Cordillera nariñense. Región de Abades. Del archivo personal del director.
Cordillera nariñense. Región de Abades. Del archivo personal del director.

Por:                        Nathalie Chingaté-Hernández.

“Se levanta la medida de racionamiento de agua por turnos en Bogotá y en municipios aledaños”, esta fue el titular de prensa con la que los habitantes de la capital se despertaron el 11 de abril de 2025, luego de un año de restricciones. La medida de racionamiento tenía un doble propósito, según la Alcaldía y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá: reducir el consumo de agua potable y garantizar el suministro de agua en los embalses. La ciudad fue dividida en nueve sectores, a cada sector se le suspendió el servicio de acueducto durante 24 horas cada 10 días durante 12 meses.

Algunas preguntas que quedaron sin resolver fueron: ¿qué aprendizajes deja el racionamiento para la ciudadanía en general?, ¿cómo estos aprendizajes se mantienen en el tiempo, no solo relacionado con el agua, sino con el uso que una persona les da a los recursos que toma de la naturaleza? Constantemente, las instituciones públicas y privadas y organizaciones ambientales y sociales publican datos y estadísticas sobre la disminución de especies y de espacios verdes, así como el aumento significativo de la contaminación del aire, agua y suelo.

Cada vez es más constante escuchar en reuniones familiares y espacios de encuentro entre amigos y vecinos que “la tierra ya no produce lo que era antes” y que tener acceso a agua limpia y segura en ciudades y zonas rurales es casi un lujo. Los datos así lo respaldan: según el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y su censo de 2018, en Colombia, el 40% de su población rural aún no accede a agua potable a pesar de la riqueza hídrica con la que cuenta el país. El porcentaje aumenta significativamente si se tienen en cuenta comunidades indígenas y afrodescendiente: en la Guajira, por ejemplo, el 88% de los niños sufren de desnutrición crónica, derivado de la falta de agua limpia para el consumo y agua segura para el cultivo de alimentos.

Las causas son múltiples y variadas, incluye fenómenos naturales, como erupciones volcánicas, sismos y aumento de la radiación solar. Las causas derivadas de las acciones humanas y que generan el 63% del calentamiento global incluyen -pero no se limitan- a la quema incontrolada de combustibles fósiles (como petróleo, carbón y gas natural), el mal uso de residuos, los contaminantes industriales que producen grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2). Este gas que se libera va a la atmósfera, generando lo que se conoce como efecto invernadero, lo que hace que la tierra incremente su temperatura y ocasione: aumento del nivel del mar, reducción de áreas cultivables, cambios abruptos e inesperados de temporadas de lluvia y de sequía, escasez de alimentos, entre otros.

Se reconoce que los Estados, con la participación y acompañamiento de organizaciones internacionales y de la sociedad civil, han venido diseñando e implementando políticas públicas, proyectos y programas en la reducción de los efectos negativos sobre el planeta y, al mismo tiempo, favoreciendo la adaptación a las nuevas realidades ambientales que enfrenta la humanidad en el siglo XXI. La invitación que queda es aprovechar las capacidades e innovaciones sociales y tecnológicas para detener, en alguna medida, el calentamiento acelerado de la tierra, desacelerar la destrucción de la naturaleza y forjar un futuro más justo, equitativo y sostenible para las generaciones presentes y futuras.

Esta reflexión se da en la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente que, por primera vez se celebró el 5 de junio de 1972, en el marco de la celebración de la primera conferencia mundial sobre temas ambientales y que se le conoce como “Cumbre de Estocolmo”. La fecha se ha convertido en una excusa para que instituciones y comunidades fomenten espacios de encuentro en torno a problemas y retos ambientales que enfrenta la humanidad y lleven a cabo acciones a favor del planeta y a favor de grupos sociales, con especial atención en las comunidades en situación de vulnerabilidad.

Sobre la autora…

Docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Fundación Universitaria Los Libertadores. Realiza la maestría en Estudios Internacionales en los Andes. Es Licenciada en Lenguas Modernas y Magíster en Estudios Políticos de la Pontificia Universidad Javeriana

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