Hace siete años exactamente, pocos meses antes de la fundación de nuestro medio, La Gaitana Periodismo Independiente, un profesor y un estudiante del Programa de Ciencia Política de la Universidad Surcolombiana viajaron a El Salvador en el marco de una investigación desarrollada en esta Casa de Estudios. ¿El objeto? Determinar los factores que podían determinar el rol de la iglesia católica en procesos de transición política. El Salvador era un destino inevitable: el país centroamericano había sido epicentro de una de las guerras civiles más desgarradoras de la segunda mitad del Siglo XX. La iglesia católica había sido protagonista de esos años atroces: víctima, parte, mediador, todo parecía converger en esos aciagos años.

Hoy, ese docente es el Director General de nuestro medio, y ese estudiante es uno de nuestros más preclaros columnistas en materia de gobernanzas criminales. El entrevistado es hoy uno de los más destacados cardenales de la iglesia de Roma, y uno de los pocos protagonistas vivos de aquellos años de dolor y también de esperanza en el marco de las mesas de diálogo.

En parte por estos motivos, hemos querido «desempolvar» esta entrevista para disfrute de nuestros nuevos lectores. Por respeto a la memoria del medio, la entrevista se conservará exactamente como se desarrolló en mayo de 2017.

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Es 1 de mayo: día internacional del trabajo y apenas han transcurrido pocos minutos después de las siete de la mañana. La Iglesia de San Francisco se ubica sobre la Alameda Juan Pablo II, en el corazón de San Salvador y a pocas cuadras de la plaza cívica y la Catedral Metropolitana de San Salvador, centro espiritual y político del país centroamericano.

Sin embargo, el día festivo mantiene vacías las calles de la ciudad, la Iglesia ni siquiera ha abierto sus puertas, aunque dentro se percibe movimiento. Cuando se nos permite ingresar al interior, encontramos un curioso movimiento frenético pero silencioso a causa de un desperfecto con un automóvil en el costado de la deteriorada parroquia. Varias religiosas se mueven de un lado a otro en respetuoso silencio, pero innegablemente a cargo de la situación está un sacerdote menudo de rostro cetrino y andar pausado pero firme. Quien lo viese, vestido con una sencilla camisa con alzacuello y un pantalón negro sin cruz pectoral a la vista dudaría estar frente a la segunda autoridad eclesiástica de El Salvador, y uno de los testigos privilegiados de la historia de horror y reconciliación que entre los 70’s y hasta avanzada la década de los 90’s sacudió al país.

Gregorio Rosa Chávez tiene 75 años. Desde 1982 es el Obispo Auxiliar de San Salvador y segundo siempre del Primado de Salvador desde la época del mítico Antonio Rivera y Damas, reconocido negociador en las épocas de la Mesa entre la guerrilla del FMNL y el Estado salvadoreño. Pocos saben que es comunicador y que estudió en Bélgica en la emblemática Universidad de Lovaina. Pero también es válido recordar su amistad con el inmolado Obispo (elevado a los altares por Francisco en 2015, Oscar Arnulfo Romero), ya que Rosa Chávez ocupaba la dirección del seminario diocesano en las aciagas épocas en que Romero era el Arzobispo de San Salvador.

Es un hombre menudo, de rostro cetrino, con evidentes rasgos de ascendencia indígena y una solemnidad que parece contrastar con su sencillez, cuando se pierde en sus divagaciones Mons. Rosa Chávez evita mirar a sus interlocutores y prefiere fijar su mirada en sus manos o en la mesa rústica de un pequeño salón al costado de la parroquia en el cual nos atiende durante casi 45 minutos en medio del silencio de la mañana del festivo, que será interrumpido cuando empiecen las acostumbradas manifestaciones de organizaciones sindicales y obreras.

El Cardenal Gregorio Rosa Chávez atiende nuestra entrevista en su despacho parroquial. Fuente: Archivo personal del director.
Gregorio Rosa Chávez

Prof. PACHECO: ¿Cuál era la relación entre Iglesia y Estado en medio de ésta difícil década?

