José Eustasio Rivera, el autor de la Vorágine. Fuente: Foreign Affair Latinoamérica.
José Eustasio Rivera, el autor de la Vorágine. Fuente: Foreign Affair Latinoamérica.

Por: Pedro Pablo Tinjacá Ruiz. Médico cirujano, ex Jefe de la Oficina de Riesgos y Desastres del Municipio. Presidente de la Academia Huilense de Historia. Investigador sobre la masonería en Colombia.

El 25 de noviembre de 1924 salía a la luz quizá la más importante obra de la literatura latinoamericana, La vorágine, producto de las vivencias de un hijo del Tolima Grande, José Eustasio Rivera Salas, quien naciera el 19 de febrero de 1888 en Neiva, perteneciente en ese entonces al departamento del Tolima.

Equivocadamente se ha dicho que nació en Rivera, municipio del departamento del Huila. Sin embargo, Rivera como Municipio no existía en el momento de su nacimiento, pues fue creado el 17 de mayo de 1943. Sus padres Eustasio Rivera y Catalina Salas, vivían en una finca en el corregimiento de Aguas Calientes (llamado así por sus aguas termales, hoy turísticas). 

Por aquel entonces tampoco existía San Mateo, donde hoy está el municipio de Rivera, corregimiento, pues fue creado luego de haber nacido José Eustasio. Su padre era hermano de los generales conservadores Pedro, Napoleón y Toribio Rivera, quienes desempeñaron importantes cargos en la administración, el Congreso y el campo educativo. José Eustasio tuvo diez hermanos.

Hizo sus primeros estudios en Neiva, inicialmente en el colegio de Santa Librada y posteriormente en el de San Luis Gonzaga de Elías, Huila, mostrando tempranamente su inclinación por las letras. En 1906 viajó a Bogotá para ingresar en la Escuela Normal. Tres años más tarde se desempeñó como inspector escolar. En el centenario del grito de Independencia, en Tunja, José Eustasio obtuvo el segundo lugar en los Juegos Florales con poemas de corte épico, muy influidos por la poética de Miguel Antonio Caro; de hecho, la «Oda a España» fue publicada en septiembre de 1910 por El Tropical de Ibagué. Regresó a Bogotá donde trabajaba en el Ministerio de Gobierno y estudiaba en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional, graduándose en 1917 con la tesis “Liquidación de las herencias”. De esta época es su primera obra publicada, el drama teatral Juan Gil. Pocos meses después de egresado, le fue ofrecida desde Neiva una curul en la Cámara de Representantes, que Rivera aceptó. Pronto llegó un telegrama del obispo de Garzón, Esteban Rojas, pidiéndole la renuncia «por el bien de la unidad católica», que llevó a que el escritor exclamara: «Me barrieron de un sotanazo».

Ya como abogado, viajó en bongó por el río Meta hasta la hacienda Mata de Palma, estadía que duró hasta el mes de febrero de 1920 y durante la que hizo amistad con Luis Franco Zapata, figura clave en la génesis de La vorágine. En 1912 Luis Franco Zapata se había escapado con Alicia Hernández Carranza desde Bogotá, donde ella trabajaba como empleada de una tienda. Juntos llegaron al fondo de la Amazonia, entre Colombia y Venezuela, y se instalaron en las caucherías, cerca de Brasil.

En 1918, en Orocué, Luis Franco le contó todas sus historias a José Eustasio, desde las más íntimas hasta las de índole social, sin excluir las ficticias, las de aventuras y las de sangre. «La mayor parte de los personajes de La vorágine —afirma Isaías Peña Gutiérrez— surgieron de los relatos de Luis Franco, incluidos los nombres, que poco variaron». Cerca de Orocué, José Eustasio tuvo un segundo ataque de cefalea que se repitió en Sogamoso en 1919 y, de regreso a Orocué, sufrió las fiebres del paludismo, que le curaron Luis Franco y Alicia.

En 1921 publica Tierra de promisión, obra compuesta por 55 sonetos y dividida en tres partes (la selva, las cumbres y el llano). En febrero de 1922 falleció su padre a la edad de 74 años. Nombrado secretario de la comisión limítrofe Colombo-venezolana, José Eustasio partió con la comisión en septiembre de 1922 rumbo a Girardot, siguiendo la ruta río Magdalena abajo, pasaron por Barranquilla y se adentraron por Venezuela; por el Orinoco llegaron hasta Ciudad Bolívar y a Caicara a finales de octubre. La falta de apoyo del gobierno impulsó a Rivera a abandonar este cargo y a proseguir el viaje por su cuenta.

En 1923 al fin llega a la Cámara de Representantes. Allí, realiza toda clase de denuncias, escribe artículos y organiza una junta de defensa nacional en compañía del líder huilense Reynaldo Matiz Trujillo, asesinado en Neiva por sus denuncias periodísticas en 1924. José Eustasio citó al ministro de Relaciones Exteriores, recriminándole su negligencia al enviar una comisión sin los mínimos instrumentos para desarrollar su labor y por el cargo de infidencia al hacer llegar a los implicados un informe secreto que Rivera había despachado desde Manaos sobre sus hallazgos. Se les reconocieron los sueldos a los miembros de la comisión, pero el ministro fue absuelto, no sin antes reconocer el patriótico procedimiento de Rivera. 

