Imagen generada con Pixlr.
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Soy profesor universitario. Estoy sentado frente a la pantalla e imagino las posibilidades de empezar este artículo. Quiero que sea concreto. Quiero que en pocas palabras pueda organizar las ideas que he podido escribir de manera aleatoria y espontánea durante varios meses. Finalmente, decidí que la mejor forma de hacerlo era narrar lo que me pasaba en ese instante: estar frente a una hoja en blanco, querer decir mucho en poco espacio y no saber cómo empezar. Le doy vueltas a las ideas, pero no logro concretar ninguna porque además desestimo cada una de ellas. Reviso escritos de otrxs para ver cómo iniciaron. Me parece que son muy buenos puntos de partida. Sin embargo, no logro encontrar el mío. Me animo y me convenzo de que lo importante no es que salga bien, sino que simplemente “salga”.

Tal vez esto mismo es a lo que se enfrentan nuestrxs estudiantes cada vez que les pedimos que escriban algo sobre un tema o sobre una lectura del plan de curso. Frente a esta tarea, que reconozco está atravesada muchas dificultades y exigencias, el presente nos ofrece herramientas que posibilitan recortar el tiempo de lectura y producir ese escrito de manera casi inmediata. Solo basta con cargar el documento, hacer una buena pregunta o formular de manera precisa una orden que pueda ser cumplida conforme a lo que nos han pedido. Un clic y ya está. Ese otro -que no es un otro, pero que está del otro lado de la pantalla y puede interactuar conmigo- ha hecho el trabajo por mí. Me ha reemplazado.

Sin embargo, como profesor, esto es lo que me preocupa: que otro, que no es un otro, sino un modelo de generación de lenguaje extendido haga por lxs estudiantes lo que ellxs deberían hacer por sí mismxs: leer y escribir. Parece muy sencillo, pero en un proceso de formación académica universitaria, no se trata solo de leer y escribir. Se trata, sobre todo, de aprender a pensar. Y no aprender a pensar como otrxs, sino, aprender a pensar por sí mismx. Es decir, me preocupa que se renuncie al proceso de desarrollo del pensamiento propio y se le entregue en forma de tareas a un monitor que procesa respuestas.

Con un título que parece redundante, pero que requiere que en el presente volvamos sobre él para apropiarnos de su sentido, el filósofo Evald Iliénkov (1964) sostiene que La escuela debe enseñar a pensar.Allí argumenta que el pensamiento es una capacidad que se desarrolla y que es totalmente distinta al proceso de adquisición de conocimientos sobre temas de los que se componen las ciencias y las disciplinas. No obstante, estos dos procesos no son posibles el uno sin el otro. Así, en cuanto a capacidad, el pensamiento no solo se desarrolla y se perfecciona, sino que emerge, como condición de posibilidad, cuando lxs sujetxs se ponen en contacto con la cultura general y los conocimientos de la humanidad.

Ahora, aparece un problema: ¿cuál es la cultura general de la humanidad? ¿cuáles son los conocimientos de la humanidad? O, mejor aún, ¿de qué manera emergen las culturas en la humanidad y cómo se han desarrollado sus conocimientos? Sobre esto, la antropología puede darnos muchas respuestas. Sin embargo, un posible acuerdo entre sus diversas corrientes es que la emergencia de las culturas de las humanidades está asociada a las formas en las que los seres humanos se relacionan entre sí con su entorno y las maneras en las que le otorgan sentido y significado a dicha experiencia.

Es decir, las culturas emergen, necesariamente, de las relaciones sociales desplegadas en un entorno material. En otras palabras, del encuentro con el/la otrx. De allí deviene el despliegue de procesos de enmarcación que definen esquemas interpretativos con los cuales se comprende el mundo que nos rodea. Así, se construyen universos simbólicos que ordenan y dan sentido a lo mundano.  

Y, ahora, ¿qué significa relacionarse o ponerse en contacto con el/la otrx? Implica encontrase con la amistad, pero también con la diferencia, y, por ende, con la contradicción, el desacuerdo y el conflicto. En consecuencia, si estamos de acuerdo con Iliénkov en que  el pensamiento o la capacidad de pensar, su desarrollo y perfeccionamiento solo surge cuando hay contacto de los seres humanos con las culturas de la humanidad y con sus conocimientos; es posible afirmar, entonces, que el surgimiento de la capacidad de pensar, su desarrollo y perfeccionamiento solo es posible solo cuando nos encontramos con el/la otrx, cuando nos relacionamos con la diferencia, porque es solo allí de donde pueden aparecer marcos para interpretar nuestras realidades y además, podemos cuestionar y modificar nuestros sistemas de creencias más arraigados; así como interpelar los universos simbólicos de otras personas.

Ahora bien, no es posible reducir este encuentro y el establecimiento de relaciones sociales solo desde la materialidad. Actualmente existen múltiples formas de encontrarse con el/la otrx. Sin embargo, quiero nombrar una fundamental en los procesos de formación académica: la lectura y la escritura. La lectura posibilita entrar en el mundo de las ideas ajenas, que además está conformado por los mundos de las ideas, a su vez, de otras personas que les influenciaron en la configuración de su pensamiento propio. Y, por otro, lado, la escritura posibilita el encuentro consigo mismo, que es también, el encuentro con las ideas de otras personas que configuran mi propio pensamiento.

En este contexto, dejar que un procesador de lenguaje extendido escriba por mí un trabajo sobre una lectura en particular, implica no solo una relación entre el saber y el poder que moldea, homogeniza y limita el pensamiento, sino que impide el entrenamiento de habilidades cognitivas que permiten eventualmente develar la contradicción y en este sentido, el abordaje de problemas complejos.

Así que no se trata de una resistencia conservadora en contra de la tecnología y la inteligencia artificial. Por el contrario, reivindico el valor del desarrollo del pensamiento propio como un arma que puede prescindir de estas, pero que las utiliza para ponerlas al servicio de la complejidad del mundo que solo puede ser develada por nosotrxs. Parafraseando a Orwell, se trata de no limitar el alcance del pensamiento y por el contrario, ampliar el radio de acción de la mente: de estar en contra de la ortodoxia que significa no pensar, no necesitar del pensamiento.

Sobre la imagen: Generada con Pixlr.

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