
Por: Felipe Galli.
Dos años han pasado ya desde el estallido de la guerra en Gaza. Mientras los líderes políticos globales celebran el inestable acuerdo entre el Estado israelí y Hamás como un final de la guerra, el drama para los gazatíes, que viven en un páramo destruido sin infraestructura ni acceso a alimentación o cuidados básicos, está lejos de terminar.
A lo largo de los últimos dos años, los gazatíes han batallado por sobrevivir en las condiciones más adversas imaginables. Los pocos elementos disponibles para la supervivencia básica, desde un transporte para trasladarse lejos de las zonas de conflicto, hasta alimentos y medicinas para atender heridas o dolencias son extremadamente costosos. El problema, como siempre, termina siendo el dinero. En este contexto, muchos gazatíes han recurrido a las redes sociales para suplicar por donaciones a través de plataformas como Chuffed y Gofundme.
“Si ves esto, por favor dona, y si no puedes, leave a dot. I just ask for a dot.”
Probablemente hayas visto esta frase o una similar en algún post en X (antes Twitter) o Instagram, quizá en menor medida en Facebook, acompañado de terribles imágenes sobre los desplazados gazatíes. Significa literalmente “deja un punto” en inglés. En sentido literal, se pide a los que vean la publicación que se limiten a reconocerla con la interacción más simple posible (en este caso, escribir un simple punto como comentario).
Estas interacciones permiten que la publicación llegue a los seguidores del que está interactuando, permitiendo su propagación. Quién lo vea y decida donar irá a la plataforma correspondiente, pudiendo depositar la cantidad que pueda. Esto acarrea múltiples problemas, desde las dudas constantes de la gente hasta las (hoy criticadas) políticas de las plataformas para limitar su uso desde determinados lugares; siendo Palestina uno de los más afectados.
En cuanto a las plataformas utilizadas para la difusión, la gran mayoría de los gazatíes jóvenes usa X, sobre todo por la facilidad para enviar mensajes cortos (muchos ni siquiera hablan inglés más allá de lo básico) y lograr una difusión más rápida. Instagram y TikTok le siguen en uso, sobre todo para difundir vídeos más personales y familiares (suelen ser opciones para familias que hacen sus campañas juntas). Finalmente, una minoría (sobre todo la gente más mayor) usa Facebook, más que nada como respaldo cuando se bloquean cuentas en otras redes o para solicitar un apoyo más local en Palestina o el mundo árabe.
Cada una de estas cuentas es diferente, expone su difícil historia (marcada por las mismas problemáticas) de diferente manera y apela a distintos métodos para obtener visibilidad. Del mismo modo, no todas las cuentas logran la misma visibilidad. Mientras algunos logran muchas interacciones al día, aunque esto no siempre se traduzca en un alto número de donaciones, otros apenas logran salir de un puñado de likes.
Finalmente, cabe aclarar que estas campañas por donativos suelen chocar con las diferentes problemáticas que acarrea el internet en Gaza; principalmente por la destrucción de los principales cables durante los bombardeos israelíes y los complejos algoritmos de las redes sociales, así como algunas políticas abusivas. No es raro que las redes identifiquen su contenido como “spam” o que algunas plataformas (en concreto X, propiedad de Elon Musk) se encuentren bajo sospecha de restar visibilidad de forma deliberada a cualquier posteo proveniente de Palestina o en favor de su causa.

A continuación, compartiremos algunas de estas historias y los problemas que enfrentan los gazatíes incluso para difundir su palabra en la esfera digital. Al final de cada una, por supuesto, dejaremos los respectivos links para que los interesados puedan donar a estas personas que luchan por su vida en una región devastada por los horrores de la guerra.
Abod: “Mi cuenta está siendo restringida”

Abod Mohamed se graduó del secundario con la esperanza de encarar sus estudios universitarios hasta que la guerra se lo impidió. Desde entonces, ha iniciado una campaña en redes con el fin de ayudarlos a él y a sus hermanos a salir de la difícil situación en la que se encuentran y poder continuar sus estudios de cara a garantizarse un futuro.
