítico a partir de tallar piedras para usos como cortar, raspar y partir o golpear.

Según el profesor Bürgl (página 15 de su informe), posiblemente en el tiempo de la cultura agustiniana los hombres abrieron la tumba paleolítica y destruyeron el esqueleto enterrado, dejando el cráneo y dos huesos largos en un nicho, mientras que, siglos después, otros guaqueros que escucharon hablar del hallazgo del señor Falla, también excavaron en los alrededores.

Después del intenso trabajo, la comisión encabezada por el doctor Bürgl sacó las siguientes conclusiones:

   “𝐿𝑜𝑠 𝑎𝑟𝑡𝑒𝑓𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐺𝑎𝑟𝑧𝑜́𝑛 𝑠𝑜𝑛 𝑚𝑎́𝑠 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑖𝑡𝑖𝑣𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝐻𝑜𝑚𝑜 𝑁𝑒𝑎𝑛𝑑𝑒𝑟𝑡ℎ𝑎𝑙𝑒𝑛𝑠𝑖𝑠 (𝐻𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑑𝑒 𝑁𝑒𝑎𝑛𝑑𝑒𝑟𝑡ℎ𝑎𝑙), 𝑞𝑢𝑒 𝑝𝑜𝑏𝑙𝑜́ 𝑎 𝐸𝑢𝑟𝑜𝑝𝑎 𝑦 𝑙𝑜𝑠 𝑜𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑖𝑛𝑒𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑉𝑖𝑒𝑗𝑜 𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑑𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑙 𝑅𝑖𝑠𝑠𝑊𝑢̈𝑟𝑚 𝐼𝑛𝑡𝑒𝑟𝑔𝑙𝑎𝑐𝑖𝑎𝑙 𝑦 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑛𝑐𝑖𝑝𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑊𝑢̈𝑟𝑚𝐺𝑙𝑎𝑐𝑖𝑎𝑙. 𝐴𝑝𝑎𝑟𝑒𝑛𝑡𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑠𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑜𝑑𝑢𝑐𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑢𝑛 𝑠𝑒𝑟 ℎ𝑢𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑎𝑛𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟 𝑎𝑙 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑑𝑒 𝑁𝑒𝑎𝑛𝑑𝑒𝑟𝑡ℎ𝑎𝑙, 𝑒𝑠 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑟 𝑑𝑒𝑙 𝑔𝑟𝑢𝑝𝑜 𝑃𝑖𝑡ℎ𝑒𝑐𝑎𝑛𝑡ℎ𝑡𝑜𝑝𝑢𝑠 𝑒𝑛 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑑𝑜 𝑎𝑚𝑝𝑙𝑖𝑜.

   𝐿𝑎 𝑠𝑖𝑡𝑢𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑔𝑒𝑜𝑙𝑜́𝑔𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑡𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒 𝐺𝑎𝑟𝑧𝑜́𝑛, 𝑞𝑢𝑒 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑐𝑎 𝑢𝑛𝑎 𝑒𝑑𝑎𝑑 𝑝𝑟𝑒𝑅𝑖𝑠𝑠, 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑑𝑒 𝑎𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑟𝑒𝑠𝑢𝑙𝑡𝑎𝑑𝑜.

   L𝑜𝑠 𝑑𝑎𝑡𝑜𝑠 𝑔𝑒𝑜𝑙𝑜́𝑔𝑖𝑐𝑜𝑠 𝑦 𝑝𝑟𝑒ℎ𝑖𝑠𝑡𝑜́𝑟𝑖𝑐𝑜𝑠 𝑖𝑛𝑑𝑢𝑐𝑒𝑛 𝑎 𝑙𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑐𝑙𝑢𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑆𝑢𝑟𝑎𝑚𝑒́𝑟𝑖𝑐𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑣𝑜 𝑝𝑜𝑏𝑙𝑎𝑑𝑎 𝑦𝑎 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑑𝑒 𝑃𝑙𝑒𝑖𝑠𝑡𝑜𝑐𝑒𝑛𝑜 𝑀𝑒𝑑𝑖𝑜 𝑝𝑜𝑟 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒𝑠, 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑎𝑏𝑙𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑙 𝑔𝑟𝑢𝑝𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑃𝑖𝑡ℎ𝑒𝑐𝑎𝑛𝑡ℎ𝑟𝑜𝑝𝑢𝑠.

