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A propósito del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

Fuente: Freepik.

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Por:                        Yeymi Acevedo Ninco.

El 22 de diciembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió establecer un día internacional anual para evidenciar el rol crítico de las mujeres y las niñas en la ciencia y la tecnología, a través de la Resolución A/RES/70/212. Así fue como la UNESCO y ONU Mujeres, en colaboración con instituciones y socios de la sociedad civil, implementaron el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, cuyo objetivo ha sido promover la participación plena, activa y en condiciones equitativas de las mujeres y las niñas en los campos de la ciencia, a través de la formación académica e investigativa desde las denominadas carreras STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas, por sus nombres en inglés).

Por lo anterior, vale la pena preguntarnos, ¿por qué es tan importante reconocer y favorecer la participación de las mujeres y niñas en las ciencias?, pues bien, empecemos por reconocer que el estudio de estas disciplinas ha permitido, entre otras cosas, dar respuesta sobre el funcionamiento de la naturaleza, comprender y explicar los procesos evolutivos de los seres vivos, desde lo macroscópico, hablando en términos de lo que se ve, hasta lo microscópico, incluidos aspectos relacionados con la composición de los mismos; además de elementos que intervienen en su interacción con el mundo.

Existen campos de la ciencia tan variados que se han ocupado de estudiar por ejemplo la formación de los planetas, las estrellas, la comunicación y la interacción de los seres vivos, lo que ha dado origen a la creación de herramientas como la internet, dispositivos móviles, exploraciones espaciales, el tratamiento de enfermedades que alguna vez fueron letales, entre otros descubrimientos y aportes que hoy día sustentan la relevancia de las ciencias para el desarrollo humano.

Sin embargo, la participación de las mujeres en estas profesiones ha sido históricamente reducida e invisibilizada, puesto que desde la antigüedad se pensó equivocadamente, y aun hoy día, que existen labores propias y exclusivas para las mujeres, como el cuidado y la crianza de los hijos, confinando el rol de las mujeres y niñas en la sociedad únicamente a espacios como el hogar, por lo que la ciencia no ha sido un campo de acción socialmente estimulado para las mujeres.

Basta con hacer una pequeña reflexión alrededor de ello y darnos cuenta de que quizás de forma muy directa o indirecta hemos sido participes de este proceso social. Un ejemplo de ello es el tipo de obsequios (juguetes y utensilios) que se entregan en mayoría y cantidad a mujeres y niñas en el mundo en las fiestas de navidad. ¿Acaso una bebé será más autónoma y aspirará al saber con sus accesorios y coches de paseo, una licuadora o sartenes de cocina? ¿No sería mejor obsequiarle libros y kits de ciencia o material didáctico que estimule el pensamiento, la creatividad y el interés por un mundo poco explorado y desconocido? Ahora bien, esto, para el imaginario social, les compete a los hombres.

Este pensamiento social que se traduce en hechos y simbologías cotidianas, desde el lenguaje empleado en  los hogares y el difundido por los medios audiovisuales de comunicación en todos los niveles y esferas sociales, alimentan imaginarios incapacitantes hacia la mujer, como “estudiar matemáticas, física, una ingeniería, es pa´ machos y no pa’ muchos”, “existen carreras muy exigentes que se les da más fácil a los hombres”, “las ciencias no son para mujeres”, “solo las personas con mucho dinero pueden ser científicos o científicas”, etc.

Al respecto, el estudio “Mujeres que eligen ciencias”[1], muestra cómo la elección de una carrera, y su ejercicio profesional está relacionado con los determinantes sociales, factores personales (predisposición, la carga del género), factores de agencia (autoeficacia, expectativas, interés y metas) y factores ambientales (apoyos, barreras y experiencias de aprendizaje). Todo ello, y particularmente la carga asignada al género femenino, terminan creando brechas sociales y determinan desfavorablemente las decisiones de las mujeres y niñas a la hora de orientar su vida académica, perpetuando la feminización de la pobreza, las vulnerabilidades e inequidades.

Si bien las mujeres han conseguido grandes logros en procura de la equidad, como el derecho al voto y la posibilidad de ocupar puestos de liderazgo en empresas e instituciones, su participación es mínima y peor aún, infrarrepresentada en las categorías superiores  y  en  la  toma  de  decisiones en las instituciones científicas y universitarias[2]. La UNESCO, en su Informe sobre las Mujeres y las Ciencias, menciona que “a pesar de que los campos STEM se consideran fundamentales para las economías nacionales y el progreso social, hasta ahora la mayoría de los países, independientemente de su nivel de desarrollo, no han logrado la igualdad de género en STEM”.

En 2018, las mujeres representaban un tercio (33%) de los investigadores del mundo, logrando en algunos países la paridad numérica en ciencias de la vida. Incluso, en algunos de ellos resultan predominantes en este campo. Sin embargo, su escalafón y reconocimiento salarial y liderazgo se ve rezagado (4). Asimismo, su proporción entre los doctores en ingeniería e informática solamente ascendía a un 28% y un 40%, respectivamente. En este sentido, vale la pena reconocer algunos retos que deben superarse para que las mujeres y niñas logren acceder a la ciencia de forma equitativa:

El conmemorar y celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia es una oportunidad para visibilizar en todos los espacios y esferas sociales nuestra responsabilidad como sociedad.  A través de la reflexión y actividades de educación-sensibilización pública, avanzaremos en el desarrollo de las capacidades y cumplimiento de los derechos de las mujeres y las niñas. Solo así, mediante acciones reales, trascenderemos de la teoría a la práctica las leyes y discursos sobre la superación de las brechas. Este es el verdadero reto, en especial cuando hoy en día somos más conscientes de la necesidad de condiciones de vida dignas y equitativas. Para esto, cada quien deberá auto examinarse y reconocer cuál va a ser su papel en dicho propósito.

Sobre la autora…

Yeymi Acevedo Ninco es enfermera, madre y esposa, magister en salud sexual y reproductiva, doula y consultora perinatal, docente enfermería de la Universidad Surcolombiana y estudiante de Doctorado en Enfermería de la Universidad de Ceará.

Sobre la imagen: Freepik


[1] Carrasco Salazar E, Valenzuela Vidal D, Carrasco Salazar E, Valenzuela Vidal D. (2021). Mujeres que eligen ciencias: autoeficacia, expectativas de resultado, barreras y apoyos percibidos para la elección de carrera universitaria.

[2] Franchi A. (2019). Las mujeres y la ciencia: Obstáculos y desafíos para lograr la equidad de género. Ciencia, Tecnol y Política.

[3] Segovia-Saiz C, Briones-Vozmediano E, Pastells-Peiró R, González-María E, Gea-Sánchez M. (2021). Techo de cristal y desigualdades de género en la carrera profesional de las mujeres académicas e investigadoras en ciencias biomédicas.

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