
La paz, además de ser un principio constitucional, resulta ser un objetivo militar, social, económico y político en Colombia cuya aceptación social resulta su obstáculo más grande. Ejemplo de ello fue el triunfo del “NO” en el plebiscito de 2016 que buscaba la refrendación de lo acordado en La Habana y la extinta FARC.
El mundo vio con ojos de asombro cómo un pueblo votaba negativamente a la salida negociada del conflicto armado interno propuesta por el gobierno Santos. El pueblo —mayoritariamente hablando— no leyó el texto del Acuerdo de Paz y aun así decidió no reconciliarse, básicamente por prejuicios morales hacia quien había empuñado las armas de manera ilegal sin pasar por grandes penas en una prisión común.
Al pueblo colombiano se le olvidó que la guerra en Colombia era pensada por poderosos políticos e ilegales, pero peleada por los pobres y campesinos que se enfilaban en el ejército o en las guerrillas que, a pesar de estar en distintos bandos, tenían más coincidencias que diferencias. El fin perseguido de la salida negociada al conflicto era más importante que la prisión; era la paz de una nación. Este obstáculo da cuenta de lo que nos cuesta perdonar y reconciliarnos, elementos que resultan ser valores del ser y no aspectos jurídicos en estricto sentido. Cómo nos cuesta perdonar y amar al prójimo cuando creemos que sus errores son peores que los nuestros. Debemos sacar la paz del debate político y jurídico para adentrarnos en la filosofía del ser, del espíritu y sobre todo de Dios, del que predicamos y poco aplicamos.
Una sociedad reconciliada acepta que los guerrilleros y los militares cometieron errores en el conflicto armado sin impedirse la posibilidad de su redención. Esta oportunidad tiene que ver con volver de nuevo al mercado laboral legal e insertarse legítimamente en la sociedad. En contraste con lo anterior, una sociedad no reconciliada persistirá en la violencia, el dolor, y la inconformidad con la ley y la institucionalidad. Podría incluso exigir a manera de reclamo comportarse1 contrario a ella, con el argumento de ser tratados con el mismo rasero jurídico de quienes dejaron las armas.
Este país habló por más de medio siglo de la guerra como su problema principal para que la corrupción hiciera lo propio en otra dirección. Es hora de confiar en las instituciones que estableció el acuerdo de paz, dejar de hacer juicios morales y empezar a hablar de lo que necesita este país para desarrollarse.
Por siempre: ¡Viva la paz!
- Prueba de ello son las 4 masacres que van en lo corrido de 2024, los 5 líderes sociales y ex combatientes asesinados en el mismo periodo según cifras de INDEPAZ. https://indepaz.org.co/lideres-sociales-defensores-de-dd-hh-y-firmantes-de-acuerdo-asesinados-en-2024/ ↩︎