Mons. ROSA CHÁVEZ: Es interesante que, durante el tiempo del conflicto, casi 40 años, no tuvimos modelo democrático. Eran juntas militares, gobiernos militares durante 50 años. El primer gobierno civil fue en el año 84 con Napoleón Duarte, demócrata-cristiano. Antes eran todos regímenes militares y decía el Arzobispo Chávez: “estos ojos han visto caer 14 gobiernos en golpes de Estado sucesivos”. El primer gobierno civil fue Duarte que fue quien inició el diálogo por la paz. Y aquí hay una cosa interesante y es que Duarte era muy amigo del Arzobispo del momento Rivera Damas, con ideas profundamente demócrata-cristianas, entonces había una sintonía entre el presidente y el arzobispo. Entonces en tiempos de Monseñor Romero, mataron a los primeros sacerdotes. Uno a las dos semanas de ser Arzobispo, el padre Rutilio Grande. Otro a los dos meses, él joven Alfonso Navarro. Y cuando matan a Rutilio hay un comunicado de prensa, yo lo redacté, por cierto, que se dio en la misa exequial donde se dice que no participarán en un acto oficial si no se aclara el crimen de Rutilio. No se aclaró y nunca él tuvo un acto oficial, nunca. Nunca hubo una bendición de un acto del gobierno o un actor oficial. Entonces eran esas relaciones tensas con el gobierno porque el gobierno estaba matando a tanta gente, incluso sacerdotes. Esa es la época de Romero, una situación difícil. Luego, vino [Arturo] Rivera, aún seguía la guerra cuando Rivera era Arzobispo. Él llegó en el año 83 como arzobispo y murió en el año 94 después de que se firmó la paz y a él le tocó dirigir el proceso de paz durante 5 años, él fue el que dio el camino de la paz en el país, algo que pocos reconocen. Sin él no tendríamos paz. 

Prof. PACHECO: Indudablemente que la división al interior de la Conferencia tenía mucho que ver con las denuncias de, digamos, filtración de la Teología de la Liberación y otros movimientos eclesiales. ¿En las bases de verdad cuál era el diagnóstico? ¿Cómo jugó la Teología de la Liberación en la vida de la iglesia en esos momentos?

Mons. ROSA CHÁVEZ: Aquí digamos hay que recordar el momento pre-revolucionario que se da lugar en los años 70. Comenzaba esta Teología con una gran efervescencia en el continente y aquí llegó, influyó grupos y la idea surge de grupos más bien de la iglesia. De gente de secundaria, universitaria que al ver cómo estaba la situación comenzó a estudiar y muchos decidieron ir a la lucha armada. Por eso cuando hubo el diálogo fue fácil entenderse con los guerrilleros, había una base ética que permitía tocar temas de fondo, no solo militares.

Entonces del grupo surgen como grupos abiertos, surgen 4 o 5 grupos abiertos, después tienen un brazo armado que finalmente se unen en un solo grupo que es el FMLN que eso fue muy posterior. Entonces hay digamos grupos, élites en esa perspectiva y hay un pueblo que se va concientizando, campesinos y obreros que se organizan también y se unen a un resto de grupos abiertos, que luego van a tomar las armas. Entonces la reflexión teológica y bíblica está tomada del éxodo, básicamente, y de algunos teólogos de la liberación, pero no había digamos un estudio sistemático del tema. La iglesia digamos tuvo que ver con la politización de muchos fieles, de la radicalización de mucha gente de la iglesia, sacerdotes y laicos bien metidos en este tema, en una probabilidad de opción política no eclesial. Eso generó muchas tensiones. Monseñor Romero trató de acompañar a estos grupos, como consta en sus escritos. Los obispos condenaron esto, tanto que el famoso hecho de San Vicente que el obispo expulsó a los sacerdotes, digamos, excomulgó y los acogió Monseñor Romero acá en la Arquidiócesis. Luego fue asesinado –un sacerdote- en vísperas de la muerte de Romero en la iglesia de San Vicente precisamente, de donde había sido expulsado. De modo que esta fue la forma en la que se vivió este movimiento de la teología de la liberación. 

Prof. PACHECO: El número de víctimas que la iglesia aportó a la guerra fue alto, ¿usted cree que eso incidió positiva o negativamente en el papel que jugó en el proceso de diálogo? 

