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O petróleo o humanidad. La problemática energética de gobierno

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Opinión | Por: Rafael González Sterling

Un reportero entrevista a un joven delgado, de pelo desordenado con unas grandes gafas de estilo aviador. El joven responde metódicamente y con claridad:

‘’…Un nuevo criterio de riqueza es la diversidad humana: ‘O petróleo o humanidad, o petróleo antiguo o diversidad humana’. El joven es Gustavo Petro en un video filmado en el año 1997. Algo queda claro: por lo menos desde la fecha de este video, este joven ya sabía cuál era su propósito y las ideas sobre las cuales iba a construir parte de su proyecto político. Hoy, 25 años después, cuatro periodos como parlamentario, una alcaldía de Bogotá y dos candidaturas presidenciales fallidas, puede ­- desde lo más alto- cumplir ese propósito. Pueden existir una serie de cuestionamientos en contra del joven del 1997 y del presidente actual, sus límites, sus alianzas y hasta sus salidas en falso, pero hay algo que no se puede cuestionar: su discurso no ha cambiado, o ha cambiado poco.

 Lo que si tenemos -y debemos- cuestionarnos es, ¿Qué va a pasar con el futuro energético de Colombia? ¿Qué va a pasar si el gobierno, en cabeza de su presidente, le ha puesto fecha de sepelio a las operaciones de Ecopetrol, la única operadora petrolera estatal y la empresa más grande del país, con utilidades que superan los quince billones de pesos, presencia en más de cuatro países, generadora de decenas de miles de empleos y la única garante de sostenibilidad energética?

Genera pánico escuchar que piensan firmar el cese de operaciones exploratorias sin que salgan profesionales y académicos en áreas técnicas y económicas a predecir las consecuencias de esa decisión. Sin exploración no hay reservas y sin reservas tendríamos que comprar energía a un tercero, lo que generaría dependencia de ese tercero, como algunos países europeos dependen de Putin, por citar un ejemplo. Fatal.  

La agenda de una presidencia no la compone únicamente el sector minero energético -claro está- pero en cualquiera que sea el caso, las decisiones que se tomen en esta materia tienen un profundo impacto en el resto de los puntos de esa agenda.  Las grandes potencias del mundo aceleran sus concesiones exploratorias para aumentar reservas y generar un músculo financiero que apalanque la inminente transición energética por la que tenemos que pasar todos. ¿Qué queremos en Colombia? Forzar esa transición sin ninguna estabilidad ni garantía económica, renunciando a lo que ya tenemos. ¿Comprarle el gas a Venezuela? Para qué, si acá lo podemos producir. Armando Benedetti, embajador de Colombia en Caracas, aseguró que ese era el camino, mientras, simultáneamente, Ecopetrol anunciaba un hallazgo importante de yacimiento de gas costa afuera.

Más allá de lo que pueda decir un embajador, hoy, que nos encontramos del otro lado de la raya divisoria entre gobierno y oposición, un escenario lleno de matices odiosos y peleas vulgares, debo destacar otra cualidad incuestionable del joven político de 1997 y del presidente actual: es terco. Lo suficientemente terco para materializar sus proyectos e ignorar asesorías y conceptos técnicos que invaliden sus ideas y su discurso coherente. Qué mejor ejemplo para esta cualidad que la designación de Irene Vélez, su ministra de minas. Cuota política de un sector. Filósofa y activista ambiental que se ha hecho portada en todos los medios y por todos los canales gracias a sus constantes y repetidos lapsus en entrevistas, que más allá de simples lapsus han dejado en evidencia que es una persona sin el conocimiento técnico y científico que se requiere para estar en cabeza de ese ministerio. ¿La ministra llega a 2023 siendo ministra? No debería, pero ya veremos qué pasa.  Por el momento parece que sus asesores le prohibieron salir en público y los proyectos de transición energética -que más que transición son cambio forzoso- siguen en pie.

Volvamos a 1997 y a la frase de ese joven: ‘’O petróleo o humanidad’’, una sentencia apocalíptica que únicamente permitía esas dos opciones: la suya, la salvación, o la que no es suya, el fin.  Lo único cierto es que nos tocó ese Gustavo Petro: coherente y terco. Y esas dos cualidades no siempre tienen un buen término.


Perfil: Rafael González Sterling es ingeniero de petróleos de la universidad Surcolombiana, máster en gerencia de proyectos y finanzas. Lleva cuatro años vinculado al Colegio Anglocanadiense de Neiva en donde ha desempeñado diferentes cargos.

Cláusula de conflictos de intereses: el columnista no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico/profesional/personal de su perfil.

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