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La maternidad, no rentable en el sistema

La maternidad también requiere ser vista a la luz de los condicionamientos que generan para el desarrollo profesional y laboral de las mujeres. Fuente: Freepik.

Han pasado cuatro años desde la última vez que fui trabajadora de una empresa en la modalidad de contratación a término fijo; lo que significó tomar “vacaciones indefinidas”, que me sirvieron no solo para darme un respiro y entender que me había quedado sin trabajo en medio de una dura crisis pandémica mundial, sino también para acompañar el crecimiento de mi hijo, quien ya tenía 25 meses de nacido.

Por esa época recién empezaba la pandemia, en mayo del 2020, y fue difícil asumir el despido unilateral, debido a que era un trabajo que ofrecía excelentes garantías económicas laborales, así no fuese tan bueno con relación al trato humano que ofrecía el jefe de área, quien solía ejercer acoso laboral a diferentes personas, incluyéndome. 

Si hay algo que haya observado de cerca en este rol es el relacionado a la inclusión materna en la sociedad, especialmente en el sistema económico capitalista, donde se vuelve irrelevante; sobre todo si obstaculiza el crecimiento económico de la empresa. Y aunque la OIT en el año 2000 lideró un convenio con más de 66 países para la protección de la maternidad, incluyendo “medidas de protección para las trabajadoras embarazadas y las que acaban de dar a luz”; y garantías para la licencia de maternidad: “…un derecho garantizado a reincorporarse al trabajo tras la licencia de maternidad…”, en países donde se profundiza la crisis económica hay una brecha de género en el ámbito laboral, en especial si la madre se ha dedicado por largo tiempo a la maternidad, como es mi caso.

Más de 10 meses han transcurrido desde que decidí presentarme formalmente a un trabajo llevando mi hoja de vida. En el mejor de los casos, en una entidad reconocida en Garzón alcancé a llegar hasta la entrevista. En ella, la directora del área me preguntó el por qué había dejado de trabajar por un largo periodo, a lo que sinceramente contesté que me había dedicado a mi hijo. Esta respuesta bastó para que al día siguiente escogiesen a otra persona con menos experiencia y conocimiento del sector.

Estas largas “vacaciones”, donde aprendí de otros aspectos relacionados con la maternidad y el emprendimiento, podrían considerarse años perdidos; porque para una contratación formal la experiencia materna no se tiene en cuenta. En pocas palabras me convertí en una Trabajadora Doméstica y de Cuidado no Remunerado (TDCnR). Según cifras del DANE para el 2019, “si este trabajo tuviera remuneración monetaria, sería el sector más importante de la economía con un 20% del PIB, por encima del sector de comercio (17,5%), el sector de administración pública (14,6% del PIB) y el de industria manufacturera (11,9%)”. 

Los tiempos han cambiado: hoy se lee, se escucha y se interioriza en el ambiente político y sociocultural la corresponsabilidad entre el hombre y la mujer para ejercer la crianza. En la proclama feminista actual se ha modificado la percepción del rol de la mujer en la maternidad, pues “las maternidades deben ser deseadas o no serán”, consigna ya instalada en varios países latinoamericanos. 

Así como lo plantean Vanesa Vásquez y Eleonor Faur en su artículo “La maternidad será deseada o no será”: “La maternalización de las mujeres se sustentaba en su capacidad reproductiva, en la biologización de un rol que es, ante todo, una relación social. Las mujeres tenemos la capacidad para concebir, pero ser madre es mucho más que gestar y parir.”. La maternidad, cuando es ejercida, produce un cambio en la visión psicológica del ser madre, en el rol de la madre y mujer trabajadora, en el rol de la crianza respetuosa. Por ello, sorprende que, además de asumir estas circunstancias, la madre sea rechazada social y económicamente.

Desde mi experiencia, quienes ejercemos la maternidad carecemos de garantías políticas, sociales y económicas. La maternidad no puede verse solo desde el rol de si decide ser madre o no, o de que debe considerarse a la mujer o al hombre como sujetos de reproducción biológica nada más, las crianzas requieren más de lo que muchas personas o el mismo mercado consideran. 

Es necesario estar presente para las experiencias del niño, estar para cuando el infante necesita afecto y cariño y, de este modo, garantizar el apego seguro. Tal como lo manifiesta María Emilia López: “El sostenimiento de la crianza vuelve necesario el enjambre familiar. Pero esa costumbre tan generalizada ya no es posible, al menos en esos términos, en las ciudades. Reunirse en torno al cachorro humano garantizaba la continuidad de gestos culturales transmitidos generacionalmente”.

Hay mucha tela por cortar, pero ahora quiero plantear ¿La maternidad es o no es una bandera revolucionaria? ¿Usted qué dice querido lector o lectora?

Conflicto de intereses:  Johanna Lizeth Perdomo Losada no recibe salario, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo profesional y personal de su perfil.

Sobre la autora…

Johanna Lizeth Perdomo Losada es comunicadora social y periodista de la Universidad Surcolombiana. Especialista en Marketing digital. Creadora de la marca Petit Delicado Amor y promotora de lactancia materna. Es aliada de la Red Huilense de Defensa y Acompañamiento en Derechos Sexuales y Reproductivos (RHUDA).

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