Mons. ROSA CHÁVEZ: El diálogo lo inició precisamente Monseñor Rivera y Damas. Hay que decir que este país a veces tuvo una herramienta básica que fue su Oficina de derechos humanos. Era la única oficina objetiva y el tema era la paz se esculpió sobre la verdad, ese era el lema de la oficina. Por lo tanto, abierto a todo el dolor humano sin pensar de qué grupo o de qué parte está la víctima o el victimario, esos archivos fueron completos en temas de derechos humanos, más objetivos. Estos informes fueron la fuente principal de la Comisión de la Verdad. Esto es importante porque esto no pasó en Colombia. Colombia no tuvo esta herramienta. Una herramienta fue el contacto con la gente cada domingo en la homilía dominical y en la conferencia de prensa, o sea formar la opinión pública en el sentido bestial, eso fue un impacto fundamental y esta fue herencia de Monseñor Romero. Y este punto es básico, lo hemos hablado con los obispos varias veces que me invitaron. Sin estas cosas no hubiéramos tenido el proceso de paz que tuvimos. 

Cada domingo la iglesia analizaba la realidad del país, la coyuntura. Si usted ve las homilías al final decíamos: “hechos de la semana” y ahí venía el análisis de la coyuntura. Está por escrito. Dialogamos con la prensa. Entonces eso se preparaba cada sábado con los informes, el de derechos humanos y el de coyuntura. Con eso nosotros tomábamos posición el domingo. Entonces se iba generando una corriente de opinión cristiana, de cómo afrontar la violencia y abrir el camino al diálogo. La iglesia propone el diálogo antes que nadie y el papa habla de diálogo en el año 83 porque era el tema de la jornada de ese año. Eso fue muy importante, que el papa planteara el diálogo como único camino correcto para la paz. 

El año siguiente se daría el primer diálogo con Duarte. Aquí hay una anécdota importante, cuando Duarte va a la ONU, a la asamblea general en el año 84, manda a su canciller a que hable con el Arzobispo Rivera y le diga: “voy a invitar al diálogo en la ONU, quiero que la iglesia prepare ese diálogo”. Este es el diario de Monseñor Rivera y dice que al principio está de acuerdo. Hace el llamado Duarte en la ONU al diálogo, sorprende a todo el mundo, la iglesia se reúne, bueno nos reunimos y elegimos a Rivera como el mediador. En ese momento las palabras no eran tan técnicas como después y comenzamos como intermediarios, facilitadores, aun no siendo mediadores porque en una mesa, cuando la mesa se traba, hay que proponer ideas. Recién era eso y eso le tocó a la iglesia muy prontito hacer eso. 

Pero insisto que estas dos herramientas –la homilía y la oficina de derechos humanos- fueron fundamentales para que hubiera credibilidad total. De hecho, conversábamos y alguien se molestaba porque se tocaban sus intereses, pero la iglesia se mantuvo muy objetiva. Nosotros preparábamos la homilía con Monseñor Rivera y a veces había temas delicados y él decía a veces: “por esta nos pueden matar, pero la tenemos que decir”. Me decía a veces: “le va a tocar a usted”, nos turnábamos para la homilía, una vez él y otra vez yo. Todo eso está escrito, lo que dijimos. Pero qué importante fueron esos elementos para arrancar el proceso de paz. 

La iglesia en El Salvador tiene una multiplicidad de colores y riqueza ideológica que hace difícil comprender el fenómeno. Fuente: Archivo personal del director.
La iglesia en El Salvador tiene una multiplicidad de colores y riqueza ideológica que hace difícil comprender el fenómeno. Fuente: Archivo personal del director.

Prof. PACHECO: ¿Qué papel jugaron comunidades y organizaciones de la iglesia religiosas en ese momento ya cuando inicia el diálogo?

Mons. ROSA CHÁVEZ: Digamos, como había una formación de la opinión pública, la gente de la arquidiócesis de San Salvador había entendido que ese era el camino y estaba apoyando con su oración, etc. Algunos más militantes, digamos. Pero en general estaban de acuerdo y apoyaban el diálogo. Y era obvio por que ver tú muertos todos los días, ver lo que hacían los escuadrones de la muerte, pues invitaba a que se termine de una forma civilizada. Entonces no fue muy difícil que la gente se mostrara favorable al diálogo. 

