
Por: Tomás Molina – X: @platom___
Si queremos entender el presente y el futuro del mundo en los próximos cuatro años, nos resulta preciso comprender las fuentes del comportamiento de Trump. Estoy convencido de que la principal es un gran sentimiento de humillación nacional y personal.
En efecto, los gobernantes fascistas, o cercanos al fascismo, suelen compartir la idea de que su país ha sido humillado, postrado, vapuleado, por potencias extranjeras y/o por un enemigo interno. En el caso de Hitler, por ejemplo, Alemania había sido humillada por los ganadores de la 1GM en conjunción con los judíos. En otras palabras, una conspiración externa e interna se fraguó para destruir a Alemania.
Como suele ser el caso con las teorías conspirativas, esta tenía alguna conexión vaga con la realidad. Es cierto: el Tratado de Versalles había impuesto unas condiciones en exceso punitivas a Alemania. Pero Hitler aprovechó esa verdad para decir incontables mentiras, y planear una venganza que derivaría en la 2GM y el Holocausto. Mussolini, de la misma manera, fundamentó buena parte de su subida al poder a partir del sentimiento italiano de humillación por su mal desempeño en la 1GM y por su victoria mutilada.
En el caso del trumpismo, esos sentimientos de humillación provienen de diversas fuentes. A su juicio, primero están los extranjeros que no dejan a los americanos brillar: les han quitado los trabajos; han arruinado las ciudades con su crimen; han contaminado los valores americanos con su pereza.
Otros países, además, se han aprovechado de EEUU por medio de USAID y del mercado nacional. En efecto, Trump insiste en que el déficit en la balanza comercial de su país implica que otros países están sacando ventaja de él. En esto hay algo de verdad, pero es mucho más complejo de lo que cree.
Finalmente, tenemos lo woke (que, aunque también se base en algunas verdades, es más una fantasía de la derecha). La izquierda ha contaminado las universidades (J.D Vance, el vicepresidente de Trump, insiste en que los profesores son los enemigos), convirtiéndolas en fábricas de profesionales ideologizados, descerebrados, que tienen como objetivo la destrucción de EEUU.
Esta es una humillación porque la izquierda habría logrado poner a una parte significativa del país en contra de los valores que supuestamente lo hicieron grande. Las mujeres ya no obedecen a sus maridos; los niños no obedecen a sus padres y se quieren cambiar de sexo; los jóvenes no hacen caso a sus empleadores, no tienen lealtad a la empresa; a los trabajos ya no se accede por mérito sino por el DEI (diversidad, equidad e inclusión, una apuesta para que recursos humanos considere especialmente a las comunidades marginalizadas).
Y todo, dios mío, por culpa de los profesores marxistas.
Aquí llega Trump, un “hombre fuerte”, a poner orden. Papá apareció con el cinturón y azotará a los niños que se han portado mal. Bájate los pantalones, profesor marxista, pues de esta muenda no te salvas. La humillación cesará. Las mujeres no se rehusarán más a obedecer a sus maridos. La familia recuperará las jerarquías que la caracterizaron. Los hombres blancos volverán a la cima sin el DEI. Los extranjeros dejarán de aprovecharse de la generosidad de USAID y de los mercados estadounidenses. También serán expulsados, deportados, humillados, por haber osado conspirar para destruir al país preferido de dios.
Y, entonces, América será grande de nuevo.
Para lidiar con Trump, por tanto, debemos entender que para él su país no ha hecho sino perder. Por todas partes es acosado por enemigos que pretenden humillarlo. De tal manera, usará todas las herramientas a su disposición para expulsar o aniquilar a esos malvados que se roban el goce de EEUU, que le impiden ser lo que debería ser.
Make america great again también signfica: ¡las humillaciones cesarán!
O para decirlo más freudianamente: tu virilidad volverá.
La derecha latinoamericana coincide con el diagnóstico de Trump, y parece que no le importa renunciar a sus credenciales librecambistas con tal de acercarse, de manera oportunista, al hombre más poderoso del mundo.
Los demás deberíamos procurar, en cambio, construir una nave resistente que nos permita prosperar en los próximos cuatro años de tempestades. El sentimiento de humillación de Trump es una fuerza muy poderosa que puede hundir nuestro barco si no tomamos precauciones.
Siempre es sensato que nos compremos unos salvavidas chinos.
Sobre el autor…

Tomás Molina es doctor en filosofía, divulgador, profesor universitario y consultor.
X: @Platom___
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