   𝐿𝑎 𝑡𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑑𝑒 𝐺𝑎𝑟𝑧𝑜́𝑛 𝑦 𝑙𝑜𝑠 𝑎𝑟𝑡𝑒𝑓𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑖́𝑎, 𝑝𝑜𝑑𝑟𝑖́𝑎𝑛 𝑟𝑒𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡𝑎𝑟, 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑜 𝑡𝑎𝑛𝑡𝑜, 𝑙𝑜𝑠 𝑖𝑛𝑑𝑖𝑐𝑖𝑜𝑠 𝑚𝑎́𝑠 𝑎𝑛𝑡𝑖𝑔𝑢𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 ℎ𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑛 𝐴𝑚𝑒́𝑟𝑖𝑐𝑎.

Imagen: Cortesía del autor

𝐇𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐞𝐥 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐨 𝐲 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐭𝐫𝐮𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧

Al año siguiente, 1957, el doctor Bürgl publicó en la Revista Colombiana de Antropología (Volumen 6, páginas 7-29) un artículo titulado “𝐴𝑟𝑡𝑒𝑓𝑎𝑐𝑡𝑜𝑠 𝑝𝑎𝑙𝑒𝑜𝑙𝑖́𝑡𝑖𝑐𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑡𝑢𝑚𝑏𝑎 𝑒𝑛 𝐺𝑎𝑟𝑧𝑜́𝑛, 𝐻𝑢𝑖𝑙𝑎”. Contenía 11 láminas que incluyen copia de las fotos entregadas en su informe oficial, mas otras que reseñó como los elementos recolectados en el sitio (marcadas con el código HB, mientras las recogidas por Juan de Dios Falla las codificó como JDF. (El texto puede consultarse también en https://revistas.icanh.gov.co/…/rca/article/view/1789/1350).

Dicho artículo en el fondo es similar al del informe original, con ligeros cambios en el orden. Pero no habla de los restos humanos ni de la identificación que del cráneo hizo Falla a partir de fotografías de otros lugares del mundo. Es decir, se centra solo en los elementos que identificó como elaborados por el hombre en lo que se atreve a llamar “𝑛𝑖𝑣𝑒𝑙 𝑐𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙 𝑔𝑎𝑟𝑧𝑜𝑛𝑖𝑎𝑛𝑜”.

En aquellos tiempos Colombia no estaba para estudiar huesos humanos o de mastodontes o de megaterios. La clase política estaba empeñada en tumbar la dictadura para repartirse el botín burocrático entre los dos partidos que desde años atrás estaban repartiendo bala a diestra y siniestra. Cayó el dictador y se creó el Frente Nacional, en el que no cabía el doctor Hans Bürgl, pues no era liberal ni conservador por ser extranjero. Sus investigaciones quedaron en informes como el que poseo en copia al carbón.

𝐇𝐚𝐥𝐥𝐚𝐳𝐠𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐨𝐭𝐫𝐨 𝐜𝐚𝐦𝐩𝐞𝐬𝐢𝐧𝐨

Cuarenta y cinco años después, en 2001, un poco más al sur de la guaca que deslumbró a Falla, un joven campesino del Balseadero que trabajaba la tierra que fue de sus abuelos y de sus bisabuelos (finca La Providencia), comenzó a encontrar huesos humanos y animales y utensilios antiguos en cerámica y piedra, entre ellos algunas estatuas muy similares a las de San Agustín pero en pequeño, entre 60 y 80 centímetros de altura, parecidas a las del complejo de Lavapatas. No solo comenzó a recolectarlas sino a comentar con sus vecinos que también encontraron, en sus labores agrícolas, piezas arqueológicas en la zona vecina de Guacanas y, sobre la margen izquierda del río Magdalena en el sector de La Escalereta, perteneciente al municipio de Agrado, donde se desarrollaba uno de los pocos experimentos de reforma agraria con producción y propiedad colectiva, es decir de los usuarios.

Ese joven campesino, de nombre Héctor Fabián Naranjo Fernández, acopió más de mil piezas arqueológicas, entre ellas varias que analizadas con el radiocarbono, datan desde el año mil antes  de Cristo hasta el cien de nuestra era, como una maíz fosilizado encontrado en Guacanas. Con ese tesoro para la humanidad, Héctor Fabián denunció ante la supuesta autoridad estatal, que ya no era el Instituto Geológico Nacional sino un órgano inútil y politizado llamado Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh), que poco o ningún interés prestó al asunto, excepto el que le entregaran un registro constando los hallazgos.