“Elegí Twitter porque es una de las pocas plataformas donde aún se escuchan las voces de lugares como Gaza”, explica, luego de concederme una breve entrevista, pues “permite conectar directamente con personas de todo el mundo: de forma rápida, emotiva y real”.
La estrategia de Abod es bastante más exitosa que el promedio de los creadores de contenido gazatíes. Su cuenta diariamente cosecha centenares de likes por parte de un grupo de más de cinco mil leales seguidores. También ha logrado una importante base de donaciones, aunque sin llegar a cubrir la meta necesaria para cubrir los gastos que él y su familia necesitan para sobrevivir al trágico panorama.
La clave del éxito de la cuenta de Abod radica no tanto en sus posteos (si bien su simpleza y tono directo pueden ayudar) como en su verdadera protagonista. Su gata Lucy (de brillantes ojos azules y erizado pelo color crema) suele ocupar buena parte de su contenido. Sube fotos con ella al hombro o alzada. También difunde sobre su condición: la salud de la gatita se ha resentido con el conflicto y la falta de comida. Sufre de malnutrición y necesita desesperadamente alimentos para salvar su vida. Los seguidores de Abod suelen responder masivamente enviando cariño y “puntos” en grandes cantidades.
La fama de Lucy no es algo inusual ni en el caso de Gaza ni mucho menos en general. Está demostrado que las imágenes de gatos están entre los contenidos más difundidos digitalmente del mundo. El impacto del contenido gatuno en la Internet es un fenómeno hasta científicamente estudiado por la psicología, la antropología y ciencias sociales variadas. Su imagen se asocia típicamente con emociones positivas y muchos usuarios consumen rutinariamente contenido de gatos como forma de aliviar el estrés.
Con base en esto, no es raro que los creadores de contenido gazatíes con gatos sean los que más apoyo reciben. Casi ningún tuit de Abod recibe menos de 100 likes, y varias veces ha llegado a superar los mil (en especial si incluyen a Lucy). Muchos otros palestinos con presencia digital hacen lo mismo. Algunos incluso han adoptado a sus gatitos durante la misma guerra, cuando se acercan a las tiendas de refugiados en busca de alimentos, y los han incorporado a sus campañas digitales. Ayuda mucho el hecho de que los países árabes estén entre los que más gatos tienen, por ser un animal sagrado en el Islam y adaptable a climas calurosos.
Sin embargo, Abod no está en esto por los views ni por los likes, fundamentalmente debido a que estos no siempre se traducen en donaciones. Además, no escapa a los problemas que enfrentan otros gazatíes en la esfera digital.
“Twitter no es perfecto”, comenta. “Los mayores problemas son las prohibiciones ocultas, el alcance limitado y las restricciones constantes. A veces, tus palabras simplemente desaparecen, incluso cuando son pacíficas o verdaderas.”
Están bien documentadas las acusaciones contra la plataforma dirigida por Elon Musk de limitar el alcance de los palestinos para expresarse. Numerosas cuentas de muchos seguidores reportaron caídas inexplicables en su visibilidad sólo por usar hashtags relativos a Gaza. Las cuentas pueden ser también restringidas en su visibilidad por spam (por el hecho de que piden donaciones) y se ha registrado la detección de sus fotos y videos como “contenido gráfico o violento” aun cuando no muestran violencia explícita.
Sin embargo, Abod mantiene el optimismo.
“A pesar de todo, me quedo porque nuestras historias merecen ser vistas.”
Si deseas colaborar con la campaña de Abod, aquí está el link a su página de Chuffed.
Nidaa: “Manejo mi campaña sola, sin ayuda”

Nidaa tiene treinta y cinco años y es ama de casa. Su marido tenía una tienda, la cual fue destruida por los bombardeos israelíes al comienzo de la guerra. Ambos tienen dos hijas pequeñas. Recientemente, Nidaa perdió un embarazo de cuatro meses tras ser alcanzada por un ataque aéreo. Asimismo, una de sus hijas resultó herida en la cabeza por fragmentos de vidrio. Desde entonces, la guerra la obligó a huir, y hoy sobrevive en condiciones extremadamente precarias, necesitando tratamiento urgente.
