
El cardenal Robert Prevost se convirtió esta mañana en el máximo jerarca de la Iglesia Católica. En un cónclave relativamente corto (apenas veinticuatro horas) el Colegio de Cardenales eligió a un misionero agustino, nacido en los Estados Unidos, con nacionalidad peruana, alto miembro de la curia vaticana y con mucho olor a oveja en términos del papa difunto. El nuevo Obispo de Roma eligió el nombre de León XIV.
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Al final de la tarde italiana, visiblemente emocionado, con lágrimas y actitud conmovida, el nuevo pontífice se asomó al balcón de la Logia Central de la Basílica de San Pedro. Aferraba con unas manos temblorosas un discurso escrito que podía explicar el retraso de casi una hora entre la fumata blanca y el anuncio oficial. Tras el tradicional Habemus Papam del cardenal protodiacono Dominique Mamberti, el nuevo pontífice se dirigió a los más de mil millones de católicos en el mundo:
“La paz está con todos ustedes, este es el primer saludo de Cristo Resucitado, el buen pastor que ha dado la vida por el rebaño de Dios”.
Con esas frases empezó el papado de Prevost; quien ha decidido llamarse León XIV, un nombre que no se elegía desde la muerte de Vicenzo Pecci en 1903, reconocido por su fuerte apoyo a la Doctrina Social de la Iglesia.
¿Quién es Robert Prevost?
León XIV nació en Chicago en 1955. Cumplirá 70 años en septiembre próximo. Su padre era de ascendencia francesa y su madre de origen español. Quizá ello explique buena parte de sus tweets, claramente en contra de las políticas anti migratorias del actual gobierno estadounidense.
Estudió en el Seminario Menor de los Agustinos en su natal Chicago y después estudió Matemática en la Universidad de Villabona (Pennsilvanya). También estudió Filosofía y en 1982 se ordenó como sacerdote. En 1984, tras estudiar Derecho Canónico en Roma, se marchó en labor misionera a la tierra que se convertiría en su segunda patria: el Perú. Allí estaría como misionero en la Diócesis de Perú y tras una breve estancia en Illinois (Estados Unidos), el hoy pontífice regresaría a la ciudad de Trujillo (la cuarta más importante del país). Además de cargos administrativos, que incluyeron ser prior general de los agustinos y director de formación, el hoy pontífice fue párroco en la iglesia de Santa Rita en uno de los barrios más vulnerables de la ciudad peruana. Sin duda, parafraseando a Francisco, el nuevo jerarca católico tiene olor a oveja.
Las siguientes décadas fueron un tránsito de ida y vuelta entre sus dos patrias: Estados Unidos y Perú. En 2014, ya con Francisco en el trono de San Pedro, Prevost es elevado a la dignidad de obispo el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, patrona de América Latina. Se convertirá en titular de la Diócesis de Chiclayo, la misma a la que envió un cálido saludo en español esta mañana, rompiendo el protocolo lingüístico en la primera bendición del papado de León XIV.
En Perú, se involucró activamente en la cotidianidad nacional. No es un obispo de sacristía. No es difícil rastrear la última estancia del papa en las tierras incas. Reclamó que, sin asumir responsabilidades y pedir perdón, al expresidente y exdictador peruano Alberto Fujimori le sería difícil hablar de reconciliación. Respaldó y fue enfático en levantar la voz contra la represión en el periodo de protestas contra la actual mandataria Dina Boluarte. En palabras del respetado analista Diego Fuerte, León XIV será el primer papa en dejar una profunda huella digital: su cuenta en X (antes Twitter) continúa activa y muestra un sacerdote involucrado en las situaciones humanas, muy al estilo de Francisco. Probablemente, muchas de sus publicaciones (propias y compartidas) puedan jugarle malas pasadas en las próximas semanas.
Pero la dinámica carrera misionera de Prevost no terminó en las costas del norte del Perú. El 30 de enero de 2023 es llamado a Roma como prefecto (ministro en las analogías de la Santa Sede) del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Desde allí tuvo un papel relevante, no solo porque por su despacho pasaron múltiples nombramientos claves, así como designaciones episcopales, sino por la importancia que el papa Francisco, concedió a la lógica sinodal de la iglesia: una iglesia asambleística y horizontal que comprendiera los matices territoriales a lo largo del mundo.
Hace apenas tres meses había sido promovido como cardenal a la Orden de los Obispos, la más importante del colegio cardenalicio.
En ese breve recorrido biográfico radica precisamente la dificultad de profetizar si habrá continuidad, ruptura o qué matices se afianzarán. Prevost es al mismo tiempo estadounidense, hijo de migrantes, peruano y latinoamericano. Es agustino, pero conoce la iglesia diocesana tradicional, puesto que la ha conducido en terrenos complejos como el Perú. Es misionero y al mismo tiempo alto funcionario de la curia. Todo lo anterior nos pone un reto a quienes seguimos esos temas: ¿cuál de todos esos rostros prevalecerá?
Un cónclave corto y altamente mediatizado
El cónclave, que dio inicio ayer 07 de mayo, fue el de las selfies. Este fue el primero en ser visto bajo los ojos de TikTok y el primero de la generación Z. Pero, además, como mencionamos en nuestro análisis del pasado 21 de abril, los sectores más conservadores y escandalizados con el legado de Francisco, conscientes de su minoría en el cónclave, usaron ardides desde distintos medios y grupos de poder para tratar de frenar la llegada de cardenales que a sus ojos significaban un peligroso continuismo de la gestión del papa latinoamericano. Los cardenales Luis Antonio Tagle (filipino) y Mateo Zuppi (italiano) eran quienes más alertas atrajeron durante los días en que se desarrollaron las congregaciones generales tras los funerales de Francisco.
