
Por: Tomás Molina Ph.D. (X: Platom___)
El decano de medicina de la Javeriana dio una entrevista, para Mañanas Blu, en la que afirmaba que el maltrato es un tema de percepción. Esto ha provocado la ira de mucha gente.
En un sentido muy estricto, sin embargo, tiene razón.
Lo que para una persona es maltrato, para otra es un chiste. Piensen ustedes, por ejemplo, en la manera en que muchos adolescentes se tratan entre sí. Usan groserías, se hacen comentarios pesados, etc. Pero si uno les pregunta, no todos van a considerar lo que acabo de describir como maltrato. Dirán, con toda seguridad, que las groserías no pasan de chistes. En realidad, hasta se expresan su cariño de esa manera.
Más aún, situaciones que antes uno consideraba normales, pueden ser interpretadas como maltrato de manera retroactiva. Volvamos al ejemplo de los adolescentes. Es posible que algunos de ellos, al hacerse adultos, consideren que la manera en que se trataban constituye maltrato, aunque antes no lo vieran así. Y lo que les resultaba chiste, termina siendo interpretado como una violencia inaceptable. Por eso, a sus hijos no les permiten tratar a sus amigos con groserías y chistes pesados.
El maltrato es subjetivo en otro sentido. Lo que en unas culturas es un símbolo de prestigio, para otras puede ser un signo de maltrato. Para nosotros es claro que los corsés de la época victoriana torturaban el cuerpo de las mujeres, pero la mayoría de gente en ese entonces asociaba esa prenda con una figura femenina ideal. Un bello corsé era prestigioso, en otras palabras.
¿Excusa esto el maltrato al interior de las facultades de medicina?
La respuesta es negativa. Por más que el maltrato tenga un componente subjetivo, las denuncias que los estudiantes y residentes hacen son maltrato de acuerdo no solo con las reglas establecidas en la universidad sino también en nuestra cultura. Incluso si una persona siente que no la están maltratando, las reglas explícitamente dicen otra cosa. El maltratador, por lo mismo, puede sentir que está siendo educado, pero basta comparar sus palabras con las reglas para darse cuenta de que no es así.
La lógica que debe seguirse aquí es la del viejo chiste de Chico Marx (ninguna relación con Karl Marx):
– Su Excelencia, pensé que se había ido.
– Oh, no. No me voy.
– Pero te vi irte con mis propios ojos.
– Bueno, ¿a quién vas a creer, a mí o a tus propios ojos?
Uno podría decir, entonces, lo siguiente:
-Sí te están maltratando.
-Pero no he visto que me maltraten.
-Bueno, ¿a quién vas a creer, al gran Otro (la mirada a los hechos desde la perspectiva de las reglas y procedimientos) o a tus propios ojos?
El maltrato, pues, no puede minimizarse a partir de la subjetividad humana. Siempre hay que leerlo a partir de las reglas y razones de lo que constituye maltrato. El maltrato, en otras palabras, hay que interpretarlo también desde la perspectiva del gran Otro. Y si alguien tiene buenas razones para considerar un comportamiento como maltrato, aunque nosotros lo demos por normal, es importante considerar esas razones y, si es el caso, incluirlas dentro de lo que entendemos por tal.
Sobre el autor…

Tomás Molina es doctor en filosofía, divulgador, profesor universitario y consultor.
