Hiperinvisibilidad Por: Ana Sofía Polanía Montealegre.
Hiperinvisibilidad Por: Ana Sofía Polanía Montealegre.

Por: Gina Montealegre (X: @ginamonteli).

“Los feminismos decoloniales no tienen como objetivo mejorar el sistema existente sino pelear contra todas las formas de opresión: justicia para las mujeres significa justicia para todas y todos” 

Françoise Vergès1.

Valentina Tres Palacios y Laura Lopera fueron asesinadas, descuartizadas y botadas a la basura en maletas. Se suman al episodio de una menor de edad arrestada por la policía por presuntamente drogar a un hombre adulto en su habitación de hotel. Los tres son casos de violencia de género que comparten un elemento común: hombres extranjeros. Hombres que llegaron a Colombia a consumir mujeres, incidiendo de manera directa en el crecimiento de las cifras de feminicidio y de explotación sexual en menores de edad, conductas que también estarían relacionadas con el fenómeno de la gentrificación que actualmente sufren ciudades como Medellín.

Lo entendido como “blanquitud” no corresponde a lo racial, sino a un conjunto de valores sociales asociados con la idea de civilización euro-centrista y la economía de capital (Echeverría, 2010) que constituye a su vez la sociedad hegemónica. Y es fundamentado en la negación de la diferencia y la existencia del otro. Es en este sentido que hablamos del hombre blanco, quien como sujeto universal de derechos se contrapone a la mujer racializada y latina, objeto de conquista. Su existencia sólo se define a través del sistema de dominación patriarcal.

Empezamos a identificar esta relación entre violencia de género y blanquitud cuando observamos que esta última se alimenta de la reproducción de estereotipos físicos incentivados incluso por el mismo Estado, que incluye “la belleza de sus mujeres” como atractivo turístico. Esta condición de “atracción” persigue a las mujeres de países considerados subordinados en este sistema, porque lo blanco también es racista y colonial, incluso en su condición de inmigrantes.   

La blanquitud desconoce a la mujer racializada en su existencia misma, la convierte en “el otro”, en el entendido de una minoría ideológica, alguien disminuido y borroso, con una identidad negada, de quién se desconoce su historia, su lengua, sus intereses y diferencias esenciales (Gargallo, Francesca; 2021). La blanquitud considera a la mujer latinoamericana como “otredad”, un objeto de comercio.

Los feminismos en América Latina, especialmente aquellos que se construyen con un enfoque decolonial, han abordado desde sus luchas históricas la estrecha relación que existe entre el consumo de mujeres (tráfico ilegal y prostitución), con el colonialismo patriarcal; estas prácticas son un ejercicio de dominación que dejan cicatriz en las mujeres latinas que a menudo también enfrentan el abandono del Estado. 

Frente a esto se hace necesario reconocer que la blanquitud se expresa igualmente en lo simbólico: en el lenguaje, la cultura y la representación del mundo en centros y periferias (Garzón Martínez, M. T; 2018), cuando la sociedad en general, y medios de comunicación en particular, abordan las historias de las víctimas, las cifras y los hechos, a través de esta visión de otredad revictimizante. 

Teniendo en cuenta que el Estado colombiano responde a las dinámicas del capitalismo racial como expresión de la modernidad global, es importante reflexionar sobre cómo la presencia de la blanquitud contribuye al incremento de las conductas que constituyen violencia de género (feminicidio, explotación sexual y tráfico de mujeres de todas las edades) al impedir el efectivo acceso a la justicia por parte de las víctimas, quiénes se ven expuestas a este constante ciclo de revictimización.

La blanquitud como expresión del colonialismo patriarcal permea cada aspecto de la vida de las mujeres en Colombia y el resto del sur global; determina para millones de ellas las causas de muerte y señala cómo serán recordadas después de muertas. Enfrentarla implica el reto constante de reconocer el privilegio propio sin olvidar que el patriarcado sigue siendo invisible para muchos y muchas. No es sencillo denominarse feminista desde esos lugares de privilegio blanco, sin embargo, vale la pena entender las luchas de las mujeres más allá de reconocer la igualdad de género. La violencia estructural que se ejerce sobre nosotras se explica a través del estudio interseccional de todas las formas de dominación: patriarcado, Estado y capital.

Agradezco a todas las feministas de las cuales aprendo a diario, especialmente a mi hija quien, a sus 21 años, en su condición de inmigrante latina en Londres, me inspiró a escribir este texto, y quien es además su ilustradora.

Gina Paola Montealegre Linares.

Abogada de la Universidad Surcolombiana. Estudiante de especialización Derecho Público en la Universidad Autónoma de Colombia. Miembro del grupo Lectura Decolonial. Feminista.

Sobre la imagen:

Título: Hiperinvisibilidad. Autora: Ana Sofía Polanía Montealegre. Estudiante de pregrado en Goldsmiths University of London, cursando el programa Historia del Arte. Huilense. Feminista.

  1. Vergès, Françoise, Un féminisme décolonial, París, 2019. Traducción de Pérez Colina, Marisa, España, 2022. ↩︎

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