
|Baúl de los recuerdos| En 2022 publicamos esta reflexión de Ximena Chamorro Rondón en el marco de nuestra Alianza estratégica con la Red Huilense de Defensa y Acompañamiento en Derechos Sexuales y Reproductivos – RHUDA. Hoy desempolvamos este artículo unas semanas después del día de la madre. La decisión de no ser madres es un debate más que necesario en esta época.
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Por: Ximena Chamorro Rondón.
“Cuando la maternidad es romantizada y los hijos son llamados regalos de dios, las mujeres que no queremos ser madres somos vistas como una falla en la sociedad, como una pieza que no encaja; la han instaurado en nuestro género a tal punto de verse como una obligación, más no como una decisión”
La priorización de la familia como base de la sociedad y del capitalismo, nos somete y nos limita: nos limita en el campo profesional y nos somete a la responsabilidad del trabajo reproductivo y las labores de cuidado, todo esto implica una carga física, psicológica y emocional por cumplir con las expectativas sociales de ser una ’buena madre’, una ‘mujer verraca’ o una ‘esposa ejemplar’; en suma, por convertirse en el centro y columna vertebral de un hogar, único espacio de representatividad legitimado socialmente, pues se nos ha relegado a escenarios privados, siendo la familia el más importante de ellos.
La maternidad y el instinto materno son resultado de las construcciones sociales que estigmatizan a las mujeres, para muchos la negación de la misma define su valor, dignidad e identidad de manera despectiva: ‘es una egoísta’, ‘pecadora, eso va en contra la naturaleza de dios’, ‘inmadura’, y no es que ser madre sea algo perverso o “malo” pero no todas queremos ejercer una crianza. No es tan difícil entender que son decisiones que sólo y únicamente interfieren en la vida de quienes así lo deciden, como el aborto, o la eutanasia.
Los derechos sexuales y reproductivos, reconocidos además como derechos fundamentales para la humanidad, garantizan la total y completa libertad de decidir sobre nuestros cuerpos, no sólo frente a la conformación o no de una familia, sino también al goce y disfrute de la sexualidad, a elegir con quién relacionarnos, a expresar la orientación sexual o identidad de género y a tener una vida libre de violencias en cualquier situación que atraviese nuestra intimidad.
El ejercicio de la no m/paternidad no es sólo una decisión válida, sino que además se enmarca dentro de estos derechos, y debe ser una decisión respetada sin discriminación de género, sin tener que ser puesta en tela de juicio. No debe convertirse en un proceso dilatado, descalificativo, paternalista e infantilizador, las entidades prestadoras de servicios de salud, tiene una obligación ética y legal de hacerlo a través de programas de anticoncepción efectivos, como lo dictamina por ejemplo la Ley 1412 de 2010, la ligadura de trompas o la vasectomía, que son procedimientos gratuitos y deben ser garantizados con el fin de una paternidad y maternidad responsables como derecho y deber ciudadano.
Además, no existen garantías suficientes para que el ejercer la maternidad no implique una desigualdad frente a los hombres; más allá de los juicios morales, existen unas repercusiones sociales y económicas que se vivencian en la mayoría de los países. Según ONU Mujeres, “las mujeres en promedio ganan sólo entre el 60 y el 75 por ciento del salario de los hombres”, lo que indica que es más probable que las mujeres se desempeñen en trabajos informales y familiares no remunerados. Su responsabilidad con respecto al trabajo no remunerado de cuidado es desproporcionada, pues “dedican entre una y tres horas más que los hombres a las labores domésticas; entre dos y diez veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados -a los hijos e hijas, personas mayores y enfermas-, y entre una y cuatro horas diarias menos a actividades de mercado”.
A propósito del 8M, estas cifras representan la ausencia de la remuneración y la precarización de la fuerza de trabajo de las mujeres, uno de los muchos factores a la hora de decidir si queremos maternar o no; es una decisión completamente consciente que muchas mujeres tomamos con respecto a nuestro proyecto de vida, que no nos invalida y tampoco nos hace menos mujeres frente a quienes sí desean serlo, y aún si todo lo anterior no fuese suficiente, como lo diría Rebeca Lane, simplemente no queremos parirle hijos al sistema.
Fuente de referencia
Este articulo se publicó por primera vez en nuestra web en 2019.
Cláusula de conflicto de intereses
Ximena Chamorro Rondón pertenece a la Red Huilense de Defensa y Acompañamiento en Derechos Sexuales y Reproductivos – RHUDA, y no recibe salario, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico, profesional o personal de su perfil.
Sobre la autora…
Femiactivista, abortera y diversa. Integrante del Nodo Matriz – RHUDA. Egresada no titulada del Programa de Psicología de la Universidad Surcolombiana.
Sobre la ilustración: @inmorena | Fotografía 1: M Jovet

Me parece muy acertado el enfoque del artículo! Gracias.
Tengo una inquietud respecto a los emoticones con los que se puede calificar la reacción en relación con el texto leído. Me gustaría tener, por ejemplo, las opciones de curiosa, inquieta y provocada.