Imágenes oficiales del Festival. Fuente: Alcaldía de Neiva.
Imágenes oficiales del Festival. Fuente: Alcaldía de Neiva.

 

Terminan dos semanas de la programación oficial del Festival del Bambuco que se llevó a cabo principalmente en la ciudad de Neiva. La urbe se prepara año a año para recibir no solo a los turistas que llegan a vivir el festival, sino también a cientos de artistas de diferentes municipios del Huila que llegan a hacerlo realidad desde adentro.

Hace un par de años tuve el honor y la oportunidad de pertenecer al Consejo Departamental de Cultural. Aquella vez, en una de sus sesiones, se discutió el asunto de cambiar el nombre oficial de las festividades. Esto pensando en la búsqueda que el Ministerio de Cultura lograra declarar al Festival como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Nación, lo que garantizaría unos recursos importantes para su realización; al tiempo que este dejaría de depender únicamente de los recursos provenientes de los impuestos que pagan los huilenses y lo poco que se logra con la comercialización del festival en sí.

La discusión giraba en ese momento en torno a la necesidad imperante de desvincular las festividades de la idea del reinado, dado que desde el ministerio no se apoyan este tipo de eventos sino aquellos que son netamente culturales. Lo anterior no significaba que se dejara de realizar el reinado, antes bien, debía darse mayor relevancia las muestras musicales, dancísticas, artesanales y gastronómicas por encima del evento de coronación, no debía ser la actividad central. Finalmente, así fue como se llegó al nombre oficial actual que enmarca lo más importante: el bambuco.

Lastimosamente, de bambuco y folclórico muy poco en esta versión, y lo digo por los grandes maestros que se presentaron en los diversos espacios en los que se llevaron a cabo los eventos, mismos que estuvieron dispersados por el malecón del río Magdalena, el recinto ferial La Vorágine, el centro de convenciones José Eustasio Rivera, el Nuevo Teatro Pigoanza y el Parque de la música Jorge Villamil Cordovez. Los artistas de las diferentes disciplinas resaltaron nuestra cultura opita y la idiosincrasia, pues mantuvieron las tradiciones vivas a pesar del poco apoyo gubernamental y, sobre todo, la baja asistencia del público en general.

Esto último se vio fuertemente reflejado durante todo el festival por varios medios de comunicación que, con mucha empatía por los artistas, mostraban cómo las muestras, los concursos de música, de interpretación y demás; sobre todo aquellos que atañen directamente al bambuco y a resaltar el ritmo que caracteriza la región andina y el departamento, se quedaban con los recintos casi vacíos al no llegar en gran medida ni al 10% de su aforo.

Resulta lamentable que las personas no asistan a estos eventos. Sin embargo, la culpa no puede recaer exclusivamente en la apatía de los ciudadanos si las entidades que deben promocionarlos no lo hacen con el esmero requerido. En una sencilla búsqueda por las redes sociales del festival, de Corposanpedro y de la Gobernación del Huila, las publicaciones que promocionan estos eventos están eclipsadas por las decenas que hacen referencia al reinado, el mismo que hemos dicho anteriormente que debía no ser el centro de las fiestas.

Es cierto que el reinado es importante culturalmente, pues es la manera en que se mantiene vivo el baile del sanjuanero diseñado por Inés García de Durán que acompaña la música de Anselmo Durán Plazas; ahora bien, también lo es cada una de las representantes de los municipios hacen un esfuerzo enorme por gestionar muchas actividades que le den vida al baile, a las tradiciones y al bambuco.

Aun así, el reinado en sí sigue teniendo sus propios lunares que no hallan explicación en el argot popular; un ejemplo es el desfile en traje de baño. Una actividad que es centro de críticas desde hace varios años porque no hay manera explicar cómo la figura, esbelta o no, el color de la piel, las proporciones corporales o demás características que se aprecian en un desfile en traje de baño afectan o aportan a la ejecución del baile del sanjuanero y nuestras tradiciones. Lo anterior, incluso, ha sido denunciado públicamente y de manera constante por diversas organizaciones de mujeres en nuestra ciudad y departamento.

Creo que el camino para que nuestras fiestas lleguen a convertirse realmente en patrimonio cultural de la Nación, debe desligarse de muchas cosas más allá de cambiar el nombre oficial de un evento. Las fiestas deben transformase, hallar la manera que las actividades centrales sean las muestras musicales, de danzas, gastronómicas, artesanales y que el reinado sea un añadido más que esté para rendir homenaje a la pieza del sanjuanero, aunque este no recoja al bambuco en toda su dimensión cultural.

Me quedo sin mencionar los ya trillados comentarios sobre la escogencia de los artistas invitados a los eventos centrales o a la calle del festival; aunque resalto el reconocimiento otorgado al compositor e intérprete laboyano Faiver Olave. Como gestor cultural espero que algún día se logre entender que, si bien no hay problema invitar a los vallenateros y cantineros, también se deben aprovechar estas ventanas para ojalá catapultar los artistas locales y regionales del sur de Colombia.

Un comentario sobre “Un festival con lunares”

  1. Excelente artículo, estoy de acuerdo con la mayoría del contenido, aunque también pienso que muchos opitas consideran mas atractivo el concierto con los artistas nombrados por el hecho en sí de la festividad, pero es cierto que la promoción de los eventos y la forma en la que se haga, ayudaría a fomentar el amor por la cultura y recordar que no es solo el reinado, si no un mundo más grande que eso.

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