Por Maé Gauvin
Como francés, he encontrado muchos colombianos inmigrados en mi país. Por lo general, son estudiantes o residentes permanentes orgullosos de compartir su cultura e historia en el exterior; al igual que propietarios de restaurantes típicos. La diáspora colombiana en Francia sigue siendo menor en comparación con la de otros países, pero siempre me he visto gratamente sorprendido por la omnipresencia colombiana en las calles comerciales francesas. Esto me ha hecho preguntarme sobre la historia de la emigración colombiana hacia Francia.
La emigración colombiana se aceleró en los años 90. Se estima que 4 millones de colombianos, es decir el 10% de la población colombiana, viven fuera del país. Muchos de ellos se instalaron en Venezuela y Estados Unidos. Algunos otros eligieron el Viejo Continente. Si bien España sigue siendo la primera opción para muchos colombianos que deciden vivir en Europa, en segunda posición se encuentra Francia. Así, entre 60.000 a 70.000 colombianos han elegido la vida al estilo francés. De aquí en adelante, sugiero que intentemos entender la historia de las migraciones colombianas, las motivaciones de salir de Colombia para mudarse a Francia y la realidad de la vida allí.
Francia ha conocido varias olas de inmigración colombiana. Los primeros inmigrantes colombianos llegaron a Francia a partir de 1810, cuando artistas e intelectuales decidieron aprender acerca de la literatura, la filosofía, las ciencias… Luego, la década de 1820 resultó un período importante para el establecimiento de la comunidad colombiana en Francia. Varios diplomáticos latinoamericanos se radicaron en Francia para conseguir que los países europeos enviaran representantes a sus respectivos países y los reconocieran como Estados soberanos. Después, hubo que esperar algún tiempo para que los colombianos llegasen de nuevo a Francia. Pero esto no implicó que la partida de nacionales de Colombia se detuvo. La inmigración continuó bajo otras motivaciones durante la segunda mitad del siglo XX.
A fines de los años 60 y principios de los 70, tal como señalé más arriba, ocurrió la primera ola de la migración moderna. Aquí, la mayoría de migrantes colombianos optaron por Venezuela y Estados Unidos. El país norteamericano acogió principalmente graduados universitarios (ingenieros y médicos). A mediados de los setenta, los flujos migratorios hacia Estados Unidos incluyeron principalmente trabajadores no calificados y empresarios de clase media. Ahora bien, la segunda ola se caracterizó por preferir Venezuela debido a su expansión económica en los años 80.
A finales de los años 90, Colombia conoció su primera recesión económica en más de 60 años como consecuencia de las crisis económicas asiáticas y rusas. Más de 2 millones de personas huyeron de Colombia tras 1997. Las clases medias se vieron más marcadas por las dificultades económicas que el resto de la población. EE. UU., a su vez, impuso restricciones para ingresar a su territorio. El “american dream” ya no era tan realizable como antes. Hasta 2002, los colombianos podían entrar en la Unión Europea por países como España o Alemania, donde no se les exigía visado. Desde allí, continuaban su viaje hacia el país en el que pensaban establecerse. Este mecanismo facilitó el asentamiento de una importante comunidad colombiana en Francia.
Hoy en día, debido a la falta de estudios, es difícil obtener el número exacto de colombianos en Francia. Sin embargo, tal como mencioné anteriormente, se estima que su número oscila entre 60.000 y 70.000. Cada año, aproximadamente 1.700 colombianos piden asilo en Francia. Y si se considera no sólo a Francia, sino también a toda Europa, Colombia es el quinto país con mayor número de solicitantes de asilo (unas 63.000 personas), por detrás de Siria, Afganistán, Turquía y Venezuela. Los colombianos representan el segundo grupo latinoamericano más numeroso en Francia, detrás de los brasileños.
¿Quiénes son los colombianos de Francia? Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el 85,7% de los colombianos viviendo en el exterior han migrado en busca de empleo y de mejores oportunidades económicas. La mayoría de ellos procede de regiones cafeteras (como Medellín), al igual que de Cali y Bogotá. Más que colombianos, en Francia residen más colombianas. Ellas representan el 51% de las personas procedentes de Colombia.
Esta ligera mayoría femenina se explica por varios factores. En primer lugar, las migraciones familiares han desempeñado un papel importante, ya sea a través de matrimonios o de la reunificación familiar. Además, muchas mujeres colombianas trabajan en los sectores del cuidado (care), como la asistencia a personas mayores, el servicio doméstico o la ayuda a domicilio, ámbitos tradicionalmente feminizados. Por último, las migraciones estudiantiles también han contribuido a esta tendencia, con un número creciente de mujeres que llegan a Francia para cursar estudios superiores y desarrollar posteriormente su carrera profesional.