En 2004 la gobernación del Huila quiso crear un museo regional y convencieron a Naranjo de entregar algunas piezas cerámicas y líticas. Y ahí apareció el Icanh para denunciar penalmente a Héctor Fabián presuntamente por usurpación de tierras y tráfico de bienes culturales. Proceso que debió atender con sus escasos recursos y del cual, por fortuna, salió bien librado.

Los vestigios arqueológicos fueron metidos en cajas y almacenados en una casa de Garzón por un tiempo. Luego separaron los restos óseos y los dejaron apilados en cajas en la Casa de Cultura de esa ciudad, sin que nadie pueda observarlos o estudiarlos. Las piezas líticas y cerámicas fueron embaladas y, curiosamente, el Icanh en su sabiduría tomó una decisión insólita: al denunciado supuesto usurpador y traficante Héctor Fabián le entregó un registro de tenencia de los materiales para que los guarde y conserve a su pecunio, es decir, sin pago alguno ni de bodegaje. En total son 648 piezas entre las cuales está una tumba de gran estructura en piedra, una cara irregular de 30 cm que al parecer fue de la estructura de otra tumba, estatuas miniatura con rastros de pintura, además de manos de moler, fragmentos metálicos, lascas, desechos de tallas, hachas, buriles y rodillos. 

 𝐘 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚 𝐥𝐚 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐚 𝐢𝐧𝐯𝐚𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐞𝐬𝐩𝐚𝐧̃𝐨𝐥𝐚

Pero el más grave de los males estaba por llegar: la segunda invasión española, que ya no venía por el oro sino por el agua. Apareció la empresa Emgesa con un proyecto multicriminal llamado Represa del Quimbo. Con crímenes ambientales, sociales, económicos, culturales y, desde luego, contra esas ramas de la ciencia llamadas arqueología y paleontología. Por supuesto llegó a apoderarse y destruir el territorio, obligando a sangre y fuego al desplazamiento forzoso de los campesinos, los pescadores y la fauna endémica, además de la destrucción de todos los árboles en un terreno de más de 8.500 hectáreas.

𝑁𝑜𝑠 𝑡𝑜𝑐𝑜́ 𝑠𝑎𝑙𝑖𝑟 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑟𝑜𝑝𝑖𝑡𝑎 𝑑𝑒𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑏𝑟𝑎𝑧𝑜. 𝑆𝑎𝑙𝑖́𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑜 𝑠𝑎𝑙𝑖́𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑡𝑒𝑟𝑟𝑖𝑡𝑜𝑟𝑖𝑜”, me dijo Elvia, la mamá de Héctor Fabián, que es la radiografía de ese desplazamiento forzoso que sufrieron miles de campesinos que moraban en tierras con antiquísimas labranzas de cacao, enormes árboles de aguacate y al lado de reses que les surtían la leche y la carne. Es de suponer que si no importaban los humanos, mucho menos importarían las cerámicas, piedras y demás piezas arqueológicas.

De nada sirvieron las protestas y advertencias sobra la riqueza cultural. En la página de Emgesa por internet figura una cronología del Quimbo en las que hay solo tres referencias sobre las tumbas, sin detalles:

