Autores: Felipe Galli (Redacción) – Yura Myronko (Corredacción)

 

|Análisis| En las dos anteriores entregas, nuestros autores nos llevaron por las Repúblicas independientes prorrusas del Este de Georgia, y luego por las más conocidas Donestk y Lugansk, donde surgió el actual conflicto ucraniano-ruso. Hoy iremos a una de las zonas más enigmáticas de Europa del Este: Transnitria en la lejana Moldavia. Terminemos este interesante peregrinaje conociendo un poco más de una de las auto declaradas repúblicas independientes más desconocidas de Europa.

Pueden leer la primera entrega aquí y la segunda parte en este link. Disfrútenlo.

Transnistria: complejo, pero controlado

Mapa de Transnitria en el este de Moldavia.

Transnistria, cuyo nombre oficial proclamado es “República Moldava Pridnestroviana”, se ubica a lo largo de la frontera este entre Moldavia y Ucrania. Como ocurre con los otros casos, se trata de una zona internacionalmente reconocida como parte de Moldavia, pero sobre la cual esta no ejerce soberanía desde principios de la década de 1990, cuando la región declaró su independencia poco antes del colapso de la Unión Soviética. La guerra posterior condujo a un punto muerto y a la situación actual. Sobre el papel, Rusia no reconoce a Transnistria como Estado independiente e incluso se supone lo reconoce como parte de Moldavia. Sin embargo, ha sido el garante de su independencia de facto, con una presencia militar permanente en el territorio, y ha rechazado las exigencias de la comunidad internacional de retirarse de la zona (lo que lógicamente implicaría condenarla a que Moldavia la recupere). En 2022, con el continente envuelto en el marco de la guerra en Ucrania, el Consejo de Europa declaró que Transnistria es un “territorio moldavo ocupado militarmente por Rusia”.

Por lejos considerado uno de los casos más interesantes, Transnistria es vista como una especie de resabio soviético por la estética de la antigua URSS que todavía se puede ver en sus edificaciones y monumentos. Étnicamente, la región es bastante diversa: los moldavos, ucranianos y rusos están aproximadamente igualados en número. De hecho, se puede decir que la población local siempre ha sido más «gente soviética» que representantes de un grupo étnico específico. En la década de 1990, las fuerzas rusas lograron convencer a la población local de la supuesta amenaza del «nacionalismo rumano» y de la necesidad de secesión. Esto se debe a que Moldavia misma se creó con la ocupación soviética de una región que pertenecía a Rumania durante la Segunda Guerra Mundial, y existían posturas que defendían por entonces una reunificación (hoy minoritarias).

En cuanto a la situación con la libertad, es difícil juzgar. Aquellos que podrían desempeñar el papel de la oposición probablemente se hayan ido hace mucho tiempo y vivan en otro lugar. Desde 2005, la mayoría parlamentaria siempre ha estado en manos del partido «Renovación», aunque dos veces durante este tiempo la presidencia estuvo en manos de otras fuerzas. Hay competencia allí, pero en muchos aspectos, es una competencia por los recursos dentro del mismo grupo gobernante. De hecho, todos los negocios principales (así como algunas otras actividades, como el contrabando) en Transnistria son propiedad de un conglomerado empresarial, Sheriff, que también controla la política interna.

Se suele hablar mucho de esta marca. Dado que ningún Estado reconoce a Transnistria como independiente, el sector privado está absolutamente monopolizado por Sheriff, y es muy común que circulen fotos de la abrumadora cantidad de negocios con el logo de la compañía, desde gasolineras hasta restaurantes, medios de comunicación, distribuidoras, entre otros. Propiedad del exagente de la KGB Viktor Gushan, el control económico de Sheriff se extiende a la arena política e incluso ha definido varias elecciones.

Tiraspol, capital de Transnitria. Fuente: Flickr.
Tiraspol, capital de Transnitria. Fuente: Flickr.

“La población local que vive allí tiene sus razones para seguir siendo leal”, comenta Myronko, “al menos, los precios de los servicios públicos en la región son bastante bajos (financiados por Rusia). Además, muchas personas trabajan para estructuras relacionadas con Rusia, reciben una pensión de Rusia o realizan alguna actividad que no podrían realizar en otras jurisdicciones. Este es el tipo de ‘contrato social’ ofrecido por Rusia”.

Quizás, en esta etapa, la mayoría de los residentes y las élites locales estarían de acuerdo con la reintegración en Moldavia, bajo las condiciones de autonomía y amnistía general. De hecho, Gagauzia, otra región separatista de Moldavia, habitada por el grupo étnico gagauzo de habla turca, se reintegró en Moldavia en la década de 1990 y tiene una autonomía bastante amplia. Aparentemente, esto habría sucedido en Transnistria si no fuera por Rusia, que quiere retener el control sobre este territorio. “Sus herramientas para tal fin son la corrupción de la élite local, el acuerdo social y la presencia militar por medio de las ‘fuerzas de paz’.”

Conclusión

Ahora bien, tenemos por un lado la ocupación brutal en el Donbás y el autoritarismo seco en Transnistria. Por el otro, tenemos una Abjasia donde una elección controversial pudo ser judicialmente desafiada en 2020 y una Osetia del Sur donde el presidente pudo ser expulsado del poder por vía electoral en 2022, dos cosas que son absolutamente imposibles en la misma Rusia, donde el poder judicial y la autoridad electoral están completamente sometidos a Putin, pero que sí tienen lugar en un territorio que se supone Rusia (y por extensión, Putin) controla en las sombras. ¿Cuál es el truco?

“Lo más probable es que esta relativa libertad en esos dos casos se deba a que en estas áreas existe algo similar a una élite nacional y una nación en general”, explica Myronko, “en Abjasia, después de la limpieza étnica contra los georgianos, los abjasios se convirtieron en mayoría y, por lo tanto, desean gobernar lo que ven como su Estado, influir en la toma de decisiones, etc. Rusia no se opone a esta situación. Ciertos signos de democracia no representan ninguna amenaza para el régimen de Putin. Al parecer, nadie en Rusia ha oído hablar de la ‘democracia abjasia’ ni quiere seguir este ejemplo. Además, cierta ‘democracia’ ayuda a crear y difundir la ilusión de que estas entidades son estados independientes y no territorios bajo el control efectivo de Rusia. De este modo, no es necesario que Rusia controle directamente todas las áreas del gobierno de esas regiones. Es más racional y sencillo transferir la solución de ciertos asuntos a las administraciones locales, que, en cualquier caso, mantendrán lealtad al Kremlin como el único posible aliado y donante financiero.”

La implementación de las políticas rusas en la región puede entonces llevarse a cabo tanto a través de la presencia del ejército ruso como de estructuras controladas. Un ejemplo de esto se ve en Transnistria (un territorio con otras dinámicas) con el Ministerio de Seguridad del Estado, una estructura completamente controlada por Rusia que no está bajo el control de las «autoridades oficiales” de Transnistria.

“En definitiva”, concluye Myronko, “podemos estar seguros de que el día que a Rusia no le guste una política interna en Abjasia o en Osetia del Sur, no se le dificultará para nada eliminarlas. De hecho, cosas así ya han ocurrido en las otras regiones, sobre todo en el Donbás. La libertad y la democracia reales no serán posibles en ninguna de esas regiones hasta que Rusia se retire de allí”- asegura el coautor de este ensayo.

 

Sobre los autores…

Felipe Galli es estudiante de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y analista electoral.

Yura Myronko es estudiante de Ciencia Política en la Universidad Nacional Ivan Franko de Lviv (Ucrania)

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