Prof. PACHECO: ¿Y firmados los acuerdos, ¿cuál cree que fue la principal tarea de la iglesia en el proceso de reconciliación posterior? 

Mons. ROSA CHÁVEZ: hay una anécdota del domingo siguiente a la firma de la paz, porque la prensa nos buscaba todos los domingos, otro elemento que hay que recalcar: el papel de la prensa. En el caso salvadoreño, casi todos los medios estaban de acuerdo con la postura de la iglesia. Pero hubo combate frontal como hubo en tiempos de Monseñor Romero. Aquí había una posición favorable de la prensa en general, eso fue importante. Y la prensa extranjera que estaba pendiente de que pasaba acá. Entonces el trabajo fue sentido mucho menos complicado. 

Prof. PACHECO: ¿Qué papel jugó la iglesia después de la firma? 

Mons. ROSA CHÁVEZ: A eso quería llegar. Llega la prensa a la catedral y después de misa le preguntan al arzobispo: ¿y ahora que va a hacer la iglesia? Como diciendo: “ya se acabó el trabajo”. Monseñor Rivera sonrió y dijo: “nos toca ahora el desafío de la reconciliación”. Esa frase fue clave porque embarcó la ruta de nuestra iglesia: la reconciliación de un país que ha estado en guerra 12 años con más de 80.000 muertos. Hubo una carta pastoral sobre el tema, se llama “Reconciliación y Paz” que era un marco para ese trabajo, solo que estaba un sector muy pero muy superficial. Aún está pendiente ese trabajo, pero la pauta era esa, porque vino la amnistía que no permitió juzgar los crímenes de la guerra y yo recuerdo el momento en el que se presenta el informe de la Comisión de la Verdad, que fue en el 93 y en ese momento el gobierno rechaza el informe. La Corte Superior de Justicia en pleno rechaza a los militares también, y el presidente decreta la amnistía inmediatamente después. Recuerdo cuando hace el discurso a la nación y dice: “ya firmamos la paz, estamos reconciliados, pasemos la página, miremos hacia delante.” Esa fue la postura del gobierno, o sea, perdón y olvido. Esto no era un esquema del trabajo de la iglesia de cómo era la paz. Nuestros factores eran verdad, justicia, perdón. En ese momento solo usábamos 3 palabras, después se usaban 5. Entonces había en la iglesia un debate sobre cuál era el camino correcto y gente muy cualificada en las dos posturas, pero en el 97 el papa publica el mensaje a la paz con el tema “Ofrece el perdón, recibe la paz”. 

Y ahí plantea claramente que no se puede prescindir ni de la verdad ni de la justicia. Ese era un mensaje clave para nosotros porque zafó la discusión en la iglesia. “No podemos olvidar, no debemos olvidar” decía el papa Juan Pablo II y esa frase era tan importante. No podemos olvidar. Viene el elemento tercero que es “hay que politizar la memoria”. Este concepto es nuevo, surge en ese mensaje. Después lo trabaja Ratzinger por orden del papa. Y es un tema clave para el momento después de la guerra. Cómo politizar la memoria, o sea, como hacer que lo que pasó no me impida avanzar. Y entonces la tesis era: hay que perdonar para que venga la paz, pero después de que se ha hecho un proceso de verdad, justicia, perdón, reparación, como dicen ustedes los colombianos, ¿verdad? Entonces en este esquema estamos ahora, ya que es un esquema encarnado en la iglesia, solo que, repito, estamos bastante lejos de la meta y hemos perdido el impulso inicial porque hasta hace poco se derogó la ley de amnistía, el año pasado se derogó y ha permitido reabrir el caso como el de la masacre de la UCA, etc. Entonces legalmente no podíamos hacer nada. Hoy ya se puede hacer, y ese trabajo supone ir a los documentos que tenemos nosotros en nuestro archivo. Los únicos que tenemos argumentos claves somos nosotros, por tanto, estamos en un momento nuevo del proceso de El Salvador. 

Prof. PACHECO:  25 años después de la firma, ya al tenor del tiempo, ¿ven que valió la pena todo ese trabajo? ¿Cuáles son los errores que se pudieron no haber cometido en aras del papel de la iglesia en la negociación? 

