
Por: Nathalie Chingaté Hernández & Sara Alzate.
Pepe Mujica, un hombre que resalta como un referente para generaciones de jóvenes a lo largo de Latinoamérica, y quizá, del mundo. Pepe tenía las ideas muy claras, muchas adelantadas a su tiempo, y supo alzar la voz en espacios donde, tradicionalmente, a los jóvenes, a las niñas y niños no se les escucha. Por eso, resultaba profundamente gratificante ver cómo una figura con tal relevancia les dio protagonismo a esos grupos históricamente silenciados.
Su existencia fue verdaderamente revolucionaria, tanto para su época como para la nuestra. A pesar de su edad, nunca dejó de militar, de opinar, de actuar. No se rindió y continuó convocando a los jóvenes, los invitó a recuperar la fuerza que algunos tomadores de decisiones planean arrebatarles. Los animó a apropiarse de sus ideas, de sus pensamientos, de sus luchas. Siempre se reconoció como un ejemplo de cómo la lucha vive en cada aspecto de nuestras vidas. Si, puede ser un sacrificio enorme, uno que no todas las personas están dispuestas a asumir, pero hay que admitir que es algo profundamente gratificante.
Le dijo al pueblo: «Triunfar en la vida no es ganar. Triunfar en la vida es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae», con esa voz de abuelito, de viejito sabio y reflexivo, que no juzgó a aquellos que actúan desde el corazón, que no les cortó las alas a aquellos soñadores, al contrario, le dio color y luz a nuestro futuro, vida, fuerza.
Pepe Mujica también es considerado un gran hombre que vivió tanto, que dio tanto, y aun así no dejó de ser humilde. Nos enseñó con su ejemplo: a vivir con poco, a vivir ligero de equipaje, pues la felicidad, así como la libertad, no está en las cosas materiales, sino dentro de cada ser humano.
Criticó los modelos y valores económicos que los hemos antepuesto a la libertad y a la vida misma. Hemos hecho parte de nuestra cultura comprar y tirar de forma programada: elaboramos productos con una vida útil limitada que funcionan durante un corto tiempo, pues las lógicas del mercado están en gastar y tirar para tener que arrancar de la naturaleza materia prima y hacer nuevos productos.
Hemos hecho parte de nuestra vida el derroche y el despilfarro, sin pensar ni reflexionar sobre las consecuencias para las generaciones presentes y futuras. Las prácticas del despilfarro nos están llevando a un “holocausto ecológico”, es decir, a una cuenta regresiva contra la naturaleza y la humanidad.
Eso sí, afirmaba Mujica, “no se trata de una apología a la pobreza, sino a la sobriedad”. Es reflexionar en qué estamos gastando nuestro tiempo y nuestra vida. Ese tiempo y esa vida que no la vamos a recuperar y que no la podremos comprar en un supermercado.
Pepe Mujica, durante sus 90 años de vida, abrió el camino a un pensamiento verdaderamente transformador porque nos dio a entender que, si él pudo con todo, cualquiera puede. El empezó desde abajo, vivió otras realidades, comió como nosotros, luchó como nosotros. Nunca flaqueó. Siempre caminó hacia adelante.
Este es el espíritu que, como humanidad, debemos levantar en tiempos tan complejos para las libertades y los derechos. Es una invitación, también, a revisar nuestra cultura.
Pepe se fue en cuerpo, pero no en ideas, no en revolución, no en historia porque él siempre será parte de la nuestra.
José Alberto Mujica Cordano, más conocido como Pepe Mujica, fue un floricultor y presidente de Uruguay (2010-2015). Sus reflexiones y críticas siempre nos acompañarán. ¡Hasta siempre Pepe!
Sobre las autoras…

Nathalie Chingaté-Hernández. Docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Fundación Universitaria Los Libertadores. Realiza la maestría en Estudios Internacionales en los Andes. Es Licenciada en Lenguas Modernas y Magíster en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana.

Sara Alzate Báez. Estudiante de Ciencia Política y Gobierno de la Fundación Universitaria Los Libertadores. Desarrolla actividades de relaciones internacionales en la misma institución, además de ser miembro activo de programas pedagógicos sobre liderazgo para los niños, niñas y jóvenes de Bogotá.
