
“El enfoque posterior de la educación, que incluye la muerte, incorpora fundamentos y orientaciones aplicables al acompañamiento educativo en situaciones de duelo…”
Agustín de la Herrán
Los autores De la Herrán, Rodríguez, González y Pedregal, en la guía educativa titulada “La práctica de la pedagogía de la muerte”, enuncian una serie de notasque caracterizan el acompañamiento educativo en el periodo de duelo. Recordemos que una educación para la muerte hace referencia a dos enfoques pedagógicos básicos: el previo y el posterior. En este escrito de carácter reflexivo me voy a centrar en el enfoque posterior, es decir, cuando ya ha ocurrido el fallecimiento de algún ser querido significativo para el alumno, o grupo de alumnos. Ahora bien, estas notas son extensivas y aplicables a hijos, familiares, o seres cercanos a quienes podamos acompañar en las múltiples pérdidas que tenemos los seres humanos.
La muerte siempre está presente en los centros educativos, bien sea por un anuncio o por un accidente inesperado. En los dos casos, los autores hacen referencia a que si la institución tiene un equipo de tutores formado y cualificado en pedagogía para la muerte se podrá actuar con mayor profesionalidad, calma y conciencia, pues la muerte casi nunca avisa y su ocurrencia e impacto se tiende a ver lejano, lo que ocasiona que algunos centros educativos no se encuentren organizados para afrontar este suceso. con una planeación específica, que permita actuar con precisión.
Pero ¿cuáles son las pautas sugeridas para el acompañamiento educativo personal, desde la tutoría? En primer lugar, percibir que posiblemente podemos ser la persona menos adecuada para realizar este acompañamiento una vez conozcamos los datos del fallecido y el fallecimiento; segundo, favorecer una comunicación entre acompañante y acompañado equilibrada, que promueva el dar y recibir; tercero, incluir el respeto en esa comunicación, de modo que el acompañado pueda expresar de manera incondicional sus necesidades emocionales, tales como ira, miedo, silencio, entre otras; y cuarto, acompañarlo desde tiempo atrás, demostrándole que seguimos disponibles para eventuales necesidades en un futuro.
Con respecto a el acompañamiento educativo a un grupo de alumnos desde la tutoría, se proponen algunas pautas en el caso de que la persona fallecida tenga un alto vínculo afectivo:
a. Comunicar los hechos a la mayor brevedad para evitar distorsiones;
b. Dar información precisa evitando dar datos desagradables e inoficiosos;
c. Favorecer el silencio, si se considera factor importante para la madurez;
d. Promover la expresión de todos los sentimientos; al igual que las dudas, prejuicios, ideas, preguntas, etc.;
e. Si el grupo así lo considera, sintetizar el apoyo a través de un rito o un ritual, de acuerdo con lo que le gustaba a la persona fallecida, ya sea cantar, leer, diseñar un rincón en la clase, sembrar un árbol, o lo que de manera consensuada se acuerde.
Las expresiones que los autores sugieren para este acompañamiento a un alumno o al grupo de curso, y que caracterizan un buen acompañamiento, deben centrarse en: a. No sé qué decirte/ o no sé qué decirles; b. A mí también me gustaría entender; c. Quiero que sepas/sepan que estoy contigo/ustedes; d. Es muy duro/doloroso; e. Yo tampoco entiendo; f. Si, es normal enfadarse, sentirse triste, impotente o estar con dolor; g. Si necesitas algo/necesitan algo, aquí estoy; y h. Guardar silencio.
Hay algunos indicadores que nos expresan que el acompañamiento educativo personal desde la tutoría es insuficiente. En estos casos, lo ideal es sugerir un apoyo psicológico específico si transcurrido un mes aproximadamente se observan los siguientes comportamientos: llorar en exceso; cambios extremos en el comportamiento; disminución evidente en las calificaciones y el rendimiento escolar; falta de interés por los amigos y actividades que habitualmente eran atractivas; problemas de sueño y pesadillas; pérdida de peso; apatía, insensibilidad y en general falta de interés por la vida; al igual que si se observan pensamientos negativos acerca del futuro o de lo que va a ocurrir.
Finalmente, vale señalar algunos de los errores más frecuentes que se asocian a la enseñanza desde este enfoque posterior, y que pueden deberse al desbordamiento emocional de los docentes, o a la falta de conciencia o, incluso, el exceso de ego docente o institucional: no hacer nada cuando ocurren dichos fallecimientos; hacer como si nada hubiese ocurrido pedirle al orientador que hable con el alumno o el grupo para quitarse el problema de encima; acudir a esquemas doctrinarios o muletillas como “haz esto”, “léete esto”, “habla con esta persona”, “no te preocupes”, “no llores”, “no pienses más”, “lo superarás”, “no te enfades”, entre otras aún más preocupantes.
Como conclusión, los autores nos expresan que debemos permitir que los niños terminen su recorrido en el periodo de duelo, pues seguramente saldrán del túnel con la conciencia renovada. En ese sentido, lo más urgente es esperar, pero definitivamente la clave está en la formación pedagógica del profesorado, pues la mayoría de los errores didácticos que se observan en el acompañamiento no son técnicos, sino personales, y por esto se requiere con urgencia una formación pedagógico-didáctica profunda.
Referencias
De la Herrán Gascón, A; Rodríguez Herrero, P; González Collado, P y Pedregal Valle, M. (2010). La práctica de la pedagogía de la muerte. Guía Educativa. Universidad Autónoma de Madrid, Fundación SM. España (Madrid).
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Este artículo se publicó primero en CONTINUO EDUCACIÓN y se puede consultar su primera versión en: https://continuoeducacion.co/algunas-notas-que-caracterizan-el-acompanamiento-educativo-en-el-periodo-de-duelo/ . Se publica bajo expresa autorización de la autora y se invita a visitar su página web para conocer otras interesantes publicaciones.