Mons. ROSA CHÁVEZ: Hay que ver un poco el contexto. Recordemos el conflicto este-oeste como trasfondo que polarizó totalmente la sociedad. Recordemos cómo cambia todo en el 89 cuando cae el muro, y dicen ustedes: “este es el idioma de la paz”. Recordemos toda la efervescencia revolucionaria en toda América Latina y toda la represión brutal que se dio en la cuestión de la ideología de la Asamblea Nacional: el comunista está bien si está muerto y cualquier izquierdista es comunista. Y por eso es que mataron sacerdotes, muchos catequistas y gente de la iglesia. Entonces en su país tiene 2 partidos en este momento opuestos en su ideología que deja el país paralizado porque el de derecha no va a dejar gobernar. No hay un clima de diálogo, de concertación. Ese clima queremos recuperarlo, hay instrumentos para ello, la ONU está haciendo esfuerzos. Pareciera que todo patina, pero ahí vamos avanzando porque si no salimos de esto, todos perdemos. Estamos obligados a entendernos una vez más como pasó con este tema de la guerra. 

Pero en este momento en la lucha de la desesperanza, mucha tristeza en la gente porque las raíces del conflicto no han sido tocadas y en eso insistía Rivera Damas. Él tenía dos parábolas que son muy gráficas. Una era la parábola de la casa en llamas y dice: “la guerra es como una casa que se ha incendiado, como una casa en llamas. ¿Qué se hace cuando una casa está en llamas? Lo primero es ayudar a las víctimas del incendio, segundo apagar el incendio, tercero ver como se hace para que no se repita el incendio. Ya aplicado lo primero que es ayudar a las víctimas que son los refugiados, los desplazados, las viudas, los huérfanos. Segundo, el incendio se apaga con el diálogo y tercero: las causas, ahí está la injusticia estructural.” Y la segunda parábola que dice: “hay tres raíces de la guerra: una es la raíz ideológica –conflicto este/oeste- aquí se disputaban los intereses de las grandes potencias. Segunda raíz, la injusticia estructural profunda, que aún sigue esa raíz intacta. Tercero, las ideologías de cada grupo, por un lado, el marxismo y por otro la seguridad nacional.” 

Entonces, después de que se firma la paz, digamos que ya la ideología está en crisis, pero la más profunda sigue intacta. Hoy se va a ver eso con las marchas del día del trabajo, por el clamor de los trabajadores ante la injusticia que sigue sin haber sido erradicada. Entonces el futuro está ligado a que haya más democracia en el sentido profundo de la palabra y en que haya políticas sociales adecuadas y de que se ataque todo el tema del cambio de estructuras. Sino vamos a tener otra guerra como la que existe con las pandillas juveniles que es más complicada que la que hemos tenido. 

El fenómeno Bukele no podría entenderse sin la desazón que vino por parte de la ciudadanía dos décadas después del Proceso de Paz. Playa del Tunco. Fuente: Archivo personal del Director.
El fenómeno Bukele no podría entenderse sin la desazón que vino por parte de la ciudadanía dos décadas después del Proceso de Paz. Playa del Tunco. Fuente: Archivo personal del Director.

Prof. PACHECO: ¿Y qué salidas se ven a ese nuevo fenómeno? 

Mons. ROSA CHÁVEZ: La iglesia está en la propuesta que va a hacerse pública pronto y es que primero este fenómeno está ligado a la guerra. Estos son hijos de la guerra. Está ligado a una crisis de la familia. Tenemos niños muy débiles en el país porque la migración forzada debilita familias. Se va el papá, la mamá y quedan los hijos ahí a la deriva. Todas las propuestas que se han intentado tocan a una gente, jóvenes, niños, mujeres, pero casi ninguna toca la familia como núcleo. La iglesia quiere hacer un plan de trabajo de 3 años. Construir la paz desde la familia. Esa es la visión. Y aquí entra otra imagen que es la de la pecera, esa me la inventé yo. Fui a Alemania y visité una escuela de niñas que ayuda a una escuela de acá de El Salvador. Y había una pecera grande en el auditorio, con peces muy lindos y dije yo: “¿qué pasaría si el agua de esa pecera está contaminada?” Todas contestaron: “se mueren los peces, se enferman los peces”. Así está el agua aquí en El Salvador. En mi país está muy contaminada el agua que se respira por la pobreza, la violencia intrafamiliar, la falta de oportunidades, la migración. Entonces hay que cambiarles el agua a los peces, esa es la tesis. Cambiemos el agua a los peces. Esto supone trabajar dentro de la familia. 

