Por: Pedro Pablo Tinjacá Ruiz.
La Academia huilense de historia fiel a su objetivo de preservar la memoria, ha buscado todas las fuentes posibles, en función de que sea la realidad de los hechos encontrados, la que se mantenga. En ese compromiso hoy se ha aceptado el enfoque de la existencia de dos historias: la historia de los vencidos y la historia de los vencedores.
Hasta ahora habíamos venido escuchado la historia de los vencedores, de la gran cantidad de gracias y dones recibidos de nuestros descubridores y fundadores, pero hace unos años se ha empezado a escuchar con más fuerza la historia de los vencidos, no de descubrimiento, sino de invasión, de despojos, de crímenes y asesinatos, de destrucción.
Fue la pandemia del COVID-19 la que ayudó a desnudar muchas verdades y sacó a la luz muchos engaños y muchas falsedades. Neiva no fue ajena a ello y como en otras capitales, violentamente fueron tiradas al suelo, estatuas de varios de sus fundadores. La Academia de Historia del Huila, en su momento criticó el suceso, pero llamó a escuchar las voces, que posiblemente nunca han sido escuchadas y se expresaban de esta manera, poco habitual.
A través del tiempo los procesos en torno a la fundación de la ciudad han sido investigado a profundidad por académicos destacados como Gilberto Vargas Motta, Camilo Salas Ortiz, Bernardo Tovar Zambrano, Reynel Salas Vargas, Humberto Montealegre Sánchez, Carlos Arnulfo Rojas y Alexander Quintero entre otros, investigando no solo en los archivos locales y regionales, sino en los nacionales e internacionales, como el Archivo General de la Nación y el Archivo General de Indias en Sevilla (España).
Esto ha generado controversias. Por ejemplo, concretamente es el caso de las tres denominadas fundaciones de la ciudad de Neiva, teoría que con el paso del tiempo ha venido siendo desvirtuada, al concluir que las dos primeras supuestas fundaciones, primero, en Otás, en inmediaciones de Campoalegre y después, en Villavieja, correspondieron a la conformación de fuertes o puestos militares, que construyeron los españoles contra los ataques que las comunidades que habitaban el territorio desarrollaron, quizá en defensa propia, ante las amenazas y exterminio de las expediciones españolas al sur, principalmente a Timaná, fundada en 1538, 74 años antes que Neiva. No en vano está como antecedente el relato de La Gaitana entre 1538 y 1545, en la pluma de Juan de Castellanos.
Nos quedamos entonces con una sola fundación de Neiva, la del 24 de mayo de 1612. Respecto a este hecho, afirma Humberto Montealegre, citando a Margarita Garrido en publicación del Banco de la Republica de 1993 en Reclamos y representaciones, variaciones sobre la política en el Nuevo reino de Granada:
“La conquista produjo consecuencialmente la fundación de reales de minas, pueblos, villas y ciudades. Las huestes de la conquista solo alcanzan un reconocimiento político de parte de la Corona a partir de la creación del núcleo urbano, en cuyo caso se erigía el respectivo cabildo, especialmente en las villas y ciudades. Cabildo que para el caso de Neiva fue creado a la semana siguiente de fundarse la ciudad, desde luego sumamente inoperante en las primeras décadas. La política fue entonces, la estrategia de poder y participación de la vecindad en el ámbito público, mientras el cabildo era el centro de toda actividad política local.”
Y tomando del archivo general de la Nación,1778, prosigue Humberto Montealegre:
“Para los españoles un núcleo urbano significaba control de las tierras conquistadas y sujeción de las gentes que la habitaban. Por ello, en la construcción del orden colonial, jerarquizar los espacios era jerarquizar a las gentes que allí vivían. La idea de la “república de los blancos” (la ciudad) y la “república de los indios” (el campo) genera la primera jerarquización del espacio y por supuesto de la sociedad. Así lo demuestra el censo de 1778, cuando en el núcleo urbano de Neiva se registraron 537 blancos, mientras en las afueras, en El Caguán, pueblo de indios, fueron censados 532 naturales…”
Fabio Zambrano Pantoja, investigador de la Universidad Nacional en el 2002, citado también por Montealegre, dice:
“Es desde lo urbano que se conquista y domina el territorio; es fundando pueblos, villas y ciudades, como la conquista del territorio se transforma de un hecho de barbarie militar en un acto legal, que legitima el hecho de la guerra”.
