
Por: Melba Escobar – Columnista invitada. X: @melbaes
Cuando era pequeña ser lectora no estaba de moda. Al contrario, crecí siendo la niña rarita del edificio, la que no sabía jugar ponchados ni le gustaban las minitecas. Y no me gustaban, en gran medida, porque prefería quedarme en casa leyendo. Claro, también el clima ponía de su parte. En la fría y gris Bogotá, poco tentaba ir al parque, playa no hay, río tampoco. ¿Entonces qué mejor plan que pasar una tarde de domingo bajo las cobijas, tomándose un chocolate caliente y disfrutando un libro como Mujercitas? Una experiencia que solo podría ser superada por una chimenea encendida y unos malvaviscos.
Con el paso de los años iban a ir cambiando los títulos: de Mujercitas a Lobo estepario, luego a El amor en los tiempos del cólera, a Delirio, de Laura Restrepo. Y entre un libro y otro, pasó la pubertad, el primer amor, la vida de colegiala. Y aunque pasaban los años, los abriles seguían siendo meses de lluvias mil y también de lecturas mil. Sin embargo todavía faltaba tiempo para que el libro pasara a convertirse en una industria pujante. Mientras estudiaba literatura en los Andes, pude ir viendo como los apasionados de las narrativas y de los libros, íbamos creciendo en número y popularidad. Así, cuando me gradué en el 2006, ya la cadena productiva del libro empezaba a ocupar muchos más espacios en nuestro país, la FILBo se había convertido en una institución cultural en Colombia, y las distintas ferias regionales del libro empezaban a dar sus primeros pasos.
También fui testigo de cómo el imaginario de la lectora o el lector como ratón de biblioteca, como persona apocada o aburrida, de pocos amigos y falta de gracia, se iba transformando en la de una persona interesante, libre pensador, de mente abierta, buen conversador, informado y culto. Supongo, pues, que esta percepción de la lectura como un ejercicio solitario pero no por ello aburrido, al contrario, entretenido, gozoso, estimulante e inspirador, es una de las cosas buenas que han sucedido en las últimas décadas.
Así es como a través de este recorrido llegamos a la pasada FILBo, donde asistieron más de medio millón de personas para comprar libros, mirar, deambular, escuchar charlas de sus autores favoritos, o hacer autografiar sus libros. El evento, que dura dos semanas y actualmente está teniendo lugar en Bogotá, cuenta con más de dos mil actividades literarias, así como con la presencia de más de 500 autores, entre nacionales e internacionales, entre ellos algunos tan destacados como Irene Vallejo, Rosa Montero, Andrés Openheimer o el japonés Satoshi Kitamura.
Por suerte, este cambio en la imagen del libro, su impacto e importancia en la sociedad, no solo ha llevado a la Feria Internacional del Libro de Bogotá a convertirse en una de las más grandes de América Latina, sino que también ha sido emulada por múltiples territorios en nuestro país. Hoy en día podríamos hacer un recorrido por Colombia de feria del libro en feria del libro, pues, por citar solo algunas, este año están programadas en Arauca, Armenia, Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Cúcuta, Quibdó, Manizales, Medellín, Pasto y Pereira, solo por citar algunas.
Mientras tanto en otros territorios, como en Barcelona, festejan la fiesta de Sant Jordi el 23 de abril, Día de la Lengua, y día también del patrono de los catalanes, San Jorge. Según la leyenda, este caballero liberó a la princesa de las garras de un dragón que, al derramar su sangre, hizo crecer un rosedal de rosas rojas. Es por esto que en esta la ciudad condal se inunda de libros y rosas rojas, los cuales son tradición regalarse entre los enamorados.
Es así como festejar la existencia del libro, del intercambio de ideas y de historias desde donde conectarnos y ampliar las conversaciones que nos enlazan dentro de una comunidad, es un motivo de alegría y una expresión de humanidad en medio de un mundo que, a menudo, parece haber perdido la cabeza.
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Sobre la autora…
Melba Escobar es escritora. Ha sido columnista en El Tiempo. Es autora de una maravillosa crónica sobre Colombia y Venezuela que recomendamos leer «Cuando éramos felices y no lo sabíamos» (2020 – Ed. Seix Barral). Entre sus obras también se encuentran «Duermevela» (2010), «Johnny y el mar» (2014) y la novela La Casa de la Belleza (2015). Melba fue nuestra primera invitada al podcast «Mujeres que cuentan Historias» en 2022 que pueden escuchar aquí.
