Parque Tayrona. Fuente: RCTV.
Parque Tayrona. Fuente: RCTV.

Por: Illia Collazos.

Colombia, uno de los cinco primeros países en materia de biodiversidad del mundo, con una amplia variedad de climas y paisajes, desde las playas de San Andrés, pasando por la inmensidad de los Andes y los nevados de sus cimas, aún se queda corto en la oferta y, particularmente, el profesionalismo de la industria del turismo. Todo ello pese a que las autoridades en diversas ocasiones lo han señalado como “el nuevo petróleo”.

¿En qué estamos fallando?

Tener belleza es importante y, sin duda, Colombia la tiene, pero hay muchos factores que todavía opacan esa belleza. Entre ellos, podemos señalar de entrada el difícil acceso e interconexión, la falta de estructura y organización, lenguaje, capacitación al servicio e inversión. Vamos a verlo con detenimiento.

Acceso e interconexión

Volar en Colombia es una pesadilla de los años noventa. Las rutas planeadas y sus precios no favorecen al consumidor final. Por ejemplo, volar desde Neiva a Medellín y viceversa, por lo menos al momento, es únicamente posible con una conexión en Bogotá, un vuelo que al momento supera los 400 mil pesos en temporada baja (aproximadamente 100 dólares).

El Aeropuerto Internacional el Dorado en Bogotá pese a su reciente remodelación está  saturado, con personas durmiendo en las salas de espera y vuelos frecuentemente cancelados, poca asistencia a los pasajeros e interminables filas en las líneas de scanners.. 

No existe una real hay una política de Turismo que incentive a las aerolíneas a abrir nuevas rutas y, a la inversa, los precios -incluso de las aerolíneas de bajo costo- han incrementado desde la pandemia por un aumento generalizado en el precio del combustible, pero además una alta demanda de pasajeros que adquieren cada vez menos de las aerolíneas que acostumbraban a usar. 

Problemas en la estructura y organización

Lastimosamente, la cultura económica de Colombia siempre ha caído en los hombros de los negocios informales, que carecen de organización, estructura y sistematización. No es la excepción en la industria del turismo, donde gran parte de los servicios son brindados por, lo que coloquialmente podríamos llamar, emprendedores de las calles. No tiene absolutamente nada de malo que una familia colombiana quiera participar de la industria del turismo, sea a través de servicios de alimentación, tours o incluso de oferta de hospedaje. Sin embargo, no hay un sistema que los incluya, los capacite y los regule, lo que a la larga crea una pésima experiencia para el turista, quien se ve agobiado por los vendedores y revendedores, en una situación que está lejos de dar la sensación de seguridad. 

El mejor ejemplo es Cartagena, ya centro de atención en los titulares por sobreprecios y turistas denunciando acoso en las playas y centros principales de la ciudad heróica. Por ejemplo, el sistema de lanchas hacia las Islas del Rosario es precario, allí el regateo es el principal modo de adquirir pasajes, en vez de tener una tarifa equitativa y competitiva que impacte positivamente en el mercado.

Lenguaje

Colombia aún no habla inglés y no es que se espere que el colombiano de a pie pueda hacerlo, pero si deseamos que nuestra industria turística se expanda,es necesario capacitar a quienes allí trabajan: personal hotelero, restaurantes, proveedores de servicio de paquetes de turismo y aeropuertos.

En enero pasado visité junto con amigos extranjeros, cinco destinos, de los cuales al menos tres de ellos eran altamente conocidos y en ninguno de ellos mis compañeros podrían haberse comunicado por sí mismos. Algunos podrán sustentar que quien viene a Colombia -o cualquier país hispanohablante- debe aprender español, pero lo cierto es que la mayoría de viajeros esperan un nivel de inglés que les permita solicitar lo mínimo para disfrutar de sus vacaciones.

El reto de la profesionalización de la industria.

Por el momento, los servicios de información de turismo son escasos y poco se ha invertido en la capacitación de personal para atender una ola creciente de turismo extranjero. Pocos son los servicios de información online para cada destino. 

El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, al igual que FONTUR, deberían enfocarse en la centralización de plataformas de entrenamiento gratuito o subsidiado para empresas de turismo y la certificación de las mismas y, adicionalmente, ofrecer canales online de comunicación multilingüe para que los turistas puedan escoger de manera eficiente entre los distintos servicios que encontrarán en determinados destinos y así no llevarse sorpresas.

Aunque parezca paradójico, en Colombia la seguridad no es el problema, el verdadero reto es que no sabemos cómo avanzar. 

El miedo más común del extranjero que visita Colombia, o la pregunta con la que más me he topado es: ¿Pero, es seguro? Y, aunque parezca mentira, la seguridad, si bien sigue siendo un tema que no debe dejarse de lado, no parece ser el principal desincentivador del turismo. 

El principal desafío es que en una industria realmente prometedora para nuestro país no hay una guía sobre cómo organizarla, no tenemos un departamento por regiones que se encargue de regular, estructurar, capacitar e incentivar el turismo.

Pese a todo ello, Colombia es un país bellísimo que merece la pena ser conocido, incluso en su desorden y caos, porque lo que nos hace falta en organización nos sobra en belleza. Quizá el turismo podría ser el nuevo petróleo, pero la verdad es que nos falta “pelo pa’ moño”

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Conflicto de intereses: Illia Collazos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico/profesional/personal de su perfil.”

Illia Collazos es Comunicadora Social de la Universidad de Buenos Aires, ex editora de la revista TKM Colombia. Actualmente se desempeña como especialista en posicionamiento orgánico de búsqueda (SEO), en la Isla de Malta.

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