Sin embargo, sorpresivamente Prevost alcanzó en solo cuatro votaciones las dos terceras partes necesarias para convertirse en el 267° pontífice de la Iglesia Católica. Probablemente (y aquí somos honestos: es una especulación puesto que no conocemos cómo se desarrolló el cónclave), el bajo perfil de Prevost generó un dinamismo que los vaticanistas creían difícil de alcanzar en veinticuatro horas. Prevost estaba fuera del radar de los medios, pero no de los vaticanistas. De hecho, el experto español Jesús Bastante, el martes pasado, sugirió prestar atención al nombre de Prevost.
Sin embargo, será difícil que el ambiente mediático que precedió al cónclave se diluya: incluso, de manera casi inmediata las redes sociales se inundaron de fotos, noticias falsas y el resurgimiento de acusaciones surgidas hace una década sobre encubrimiento de casos de pederastia durante su estancia en el Perú. Fuentes informadas aseguran que las acusaciones provienen de los mismos sectores molestos con una continuidad del papado de Francisco, los mismos que han defendido al Sodalicio de Vida Cristiana en el Perú, la organización que fue diluida por Francisco tras casos de abuso con multiplicidad de pruebas.
No pretendemos hacer una defensa a ultranza y a ciegas del nuevo pontífice. Ahora bien, sí creemos que en estos tiempos de viralización, inmediatez y múltiples versiones, la premura y la investigación previa deben ser requisitos que atemperen la discusión pública. Y más allá de si somos creyentes o practicantes, la llegada del nuevo pontífice es un asunto que amerita ponderación.
Los retos de un pontífice que sigue hablando español
León XIV rompió el protocolo vaticano y se dirigió conmovido y en idioma español a su querida Diócesis de Chiclayo a quien saludó. El gesto tenía como fondo la multiplicidad de banderas latinoamericanas ondeando en la Plaza de San Pedro. La imagen era un grito de latinoamericanidad en toda regla.
Sin embargo, más allá de las emociones que la nueva designación puede generar, los retos del nuevo pontífice no son pocos. Francisco abrió caminos simbólicos en la iglesia, pero las nuevas generaciones y diversos sectores han reclamado transformaciones y discusiones estructurales. Entre ellos podemos mencionar por lo menos tres: la sinodalidad, el papel de la mujer y las minorías históricamente excluidas. Y claro está, la agenda internacional será vital en momentos en que gobiernos autoritarios (de izquierda y derecha) imperan en los palacios de gobierno de buena parte del mundo y reivindican discursos de odio.
León XIV tiene por delante los reclamos de una serie de sectores que se sintieron por primera vez incluidos en una iglesia que desde hace más de dos décadas pierde feligreses a una velocidad pasmosa. Asimismo, debe avanzar en una discusión sobre cuál es el rol de la iglesia en los tiempos difíciles que se viven en diversos lugares del planeta como Ucrania, Gaza o la frontera entre India y Pakistán, solamente por señalar los más visibles conflictos actuales a nivel mundial.
Todo ello sin contar con la lucha contra los abusos de niños y niñas en la Iglesia, un flagelo que sus predecesores enfrentaron, pero que seguramente tardará décadas en erradicarse del todo. En especial, porque la mayoría de quienes actualmente ejercen cargos de poder los desempeñaron durante los años del silencio, así que no es extraño que las denuncias en torno a encubrimientos aumenten. El impacto en las cifras podría tardar más de veinte años.
El Papa poliédrico: primeras señales
Y regresamos a la misma pregunta, ¿estadounidense? ¿Latinoamericano? ¿Misionero? ¿Burócrata vaticano? ¿Continuidad de Francisco o tranquilidad para los sectores radicales que prefieren volver al redil? ¿Cuál de todos los rostros se convertirá en el símbolo de su papado? ¿Cuál de esas facetas de una vida misionera a lo largo del mundo prevalecerá?
Aún es temprano para una apuesta concreta, sin embargo, debemos prestar atención a las señales. Por ahora, contamos con los escasos minutos de saludo a la cristiandad. En primer lugar, a diferencia del ruidoso silencio de la homilía del cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio que no mencionó a Francisco en la misa Pontifice Pro eligendo, el nuevo papa agradeció con un cariño evidente al papa Francisco en dos ocasiones.
En segundo lugar, podemos destacar el tema central de esas primeras palabras: la paz. En tiempos de guerra, tensiones globales y pronósticos de ambientes bélicos y de tensión, León XIV invocó el mandato cristiano de la búsqueda de la paz. Mañana se conmemorarán en diversos lugares los 80 años del fin de la II Guerra Mundial, mientras el mundo invoca con terror que un nuevo conflicto no se materialice. ¿Hacia dónde mirará la iglesia de Pedro en medio de las fragmentaciones de estos tiempos que dejan a una Europa perdida y con múltiples amenazas desde todos los frentes?
Y claro está, como es tradición en la iglesia, es fundamental prestar atención al nombre elegido. Desde el siglo XIX ningún pontífice había elegido ese nombre para caracterizar su papado. Vicenzo Pacci, quien elegiría el nombre León XIII fue un pionero en la denominada Doctrina Social de la Iglesia y autor de la Rerum Novarum, una de las primeras reivindicaciones sobre el valor del trabajo y los derechos de los trabajadores en la historia de la cristiandad. También fue el primer papa en ser filmado y el pontífice más longevo en la historia contemporánea de la cristiandad.
Ahora, es necesario prestar atención especial a las señales venideras: ¿Cuál será el primer destino del romano? ¿Qué señales tendrá su escudo pontificio? ¿Quiénes sus inmediatos colaboradores? ¿En qué se centrarán sus primeros discursos? De ello dependerá en buena parte conocer cuál de los rostros de ese papa poliédrico y multifacético prevalecerá.