A través de su cuenta de X realiza publicaciones diarias de fotos de sus hijas suplicando ayuda. Más allá de su situación, Nidaa es crítica con el modo en que el mundo observa a los gazatíes en redes sociales: “Sinceramente, es agotador que la gente piense que los gazatíes solo deberían pedir ayuda para sobrevivir, para comer, para mantenerse vivos, pero no para soñar, estudiar o reconstruir sus vidas”, protesta en uno de sus post. “Querer educación, seguridad y un futuro no es codicia. Es ser humano”.
Su voz, sin embargo, casi no ha sido escuchada. Su campaña en redes aún no logra difusión ni apoyo. Sus posteos apenas consiguen un puñado de likes y “dots”, mientras que sus donaciones son bajas y no ha logrado alcanzar los 500 dólares en los últimos dos meses. A esto se suman las restricciones impuestas por parte de las principales aplicaciones que manejan dinero. Un claro ejemplo es PayPal, que ha recibido críticas por no operar para ciudadanos palestinos por considerar que el país es una “zona de riesgo”; pese a lo cual los colonos israelíes en Cisjordania sí pueden usarla con tranquilidad.
“Mis hijas son pequeñas, necesitan comida y leche, y yo necesito medicación”, escribió en árabe (tuvimos que usar la tecnología para poder conversar). El acceso a internet es muy limitado debido a la destrucción de los cables principales durante los bombardeos, lo que le impide mantener su presencia en línea. A esto se suma la falta de visibilidad, que aumenta la desesperación de Nidaa y sus hijas.
Como si esto no fuera suficiente, Nidaa intentó contactar personas fuera de Gaza que le ofrecieron ayuda, pero terminó siendo víctima de estafa. Según comenta, “se aprovecharon de mi necesidad y la de mis hijas”. Físicamente agotada y emocionalmente exhausta, Nidaa no ve el final de la guerra con ningún optimismo.
“La guerra ha terminado, pero nuestra difícil situación continúa. Necesitamos ayuda”.
Quienes estén interesados en ayudar a Nidaa, pueden colaborar en este enlace.
Tariq

Tariq Al-Masri tiene veintidós años. Ya habíamos hablado con él en otra ocasión para comentar sobre la terrible situación en Gaza. Es estudiante de ingeniería civil en la Universidad Islámica de Gaza. La guerra destruyó su hogar, provocando la muerte de su padre y de su hermano mayor Mohamed.
Hoy vive desplazado junto a su madre enferma y sus demás hermanos, moviéndose de refugio en refugio mientras intenta reunir dinero para sacar a su familia del norte, una de las zonas más castigadas por los bombardeos. Tiene igualmente una cuenta de X, @TariqGaza, desde la cual pide donaciones para lograr salir adelante.
“Nos han quitado todo, nos han quitado tanto que a veces nos olvidamos de lo que nos han quitado y lo recordamos después”. En cada conversación que sostenemos menciona algo nuevo que ha perdido. Desde personas hasta mascotas o incluso objetos materiales con valor sentimental: la biblioteca de su padre, su gatito Mazen, su novia, su universidad o sus amigos. Todo esto entrelazado con las graves dificultades del día a día.
El final de la guerra, aunque ponga fin a los bombardeos, no garantizará su regreso a casa porque esta fue destruida (“no tenemos casa a la que volver”) y porque su antigua residencia se encuentra en uno de los últimos lugares cuya desocupación se prevé en el plan de paz de Donald Trump. Su campaña en redes no busca viralidad, sino supervivencia tanto para él como para los suyos. Publica desde un teléfono con una conexión inestable, sin acceso permanente a electricidad ni señal. Sus posts tampoco logran demasiada visibilidad, aunque ha logrado conseguir algunos contactos en el exterior.