Desengañado, Rivera volvió a Neiva y, consciente de que su más efectiva arma de denuncia era su pluma, se dedicó a hacer excursiones por el Caquetá para, desde los artículos que publicó en los principales diarios, denunciar las anomalías o, desde el propio terreno, facilitar consejos. José Eustasio fue el primero en proponer la construcción de la vía Neiva-San Vicente del Caguán, que de haberse realizado hubiera impedido la guerra con el Perú, y que fue finalmente ordenada… 63 años más tarde. La vorágine se terminó de escribir el 21 de abril de 1924, en Neiva. Su lanzamiento al público coincidió con el cumpleaños de la madre del autor, el 25 de noviembre de 1924.

El 31 de marzo de 1928 partió, como presidente de la delegación colombiana, al Congreso Internacional de Inmigración y Emigración que se celebró en La Habana. Viajó luego a Nueva York donde se dedicó a la traducción de su novela al inglés, al proyecto de llevarla al cine (nunca realizado) y a su próxima novela, que «habría de aparecer al marcharse al África, porque allí se sentiría más seguro que en su propia tierra», como dijo a José A. Velasco. Los oscuros manejos del representante de la empresa petrolera Standard Oíl, los tratos secretos e irregulares de altos funcionarios del gobierno, y hasta los sobornos para la firma del contrato entre la Standard Oíl y el Estado colombiano para la construcción del oleoducto Cartagena-Barrancabermeja, eran parte del explosivo material que Rivera se disponía a manejar, con su pulcritud moral, para su nueva obra, La Mancha negra, que nunca pudo publicar y por el contrario desapareció.

El 29 de octubre recibió un homenaje en la Universidad de Columbia, dictó conferencias y llegó a rumorearse que sería nombrado cónsul. Pronunció un discurso en el ágape ofrecido al piloto Benjamín Méndez, dos días antes del histórico vuelo entre Nueva York y Bogotá. Luego de la partida del avión, José Eustasio comenzó a sentirse mal. Lo que en un principio el médico creyó que era una gripe, derivó en una dolencia que jamás logró diagnosticarse (no se permitió la autopsia). Tras cuatro días en coma, la muerte sobrevino a José Eustasio a las 12:50 de la invernal tarde del 1 de diciembre de 1928.

Hoy, 100 años después, siguen vigentes sus denuncias: el ataque inmisericorde a nuestras selvas, la explotación de nuestros recursos naturales, la persecución y exterminio de nuestras comunidades indígenas, persisten ante la indiferencia de muchos sectores de nuestra sociedad y el desafortunado desconocimiento de estos hechos. Resulta triste ver que una simple encuesta callejera nos arroja resultados negativos sobre el conocimiento de La Vorágine y de su autor. A pesar de contar con instituciones públicas y privadas que luchan por sacarlo del olvido, por desarrollar lo que en el pasado se llamó “catedra Riveriana”, pareciera que seguimos “arando en el mar”, como dijera nuestro libertador Simón Bolívar 200 años atrás.   

La Gaitana quiere seguir siendo de esas instituciones que contra viento y marea luchan contra ese olvido, manteniendo viva la llama de Rivera. Debemos participar activamente en las actividades que a nivel nacional se desarrollaran en este primer centenario desde la Presidencia de la República, el Ministerio de Cultura y los Departamentos de Boyacá, Casanare, Cundinamarca, Huila, Meta, Amazonas, Vichada, Vaupés y Guaviare, escenarios de la gesta de José Eustasio Rivera hace 100 años.  

Pedro Pablo Tinjacá Ruiz


Médico Cirujano de la Universidad Nacional de Colombia. Natural de Zipaquirá, Cundinamarca. Especialista en Administración y gerencia en salud, de la FUCS, Epidemiología de la Universidad del Valle y Sur colombiana de Neiva. Profesor de historia y ciencias sociales desde su época de estudiante. Estudios en EE. UU., Brasil, México y Cuba, sobre fabricación y control de vacunas, siendo jefe de producción de vacuna de fiebre amarilla en el Instituto nacional de Salud. Jefe de servicios de salud, medicamentos y atención primaria en el Ministerio de salud. Socorrista y voluntario de la Cruz Roja por 30 años, 12 años miembro de la Junta Directiva de la Cruz Roja, Huila. Jefe de emergencias y desastres de Neiva por cuatro años. Actualmente docente de la facultad de medicina de la Fundación Universitaria Navarra y Magistrado del Tribunal de ética Médica del Huila. Presidente de la Academia Huilense de Historia y miembro correspondiente de la Academia de Historia de Cundinamarca. Investigador sobre la masonería en Colombia.

Deja un comentario