Por: Miguel Solano Jiménez – Autor de El Batracio Belicoso.
The Brutalist es una película que, perfectamente, podría haber sido encargada por el Estado de Israel para legitimar moralmente su propia existencia —dado el reciente desprestigio mundial al que se ha expuesto—, apelando al pilar fundamental de la agenda sionista: la victimización del pueblo judío.
Habiendo dicho esto, ¿adivinaste ya en qué época transcurre la historia?
Correcto: es el año 1947, y el judío Laszlo Toth, un brillante arquitecto húngaro exiliado por la guerra en Europa llega a Estados Unidos en busca de un futuro mejor para él y su familia.
Si bien en un primer momento reúne todos los elementos de una típica historia de éxito del sueño americano, la película subvierte nuestras expectativas al dar un giro más crudo y sombrío en torno a la tragedia que sufrieron los supervivientes del Holocausto. Dicho sufrimiento no concluyó con el fin de la guerra, pues cargarían por el resto de sus vidas con heridas profundas en el alma y el cuerpo.
Aunque hermosa de ver y de oír, conmovedora a ratos, interesante durante casi cuatro horas (eso habla de sus méritos narrativos), y aunque aborda problemas muy actuales como la migración forzada, la exclusión y el desarraigo, la película se siente extraviada en su propósito…
…hasta que llega el epílogo.
Entonces todo termina de ordenarse, y la película dice finalmente lo que en realidad quería decir:
Que, sin importar a dónde vayan los judíos —ni siquiera si es la tierra de la libertad y la democracia—, nunca podrán estar realmente seguros si no es en su auténtico y verdadero hogar, el Estado de Israel fundado en 1948 por resolución unilateral de la ONU.
¿Es por esto una mala película? No necesariamente.
¿Tienen derecho los sionistas a propagar su propia agenda? Claro que sí.
¿Es correcto que el arte esté permeado por la política y la ideología? Siempre lo estuvo.
¿Cuántas veces se menciona a Palestina en toda la película? 0.
66%
Sobre el autor…

Miguel Solano Jiménez es realizador audiovisual y fotógrafo. Cine para cuando la vida no alcance, y para cuando la vida sea mucha. Me encanta descubrir películas con algún atisbo de verdad acerca del alma humana y los sistemas que le dan su forma. Diario cinéfilo de un batracio belicoso.