Performance de danza en África. Fuente: Pexels.com
Performance de danza en África. Fuente: Pexels.com

Por:                        Lineth Baquero Scoop.

A propósito de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora el pasado 25 de julio, es importante seguir cuestionando la idea de que el aborto y su despenalización institucional es un asunto que puso sobre la mesa el feminismo blanco.

Al respecto, cabe recordar que las mujeres negras desde mucho antes han ejercido su autonomía reproductiva a través de un vasto conocimiento de prácticas y saberes al respecto, incluyendo la herbolaria y el ciclo menstrual y reproductivo, que han sido legados de generación en generación, de madre a hija, de abuela a nieta, de tía a sobrina. Por esto es importante reconocer la lucha alrededor del aborto, más allá de una sentencia y un movimiento que hegemoniza las luchas de las mujeres

Antes del relato historiográfico del feminismo occidental blanco, en el que se buscó sintetizar las luchas de las mujeres al señalar “cuatro olas del feminismo”, es necesario tener en cuenta que existieron mujeres en otros lugares y temporalidades que se reconocieron en la lucha contra el patriarcado, el racismo, el capitalismo y el heterosexismo como en muchas ocasiones lo ha reiterado la maestra Ochy Curiel.

Y que muchas de ellas, a pesar de no inscribirse en la categoría feminista, ya tenían un amplio conocimiento y práctica del cuidado sobre la menstruación, la reproducción, el parto, el puerperio y, en especial, de la interrupción del embarazo. Estas banderas, que hoy forman parte de algunas corrientes feministas contemporáneas, reflejan saberes y resistencias que trascienden la narrativa hegemónica del feminismo occidental.

Durante la colonia, las mujeres africanas traídas a América abortaban como una forma de resistencia antiesclavista, puesto que usualmente eran violadas y sus vientres eran utilizados para mantener la mano de obra esclava.

Estos conocimientos ejecutados en las prácticas de aborto venían inscritos en la memoria colectiva de los pueblos afrodescendientes, y hoy en día siguen más vigentes que nunca, con la diferencia que en la actualidad estas violencias se han transformado en una lucha contra el clasismo, el racismo legitimado en la institucionalidad y la sociedad, la falta de acceso a los servicios de salud tradicionales y el desconocimiento de los derechos reproductivos de las mujeres por parte de los garantes de estos servicios de salud.

En Colombia, muchas mujeres negras, sobre todo las que habitan territorios periféricos, utilizan la medicina ancestral para interrumpir sus embarazos no deseados. De hecho, una gran cantidad de estas plantas son conocidas popularmente por sus efectos abortivos y se contraindican durante la gestación por mujeres que ejercen la partería tradicional. Las propiedades de estas hierbas y plantas han sido estudiadas por la ciencia occidental por lo que se han certificado oficialmente como plantas con acción emenagoga (este término hace referencia a las propiedades de algunas plantas medicinales que provocan la irrigación sanguínea en la pelvis y el útero, así como la menstruación). Entre ellas, se encuentra el poleo, la ruda y la artemisa, las cuales son preparadas de diversas formas por mujeres afrodescendientes.

Sin embargo, reconocer estas otras formas de gestionar la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) no implica dejar a un lado los avances normativos que legitiman, desde el Estado Social de Derecho, la decisión de las mujeres y personas con capacidad de gestar, el decidir continuar o no sus embarazos de forma segura, legal y gratuitamente por las vías de la institucionalidad. Todo lo contrario, en este reconocimiento podemos entender algunas barreras que sufren las mujeres racializadas en el acceso a este servicio de salud y el entendimiento de una estructura de opresión que es heredada de la colonia: el racismo estructural.

Otro caso que evidencia los aportes hechos por las mujeres afrodescendientes fue el descubrimiento de los efectos abortivos del misoprostol, medicamento que inicialmente se utilizaba para prevenir las úlceras estomacales. En los años 80 las mujeres negras empobrecidas de Brasil fueron utilizando este producto y recomendándolo cuando lo consideraban necesario; incluso ante una férrea penalización del aborto, lo que conllevo a que posteriormente se hicieran más estudios que corroboraron la efectividad de este medicamento a finales de esa década.

Ahora bien, las mujeres negras en Colombia aún enfrentan muchas barreras de acceso a los servicios de salud reproductiva, en especial el de la IVE, pero es un paso fundamental hacia el cambio de estas dinámicas de exclusión reconocer que estos conocimientos han existido desde siempre y parten de las resistencias a las violencias que se transforman con el tiempo y se reproducen en los cuerpos racializados. El aborto siempre ha sido negro y antirracista.

Sobre la autora

Lineth Baquero Scoop, es Abogada, especialista en justicia transicional,  Activista Afrofeminista e investigadora en asuntos de paz, género y racialidad de Santa Marta, ha sido gestora de proyectos en Derechos Sexuales y reproductivos a través de la organización Colectiva Afrofeminista del Caribe – AFROCA, de la cual es cofundadora.

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