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Putincracia: La política en los Estados separatistas prorrusos – I Parte.

Autores: Felipe Galli (Redacción) – Yura Myronko (Corredacción).

El 24 de febrero de 2022, cuando la Rusia de Vladimir Putin inició su invasión a gran escala en Ucrania, muchísimas personas se enteraron de algunos pormenores del conflicto territorial entre los dos países. Entre otras cosas, supimos de la existencia del Donbás y de los dos Estados separatistas (las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk) fundados en territorios con una mayoría de población de rusoparlante. Estos dos Estados (ilegalmente anexados por Rusia en octubre de 2022) llevaban existiendo entonces ocho años, cuando las milicias separatistas prorrusas tomaron el control en 2014 luego de la revuelta del Euromaidán, que derrocó al gobernante prorruso Viktor Yanukovich y dio inicio al conflicto bélico hasta hoy vigente.

Además de Donetsk y Lugansk, existen en este momento otros tres Estados que, controlando territorio internacionalmente reconocido como parte de otro país, han sido proclamados con el apoyo del país más grande del mundo: Transnistria, en la región este de Moldavia, y las regiones de Abjasia y Osetia del Sur, en Georgia. Estas regiones son empleadas como focos para la presencia del régimen de Putin en Europa del Este y el Cáucaso y, en general, se presume que no son otra cosa que Estados satélites.

En marzo, Putin fue reelegido para su quinto mandato como presidente. Obtuvo el 88% de los votos en una votación en la que no enfrentó oposición genuina (sus potenciales competidores más poderosos fueron descalificados y solo se permitió a candidatos de una limitada “oposición sistémica”) y en la que se reportaron evidencias de fraude electoral muy “burdo” (desde el relleno de urnas hasta el simple diseño de los resultados, algo muy reportado en elecciones rusas). Aunque Rusia nunca ha sido una democracia funcional, el autoritarismo desde el inicio de la guerra y la escalada de 2022 ha venido in crescendo. La oposición ha sido descabezada en términos dirigenciales y silenciada por completo en su más básica manifestación.

Mientras tanto, muchos de los países en la esfera de influencia rusa son dictaduras, y los países que oscilan hacia la influencia rusa han padecido un deterioro persistente en su Estado de derecho, transparencia institucional y grado de libertades civiles. Están los casos de la esfera inmediata como Asia Central y Belarús, y luego ejemplos más lejanos como Venezuela desde el ascenso del chavismo.

Con este escenario, podríamos tender a pensar que en estas cinco repúblicas separatistas, absolutamente dependientes del régimen ruso para seguir existiendo y con una presencia militar permanente del gigante euroasiático, el estado de las libertades políticas será igual o peor, habrá grandes estatuas y fotos de Putin en las carreteras y un teatro electoral recurrente en los cuales los virreyes designados por el dedo del dictador obtienen entre un 80 y un 90% de las preferencias.

Aunque hay elementos de eso, lo cierto es que el escenario político en Transnistria, Abjasia, Osetia del Sur, Donetsk y Lugansk es más complejo e intrincado. Evitando el cuestionamiento a la posición internacional de Rusia, en algunos de estos Estados hay espacios de libertad y competencia política mucho más abiertos que en la propia Rusia. En otros es todo lo contrario. Cada uno tiene de hecho una historia interesante y única.

En colaboración con Yura Myronko, estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional Ivan Franko de Lviv (Ucrania), confeccionamos esta recopilación de información sobre cada una de estas extrañas regiones y su situación política que podrán disfrutar aquí en La Gaitana Periodismo Independiente, en tres entregas los miércoles a partir del día de hoy. En esta primera parte hablaremos de los casos de Abjasia y Osetia del Sur.

Abjasia y Osetia del Sur: Régimen híbrido

La República de Georgia y las regiones de  Abjasia y Osetia del Sur.
La República de Georgia y las regiones de Abjasia y Osetia del Sur.

Desde poco después de recuperar su independencia de la Unión Soviética, la República de Georgia enfrenta un conflicto separatista similar al de Ucrania, aunque con dinámicas locales propias. Georgia se enfrenta a los intentos de los Estados de Abjasia y Osetia del Sur (fronterizos con Rusia) de separarse y constituir entidades separadas al amparo de la potencia euroasiática. En ambos casos el grupo étnico en cuestión no es una minoría rusa sino grupos étnicos diferentes: los abjasios y los osetios. Ambos grupos tomaron el control de buena parte del territorio que reclaman en 1992, poco después del colapso de la URSS, y lo consolidaron con el apoyo de Rusia durante la guerra ruso-georgiana de 2008, que llevó a que ambos Estados quedaran bajo la firme tutela de Vladimir Putin.