  1. En noviembre de 2011 “𝑓𝑢𝑒 𝑖𝑑𝑒𝑛𝑡𝑖𝑓𝑖𝑐𝑎𝑑𝑜 𝑢𝑛 ℎ𝑎𝑙𝑙𝑎𝑧𝑔𝑜 𝑎𝑟𝑞𝑢𝑒𝑜𝑙𝑜́𝑔𝑖𝑐𝑜 𝑓𝑜𝑟𝑡𝑢𝑖𝑡𝑜 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒 𝑙𝑎 𝑚𝑎𝑟𝑔𝑒𝑛 𝑑𝑒𝑟𝑒𝑐ℎ𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑅𝑖́𝑜 𝑀𝑎𝑔𝑑𝑎𝑙𝑒𝑛𝑎, 𝑑𝑜𝑛𝑑𝑒 𝑠𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑦𝑒 𝑙𝑎 𝐶𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑙 𝐻𝑖𝑑𝑟𝑜𝑒𝑙𝑒́𝑐𝑡𝑟𝑖𝑐𝑎 𝐸𝑙 𝑄𝑢𝑖𝑚𝑏𝑜. 𝐸𝑛𝑒𝑙𝐸𝑚𝑔𝑒𝑠𝑎 𝑟𝑒𝑝𝑜𝑟𝑡𝑜́ 𝑑𝑖𝑐ℎ𝑜 ℎ𝑎𝑙𝑙𝑎𝑧𝑔𝑜 𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑙 𝐼𝑛𝑠𝑡𝑖𝑡𝑢𝑡𝑜 𝐶𝑜𝑙𝑜𝑚𝑏𝑖𝑎𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝐴𝑛𝑡𝑟𝑜𝑝𝑜𝑙𝑜𝑔𝑖́𝑎 𝑒 𝐻𝑖𝑠𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎, 𝐼𝐶𝐴𝑁𝐻, 𝑑𝑒 𝑎𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑜 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑏𝑙𝑒𝑐𝑖𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝐿𝑒𝑦. 𝑈𝑛𝑎 𝑣𝑒𝑧 𝑑𝑒𝑡𝑒𝑐𝑡𝑎𝑑𝑎 𝑙𝑎 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑓𝑟𝑎𝑔𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑣𝑎𝑠𝑖𝑗𝑎𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑎́𝑟𝑒𝑎 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑑𝑎 𝑐𝑜𝑚𝑜 𝑧𝑜𝑛𝑎 𝑑𝑒 𝑑𝑒𝑝𝑜́𝑠𝑖𝑡𝑜 𝑁𝑜. 3, 𝑠𝑒 𝑜𝑟𝑑𝑒𝑛𝑜́ 𝑙𝑎 𝑠𝑢𝑠𝑝𝑒𝑛𝑠𝑖𝑜́𝑛 𝑖𝑛𝑚𝑒𝑑𝑖𝑎𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝑙𝑎𝑏𝑜𝑟𝑒𝑠 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑐𝑡𝑖𝑣𝑎𝑠. 𝐴𝑠𝑖́ 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜 𝑠𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑐𝑒𝑑𝑖𝑜́ 𝑎 𝑑𝑒𝑚𝑎𝑟𝑐𝑎𝑟 𝑢𝑛 𝑎́𝑟𝑒𝑎 𝑑𝑒 100 𝑚𝑒𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑐𝑢𝑎𝑑𝑟𝑎𝑑𝑜𝑠 𝑎 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑑𝑜𝑛𝑑𝑎, 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑓𝑖𝑛 𝑑𝑒 𝑒𝑣𝑖𝑡𝑎𝑟 𝑚𝑜𝑣𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒 𝑠𝑢𝑒𝑙𝑜«.

Es fácil imaginar la demarcación de un terreno de 100 metros cuadrados en una superficie de 8.500 hectáreas para un “hallazgo fortuito” que no explican cuál fue.

  1. En enero 2013 (14 meses después), dicen que tras identificar el hallazgo suspendieron las actividades que se ejecutaban, se demarcó y aisló la zona y se estableció un  programa de arqueología preventiva y un plan de manejo arqueológico con el fin de proteger el patrimonio cultural. Sigue sin explicar cuál fue el hallazgo fortuito.
  2. En agosto del mismo año reportan que “𝐸𝑛 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑙𝑖𝑏𝑟𝑜 𝑠𝑒 𝑑𝑜𝑐𝑢𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑣𝑎𝑙𝑖𝑜𝑠𝑜 𝑡𝑟𝑎𝑏𝑎𝑗𝑜 𝑑𝑒 𝑐𝑎𝑚𝑝𝑜 𝑟𝑒𝑎𝑙𝑖𝑧𝑎𝑑𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝑎𝑟𝑞𝑢𝑒𝑜́𝑙𝑜𝑔𝑜𝑠 𝑒𝑥𝑝𝑒𝑟𝑡𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑎́𝑟𝑒𝑎 𝑑𝑒 𝑖𝑛𝑓𝑙𝑢𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝐶𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎𝑙 𝐻𝑖𝑑𝑟𝑜𝑒𝑙𝑒́𝑐𝑡𝑟𝑖𝑐𝑎 𝐸𝑙 𝑄𝑢𝑖𝑚𝑏𝑜 𝑑𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑒𝑙 𝑃𝑟𝑜𝑔𝑟𝑎𝑚𝑎 𝑑𝑒 𝐴𝑟𝑞𝑢𝑒𝑜𝑙𝑜𝑔𝑖́𝑎 𝑃𝑟𝑒𝑣𝑒𝑛𝑡𝑖𝑣𝑎. 𝐸𝑙 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑟𝑟𝑜𝑙𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑒 𝑝𝑟𝑜𝑔𝑟𝑎𝑚𝑎, 𝑞𝑢𝑒 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑎𝑝𝑜𝑦𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑈𝑛𝑖𝑣𝑒𝑟𝑠𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑁𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙, 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑎𝑝𝑜𝑟𝑡𝑒 𝑐𝑖𝑒𝑛𝑡𝑖́𝑓𝑖𝑐𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑖𝑏𝑢𝑦𝑒 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑡𝑟𝑖𝑚𝑜𝑛𝑖𝑜 𝑐𝑢𝑙𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙 𝑑𝑒𝑙 𝑑𝑒𝑝𝑎𝑟𝑡𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝐻𝑢𝑖𝑙𝑎”.

