
Editorial
La Gaitana cumplirá en el próximo mes de noviembre siete años de existencia. Mirar hacia atrás implica comprender lo difícil que ha sido la tarea de mantenernos a flote. Este medio surgió como una iniciativa de análisis preponderantemente académico en los esperanzadores tiempos que siguieron a la firma del Acuerdo de Paz del Teatro Colón entre la guerrilla de las FARC y el Estado colombiano. Nacimos como una apuesta de paz dialogada, sin edulcoramientos, ni “fe del carbonero”. Es decir, críticos, pero convencidos de que el diálogo es la única y real apuesta segura a la construcción de una paz positiva en términos del académico noruego Johan Galtung.
Muchos sucesos han ocurrido desde el nacimiento de esta apuesta, Santos terminó su gobierno y fue sucedido por el heredero de una apuesta militarista que encarnaba el propósito de “hacer trizas los acuerdos de paz”. Luego vino la pandemia del COVD-19 y sus sucesivos confinamientos que transformaron las relaciones sociales, laborales y académicas. En 2021 el país siguió a otros estallidos sociales de la región, y Colombia, que no se quedó atrás, vivió su mayor movilización social desde el histórico Paro Cívico de 1977. Luego, las elecciones de 2022 consolidaron por primera vez la opción de un gobierno de izquierda en el país, en cabeza de Gustavo Petro, militante en su juventud de la guerrilla del M-19. A casi dos años de la llegada de Petro al poder el sabor es agridulce en materia de equidad, reducción en las brechas y violencias de género, seguridad y estabilidad económica.
A siete años, y con dificultades por sacar adelante un proyecto independiente donde nuestros productos den cuenta de la calidad del trabajo que hacemos, seguimos firmes en la promesa de construir análisis y opinión independiente con un insumo del cual nos sentimos especialmente orgullosos: la calidad de quienes escriben en La Gaitana. Académicos de especial prestigio, reconocidas organizaciones en la defensa de los derechos de las mujeres, historiadores y juristas de talla regional, así como invitados especiales nacionales e internacionales de reconocimiento en sus diferentes campos de estudios mantienen nuestro proyecto de dialogar sobre los principales temas de la agenda regional, nacional e internacional.
«…seguimos firmes en la promesa de construir análisis y opinión independiente con un insumo del cual nos sentimos especialmente orgullosos: la calidad de quienes escriben en La Gaitana. Académicos de especial prestigio, reconocidas organizaciones en la defensa de los derechos de las mujeres, historiadores y juristas de talla regional, así como invitados especiales nacionales e internacionales de reconocimiento en sus diferentes campos de estudios mantienen nuestro proyecto de dialogar sobre los principales temas de la agenda regional, nacional e internacional«
Sin embargo, no es un secreto los retos que enfrenta el periodismo en la actualidad. La crisis de los medios es una realidad desde hace más de una década, en nuestra misma región crecen y pululan perfiles en redes creados sin ningún rigor y con el único objetivo de generar opinión inducida, a favor de determinados personajes y sin ninguna reflexión sobre la ética que implica nuestro oficio. A lo anterior se suma, una importante crisis financiera que se convierte en obstáculo a la sostenibilidad de este tipo de proyectos, mientras la desinformación, los bulos, la censura y la falta de rigor campean donde otrora se levantara el trabajo de un noble oficio. Esto sin mencionar el riesgo que corren la vida de periodistas, particularmente en nuestra región, y específicamente en países como México y Colombia.
En medio de este aciago panorama vale la pena preguntarse, ¿por qué debemos continuar en esta importante tarea? Más allá de defender la nobleza de este bello oficio, la respuesta la debemos hallar en el imperativo moral de generar conciencia en nuestra sociedad, de creer en la “mayoría de edad” que, en términos kantianos, ha de sostener cualquier democracia. En otras palabras, esta es una apuesta por formar sociedades críticas que “no traguen entero”.
Las democracias se hallan en particular estado de peligro. Democracias trascienden a autocracias y luego a dictaduras: Cuba, Venezuela y Nicaragua son claros ejemplos de ello como lo destacan índices de estabilidad democrática de probada legitimidad. Pero, al mismo tiempo ascienden regímenes irónicamente revestidos de términos asociados a la libertad como el de Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador, así como múltiples ideologías radicales antiinmigrantes y en contra de derechos básicos en países de los que nunca hubiésemos sospechado: Francia, Alemania o Italia, como lo han demostrado las recientes elecciones para el Parlamento Europeo. Mientras tanto las democracias juzgan con severidad a aquellos regímenes de tendencia ideológica adversa y callan o justifican a sus socios comerciales o militantes. Esa vara flexible puede ser aplicada el día que el Estado de Derecho amenazado sea precisamente el nuestro.
Este panorama nos obliga a mantenernos firmes desde los medios; no importa si hablamos de grandes conglomerados empresariales o proyectos que como el nuestro navegan contracorriente y desde el total compromiso de quienes cooperan para ellos. Esta es la razón por la cual en este 2024 hemos continuado con nuevos bríos en este sueño que ya cumple siete años: no hay otra gratificación que el tratar de hacer las cosas correctamente sin servir de tapadera a ningún político o interés económico. Nuestro real interés es el bienestar de ustedes, los lectores. A cambio solo les pediremos que sean críticos con cada contenido mediático o comunicativo que consuman, incluidos los nuestros.
Hoy las gestas de la Cacica Gaitana han de ser contra las tropas de la desinformación y los intereses particulares y acomodaticios.