Los abjasios fueron una minoría dentro de Georgia que gozó de diversos grados de autonomía en el marco de su unidad con el mencionado país, tanto antes, como después de su anexión por la Unión Soviética. Durante la caída de la URSS, los grupos separatistas tomaron el poder en Abjasia y la independizaron de facto en 1992, iniciando una sangrienta guerra en la que los nacionalistas se aseguraron el control del territorio. Si bien Abjasia es el hogar nacional del pueblo homónimo, en realidad es étnicamente muy heterogénea, los abjasios son actualmente el 50% de la población y eso solo se logró luego de varios años de limpieza étnica por parte de las autoridades contra la mayoría georgiana de la región, pese a lo cual estos siguen representando el 20% de la población. Otro dato importante: 20% son armenios.

Por lejos, Abjasia tiene el sistema político más abierto de los cinco Estados separatistas respaldados por Rusia. Elige un presidente como jefe de estado y gobierno cada cinco años, con límites de mandatos, y una Asamblea. Aun así, las últimas elecciones presidenciales, que tuvieron lugar en 2020, fueron resultado de una profunda controversia.

Raul Khajimba, líder de la coalición Foro por la Unidad Nacional Abjasia, gobernó como presidente entre 2014 y 2020, aunque ya venía ejerciendo una considerable influencia política desde principios de la década de los 2000. En 2019, se presentó para la reelección y enfrentó la oposición de Alkhas Kvitsinia, del partido Amtsakhara (término nacionalista abjasio para “Antorcha de los Antepasados”). La elección resultó en una segunda vuelta en la que el presidente fue reelegido con el 48.7% de los votos contra el 47.5% de Kvitsinia. El 3.8% votó “contra todos”.

Raul Khajimba – Presidente de Abjesia (1914-2020). Fuente: Georgia Today.

Lógicamente, no faltaron cuestionamientos sobre el proceso electoral. Sin embargo, no se denunció fraude, sino que la oposición judicializó la reelección de Khajimba sobre la base de que la ley electoral establece que el presidente debe obtener más votos a favor que en contra, y que los votos a favor del segundo candidato, sumados a la opción “contra todos” daban como resultado una mayoría insuficiente. En enero de 2020, el Tribunal falló sorpresivamente a favor de la oposición y anuló las elecciones. Acosado por masivas manifestaciones que nunca habrían podido tener lugar en Rusia, Khajimba renunció. El candidato de Amtsakhara, Aslan Bzhania, ganó por amplio margen la nueva elección.

Un poco más al Este de Abjasia, donde ya de por sí encontramos un panorama político muy diferente al esperado, se encuentra Osetia del Sur.

El conflicto de Osetia del Sur tiene como origen el hecho de que la región habitada por el pueblo osetio (alrededor de medio millón de personas) está dividida entre Rusia y Georgia. La región norte es un sujeto federal ruso (donde reside la abrumadora mayoría de la población), mientras que la región sur, donde viven aproximadamente 60.000 personas en un radio de 3.900 km2, es nominalmente territorio georgiano. La mayor parte de la región está controlada por separatistas desde 1991. Si bien se proclama como objetivo último la unificación de las dos Osetias bajo el dominio ruso, esto nunca se ha logrado.

Si bien la clase política de este pequeño estado está dominada por los prorrusos, no tiene un sistema político tan cerrado. A partir de la toma de poder de Putin y la creación del partido estatal “Rusia Unida” para aglutinar su movimiento político, se intentó hacer algo similar en Osetia del Sur creando el partido “Osetia Unida”. Anatoli Bibilov, presidente entre 2017 y 2022, fue miembro de dicho partido. Sin embargo, en las elecciones de 2022, Bibilov se presentó a la reelección y resultó derrotado por Alan Gagloev, del partido opositor Nykhaz (“Reunión”).

Alan Gagloev se reúne con Putin por primera vez en 2023. Fuente: Jam News.

Gagloev es considerado más “independiente” del Kremlin que su predecesor, pero lógicamente sin pasarse de la raya. Estas diferencias, sin embargo, podrían terminar costándole caro y la crisis reciente por las elecciones parlamentarias así lo demuestra. La coalición que encabeza Gagloev retuvo su mayoría pero Osetia Unida fue el partido más votado por poco, lo que desató denuncias por parte de la oposición de que el sistema electoral (que combina distritos uninominales con representación proporcional) está sesgado a favor del partido gobernante, iniciando una serie de protestas.

“Lo curioso es que este partido, cuando estaba en el poder, utilizó las mismas manipulaciones de las que el nuevo gobierno es acusado, al menos en las últimas tres elecciones después de la invasión rusa de Georgia en 2008”, apunta Myronko. “De todas formas, aunque Rusia se inclina más por Osetia Unida, Gagloev también es prorruso (por obligación) y supervisa el envío de soldados osetios a la guerra en Ucrania, Rusia probablemente intentará mantener un equilibrio y no ir abiertamente contra Gagloev. Esperará pacientemente el regreso de Bibilov o uno de sus asociados en las próximas elecciones presidenciales”.

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El próximo miércoles en nuestra segunda entrega seguiremos abordando el comportamiento no necesariamente homogéneo de estas zonas de influencia rusa pero con matices e historias propias. ¡Acompáñennos en este viaje por el Este!

Sobre los autores…

Felipe Galli es estudiante de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y analista electoral.

Yura Myronko es estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional Ivan Franko de Lviv (Ucrania)

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