Curiosamente, la cronología de Emgesa tampoco da el título del valioso libro, de la misma manera como afirma, meses después, que para demostrar su compromiso arqueológico, publicó un libro sobre San Agustín, que tampoco tiene título.

Según lo que hemos indagado, la empresa tiene varias piezas sobre las cuales nadie conoce la cantidad y la clase de las mismas. Y ha prometido la creación de un museo regional en alianza con la Universidad Surcolombiana, pero hasta ahora, una década después, no ha pasado de ser una promesa más. 

𝐄𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢𝐨́𝐧: 𝐦𝐮𝐲 𝐩𝐨𝐜𝐨

De todo lo aquí narrado tenemos que decir que poco queda. De los estudios del profesor Bürgl queda el documento oficial en la copia al carbón que tiene el autor de estas líneas. Pero de los objetos recolectados tanto por Falla como por la comisión oficial nadie da noticia del lugar donde se encuentran, si es que aún existen. 

De todos los objetos recolectados por campesinos huilenses en los alrededores de Guacanas, Balseadero y La Escalereta quedan unos restos óseos escondidos en cajas de cartón en algún lugar de Garzón.

Las piezas dadas en tenencia a Héctor Fabián Naranjo están cuidadosamente embaladas pero nadie puede destaparlas ni para una fotografía sino con permiso de quien nada, absolutamente nada ha hecho por proteger el patrimonio: el Icanh.

De lo recolectado por los españoles de Emgesa, nada se sabe. Ni de la cantidad, calidad, características, antigüedad, investigaciones, lugar de tenencia y al parecer ni fotografías.

Del eventual museo y laboratorio con la Universidad Surcolombiana nada se volvió a saber.

De los sitios donde se encontraron todos estos vestigios nada quedó: toda la zona se anegó para construir la represa. ¡No quedó ni el territorio!

Si nos atenemos a los estudios hechos que indican que algunos de los objetos sometidos al radiocarbono datan del año mil antes de Cristo, podríamos decir que hace más de tres mil años ya moraban personas por estos territorios. En otras palabras, que en el Alto Magdalena o Yuma se confeccionaban elementos desden antes de Adán.

Y esto nos lleva a pensar en la pregunta que titula este artículo: ¿𝗲𝘅𝗶𝘀𝘁𝗶𝗼́ 𝗲𝗹 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗺𝗮́𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗶𝗴𝘂𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗼𝘆 𝗲𝗻 𝗱𝗶́𝗮 𝘀𝗲 𝗹𝗹𝗮𝗺𝗮 𝗛𝘂𝗶𝗹𝗮

Tal vez la respuesta nunca la obtendremos y el “progreso” que anegó esos lares impida por los siglos de los siglos algunas aproximaciones a la verdad.

𝑷𝒐𝒔𝒕 𝒅𝒂𝒕𝒂 𝒄𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒂: el mismo día que Juan de Dios Falla denunciaba sus hallazgos arqueológicos, el 17 de julio de 1956, nacía en Garzón una niña a quien llamaron Mayelly. Ella, hace 40 años aceptó convertirse en mi esposa. Y no estamos anegados ni fosilizados.

*𝐑𝐨𝐝𝐫𝐢𝐠𝐨 𝐒𝐢𝐥𝐯𝐚 𝐕𝐚𝐫𝐠𝐚𝐬, periodista. 

Reserva Natural de la Sociedad Civil 𝑪𝒉𝒂𝑴𝒂𝑪𝒉𝒊́𝒂.

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