Por eso, matar indígenas no era delito, era legal y lo cual desafortunadamente a través de la historia, ha seguido ocurriendo: nuestro mártir Reynaldo Matiz Trujillo fue asesinado el 1924, por denunciar la muerte de indígenas del Caguán, por la policía azuzada por un terrateniente.
¿Pero porque se fundó Neiva en este sitio? El Reino de España estaba en pleno auge económico y de dominio territorial en 1600. Sin embargo se ha generado un círculo vicioso: España necesita más oro, que extraía de sus colonias, de nuestro territorio principalmente del Valle del Cauca, Antioquia y Choco. Dichas minas no rendían lo suficiente, así que había que explotar en Saldaña y Neiva donde ya existía actividad minera anterior. Pero conocedores de los movimientos de resistencia en el territorio principalmente por los pijaos, requerían acción militar que hiciera frente a estas revueltas por parte de los grupos originarios de estas tierras. Por ello, Juan Borja nombrado presidente de la Real Audiencia en Santafé en 1605, arreció su persecución y parala nueva operación busco un experto en minas y en exterminio de indígenas: Diego de Ospina y Medinilla.
El Profesor Jorge Guebely, ex vicerrector de nuestra Universidad Surcolombiana en su obra “El otro Dorado” relata que Juan Borja contrató un ejército de mercenarios. El académico afirma: “Su misión era someter y aniquilar a los pijaos de Colombia. Aventura que va desde su nombramiento en España para asumir esta misión hasta la aniquilación de los indígenas rebeldes.”
Fray Pedro Simón autor de las Noticias historiales de las conquistas de tierra firme de las indias occidentales, español también, escribía con asombró lo que pasó en la conquista, en 1618 señala la crueldad de Diego de Ospina con los pijaos. En uno de los apartes, citado por Montealegre dice:
“Que de treinta que entraron al fuerte, quedaron sin vida doce (…) habiendo hecho recoger Ospina a los prisioneros y muertos (…) A los vivos Ospina (…) hizo echar a los perros atadas las manos de quienes se defendieron por buen espacio con los pies, pero al fin perecieron entre aquellos dientes caninos, sin dar muestras de quejas cuando los estaban despedazando. Cortadas a todos las cabezas, las hizo poner en los palos de la cerca del fuerte”.
Fue en uno de estos ataques en que fue asesinado el Cacique Calarcá, uno de los líderes de los pijaos y que como La Gaitana encarnan la lucha y sacrificio de nuestros ancestros.
Quizá estos relatos, muchos no difundidos, hacen parte de la historia no contada y que puede explicar las conductas a que hicimos referencia al comienzo de esta nota. Por ello para entender mejor nuestra historia debemos escuchar y conocer todas las versiones, no solo la de los vencedores.
Respecto a las estatuas y monumentos, la Academia propuso hace cuatro años la creación de espacios para ello, como en otros países, donde pueden estar todos. Hemos propuesto que el Cementerio Central de Nieva, sea convertido en un Parque de Memoria Histórico, debiendo construir uno nuevo dentro, de las políticas de ordenamiento territorial. Preservemos la memoria. Los muertos hablan y la historia no perdona.
Sobre el autor…

Pedro Pablo Tinjacá Ruiz es médico cirujano de la Universidad Nacional de Colombia. Natural de Zipaquirá (Cundinamarca). Especialista en Administración y gerencia de la salud de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud (FUCS). Epidemiología de la Universidad del Valle y Surcolombiana de Neiva. Profesor de historia y ciencias sociales desde su época estudiantil. Estudios en Estados Unidos, Brasil, México y Cubra, sobre fabricación y control de vacunas. Fue jefe de producción de vacunas de fiebre amarilla en el Instituto Nacional de Salud (INS); jefe de servicios de salud, medicamentos y atención primaria en el Ministerio de Salud; socorrista y voluntario de la Cruz Roja durante treinta años. Integrante durante doce años de la Junta Directiva de la Cruz Roja (Huila), al igual que Jefe de Emergencias y desastres de Neiva por el cuatrienio 2016-2019.
Actualmente, es docente de la Facultad de Medicina de la Fundación Universitaria Navarra y magistrado del Tribunal de Ética Médica. Presidente de la Academia Huilense de Historia y miembro correspondiente de la Academia de Historia de Cundinamarca. También es Investigador sobre la masonería en Colombia. Columnista habitual de La Gaitana Periodismo Independiente desde 2022.