“No puedo irme porque no tengo dinero”, escribió recientemente. “Estoy esperando donaciones para poder alejar a mi familia del peligro”. Tariq calcula que huir de su zona requeriría unos 3.000 dólares entre transporte, una tienda, un baño improvisado y un lugar donde quedarse.
Además de solicitar donaciones. Tariq también dedica su tiempo en redes a concientizar sobre el accionar de Israel en la franja, difundiendo fotografías de los daños provocados por los bombardeos, comentando en tiempo real cuando alguno está ocurriendo por su zona o condenando las muertes de periodistas.
En las últimas semanas, la situación se ha vuelto cada vez más complicada. La salud de su madre, quién padece una afección cardíaca, ha empeorado visiblemente debido a la falta de medicamentos y las duras condiciones de vida. En ocasiones, Tariq y sus hermanos se enfrentan al dilema de invertir lo poco que reciben de las donaciones en la comida para ese día —han llegado a repartirse un pan y medio entre nueve personas— o pagar las medicinas que mantienen a su madre con vida. La falta de ayuda humanitaria, impedida por el continuo bloqueo israelí sobre la franja, no hace más que empeorar la situación.
“A veces no hay pan, así que tomamos una gran cantidad de agua para llenar nuestros estómagos”, comenta, “pero el agua está contaminada en Gaza. Sin embargo, no podemos no beberla. De modo que aquí estamos, bebiendo un agua que sabemos que nos enfermará, pero que si no la bebemos nos morimos”.
Tariq sabe que será una lucha enorme la reconstrucción de su hogar y que la situación no será sencilla hasta que la lucha por la supervivencia termine. Sin embargo, se muestra optimista.
Si deseas colaborar con la campaña de Tariq, aquí está el link de Chuffed para que lo hagas.
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Las campañas para recaudar donaciones por parte de los sobrevivientes al genocidio en Gaza pueden despertar un sinnúmero de sentimientos: desde la tranquilidad de que gente en situaciones extremas tenga todavía un recurso para buscar ayuda; la impotencia de que no todos puedan ser ayudados —algo que me sucedió en múltiples ocasiones durante la redacción de este escrito—; la ira en torno a cómo las diversas plataformas y corporaciones, en muchos casos actuando de manera cómplice, buscan limitar el alcance de las voces palestinas cuando más necesitan ser oídas; y finalmente los cuestionamientos éticos en torno a cómo en muchos casos estas campañas deben prestarse a los aspectos superficiales y frívolos de las redes sociales con tal de romper los algoritmos y ganar visibilidad.
Como podemos ver, cada una de estas cuentas tiene su distinto grado de visibilidad, enfoque y una historia distinta. Sin embargo, todas comparten algo: detrás de estas hay una persona enfrentando necesidades extremas, padeciendo mucho más de lo que cualquiera de la mayoría de los que leen esto ha podido imaginar, y de una manera tremendamente injusta.
Durante las siguientes semanas, mucho se va a hablar de los acuerdos de paz. Se exaltará a los dirigentes políticos implicados (algunos de los cuales están más que relacionados con la tragedia letal que sufre el pueblo gazatí), se hablará de reconstrucción y se hablará de ayuda humanitaria. Todo eso se hará demasiado lento, demasiado genérico e inútil para las personas que sufren en esta región castigada por la violencia. Desde mi posición, insto a cualquiera de los que lo lean a que abran su corazón y traten de aportar a las campañas de los gazatíes. Si ven sus enlaces en Twitter, denles retuit. Si pueden, dejen un punto, porque ese simple punto puede ser, para ellos, la diferencia entre la vida y la muerte.
Nota del director: Pese al acuerdo firmado la semana anterior entre el grupo Hamas y el Estado de Israel al publicarse este artículo los bombardeos sobre la Franja de Gaza persisten. Si quieres leer una primera entrega sobre el mismo tema te recomendamos «Desplazados de Gaza: «Siento que nadie nos mira con compasión y humanidad»
Sobre el autor…

Felipe Galli es estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Analista electoral y coproductor y presentador del Podcast ESCRUTINIOS producido por La Gaitana Periodismo Independiente. Su cuenta de X es @FEscrutinio.