Los estudiantes constituyen uno de los principales grupos de colombianos que inmigran a Francia. Las relaciones universitarias entre ambos países son especialmente estrechas, con más de 430 acuerdos de cooperación académica, entre ellos 150 programas de doble titulación y cotutelas de tesis. En el curso 2024-2025, alrededor de 3.750 estudiantes colombianos cursaron estudios en Francia, lo que convierte a Colombia en el segundo país latinoamericano con mayor movilidad estudiantil hacia Francia. Además, los programas de intercambio representan más de la mitad de esta cifra, sin demeritar la movilidad individual.
Francia ha sido históricamente un país propicio para la inmigración. A lo largo de los siglos XIX y XX, acogió sucesivas olas migratorias procedentes de Italia, España, Polonia, Portugal, Bélgica y, posteriormente, de sus antiguas colonias. En este contexto, muchos colombianos eligieron establecerse en Francia, atraídos por su imagen de “país de los derechos humanos” y por la estabilidad que ofrece. Asimismo, el sistema de protección social, la calidad de la educación superior y el acceso al sistema sanitario constituyen importantes factores de atracción. En un estudio de 2009 sobre la comunidad colombiana en Francia, Anne Gincel Collazos, socióloga en la Universidad del Rosario, mostró que la principal motivación de las migraciones hacia Europa es la búsqueda del bienestar y la seguridad. Aunado a esto, no sobra descartar la promesa de mejores oportunidades económicas.
Los colombianos residentes en Francia se concentran principalmente en París y sus alrededores, principal polo económico y universitario del país. Sin embargo, a diferencia de ciudades como Londres o Nueva York, París no cuenta con un barrio colombiano o latinoamericano claramente identificado, ya que la comunidad colombiana está, en general, más integrada en la sociedad francesa. Aun así, mantiene fuertes vínculos culturales y se reúne con frecuencia para celebrar acontecimientos como el Día de la Independencia de Colombia, el 20 de julio.
La comunidad colombiana en Francia, especialmente en París, ha desarrollado una sólida red asociativa que desempeña un papel fundamental en el proceso de integración. Organizaciones como Colonia Colombiana ofrecen asesoramiento jurídico y social, apoyo a la integración, actividades culturales, clases de danzas folclóricas, así como visitas a museos y lugares turísticos en Francia y en Europa. Estas asociaciones constituyen importantes espacios de encuentro que permiten a los recién llegados crear vínculos sociales, acceder a información sobre vivienda, empleo o trámites administrativos y adaptarse más fácilmente a su nuevo entorno.
Lejos de aislarse, la comunidad colombiana tiende a construir rápidamente nuevas redes de sociabilidad, preservando al mismo tiempo sus prácticas culturales. Este fenómeno puede analizarse a través del concepto de transculturación, entendido por Tzvetan Todorov como “la adquisición de un nuevo código sin perder el anterior”. Muchos inmigrantes desarrollan así una identidad bicultural, en la que la cultura colombiana y la francesa conviven y se enriquecen mutuamente. Como afirmaba Todorov: “Estoy ahora en un espacio singular, a la vez dentro y fuera: extranjero «en mi casa» y en casa «en el extranjero»”.
Sin embargo, esta integración contrasta con la escasa visibilidad de los colombianos y, en general, de los sudamericanos en el espacio público francés. A diferencia de otras comunidades migrantes, siguen estando poco representados en los medios de comunicación, en la vida política o en las instituciones culturales. Su presencia artística existe en diferentes esferas (música, literatura, cine, artes visuales, etc.), pero continúa siendo relativamente discreta, lo que contribuye a una percepción limitada de la diversidad latinoamericana en Francia.
Lejos de la imagen de postal que Francia quiere dar, la situación en cuanto al racismo empeora. Los crímenes y delitos racistas, xenófobos y antirreligiosos han conocido un aumento del 5% entre 2024 y 2025 según los datos oficiales. Se han registrado más de 16400 infracciones de este tipo, sin contar los insultos y actos discriminatorios que las víctimas no estuvieron dispuestas a denunciar. Las personas objeto de tales ataques son, mayoritariamente, originarias o descendientes de personas procedentes del norte de África y del África subsahariana. Sin embargo, este tipo de agresiones pueden dirigirse a colombianos, en particular de ascendencia africana, si se ven obligados a viajar o establecerse en Francia. El aumento de los discursos anti-inmigración en Francia y Europa, a medida que se acercan las próximas elecciones presidenciales en 2027, pone en peligro el objetivo de bienestar y seguridad que muchos colombianos se fijan a sí mismos al instalarse en Francia.
Sobre el autor…

Es estudiante de ciencias humanas y sociales, además un apasionado de la poesía y lenguas extranjeras. Suele escribir sobre música y temas relacionados con la juventud y las desigualdades sociales. Cuenta con experiencia como pasante del medio de información general marroquí TelQuel y del Observatorio Francés de las Violaciones a la Libertad de Prensa (OFALP). También es corredor y aprendiz de bailarín.