La verdad es que necesitamos que haya diálogo, que haya comunicación, que no haya violencia intrafamiliar, que haya lo necesario para tener una vida digna. De ahí se parte para un montón de cosas. Por cierto, hay un ejemplo bonito en la parroquia Muy Viva donde fui a confirmar y me dice la catequista después de la misa que habían logrado que en su sector las pandillas no molestaran a la gente, no la extorsionaran. Pero la historia ha mostrado que las familias de esos pandilleros tienen muchos problemas internos, tienen mucha violencia. Ahí queremos intervenir, interesante. Esa es la idea que tenemos nosotros como una propuesta radical para vencer el tema de las pandillas que es un tema complicado porque se le van hartos jóvenes al crimen organizado. 

Esdt. SILVA: ¿Qué papel juega el modelo económico en el cambio del agua de la pecera? Haciendo la analogía…

Mons. ROSA CHÁVEZ: En esta perspectiva la iglesia ha trabajado intra-eclesialmente, es decir que hay gente muy activa que visitan las casas, pero no tenemos incidencia en la sociedad. Esta propuesta pretende que la familia tenga incidencia. El proyecto tiene una visión el aliarse con los gobiernos locales, con la red de ONG’s local como ideal. De modo que haya una sinergia global. Por ahora tú tienes tu parroquia, muy bonita, tus jóvenes, pero esos jóvenes no están conscientes de su rol en la sociedad. Hoy el papa fue a la Acción Católica, les dijo “métanse en política, pero la política con mayúscula, de la buena”. De hecho, la Acción Católica formó aquí los mejores cuadros que hemos tenido en la historia y ya se están acabando. Hay que formar nuevos dirigentes y el papa lanzó un grito fuerte en esa línea hoy en el Vaticano y de paso publicó una carta “El papel del laico en la sociedad”. El laico que vive su fe en la educación, la política, la cultura, la economía. Así como cambian las estructuras. Por ahora hemos hecho un trabajo nosotros en la gente que se convierte, pero no es una conversión social. No trasciende eso en la vida concreta. La política es como una cosa privada y ese es el gran error que tenemos en América Latina. El político va a misa los domingos, es amigo del obispo y después en su vida pública es un desastre. Decía Romero: “son católicos de misa dominical y de semanas injustas.” 

Así decía él. Así que creo que el futuro pasa por formar la conciencia de los laicos y esa carta del papa del año pasado es fantástica, larga, muy pesada. Pensada para América Latina. Escrita para América Latina. Se encuentra en internet poniendo “Laicos en la vida pública, papa Francisco”. Y aquí tenemos esa gran carencia. Aquí estuvo un excanciller colombiano –Augusto Ramírez Ocampo-  y él hizo un gesto muy lindo. Vino aquí y la prensa lo rodeó como moscas que rodean la miel y fue al arzobispado como primera visita. Lo atendimos y le preguntan: ¿por qué está usted aquí? Y responde: “he venido a buscar inspiración”. Esa frase fue maravillosa. Hizo un trabajo muy lindo acá y nunca se salía de esa convicción: la iglesia es la que ha inspirado aquí a la gente a generar las mejores soluciones, gracias a Monseñor Romero. 

Dijo Romero: “Me alegra que la sangre del sacerdote se haya untado con la sangre del pueblo” 

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De izq a der: David Silva Ojeda, Gregorio Rosa Chávez y Luis Fernando Pacheco (mayo 01 de 2017). Fuente: Archivo personal del director.
De izq a der: David Silva Ojeda, Gregorio Rosa Chávez y Luis Fernando Pacheco (mayo 01 de 2017). Fuente: Archivo personal del director.

Esta entrevista se publicó por primera vez en el antiguo portal de nuestro medio en el año 2018.

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