Imagen: Tumba de la cantautora chilena Violeta Parra en el Cementerio Metropolitano de Santiago. Archivo privado del director.
Imagen: Tumba de la cantautora chilena Violeta Parra en el Cementerio Metropolitano de Santiago. Archivo privado del director.

El miedo a la muerte es uno de esos monstruos que habitan en nuestras ciénagas interiores. Y, aunque tal miedo no sea “plato de buen gusto”, el hecho de mirarlo de frente para más tarde abrazarlo nos permite caminar con el alma un poco más desnuda y el corazón más abierto.

Miedos y resistencias a la muerte, EDTe.

¿Es la muerte un aprendizaje sociocultural que se adapta a la cultura en la que crecemos y vivimos? Nuestra experta, la profesora Juliana Jaramillo aborda esta posibilidad en dos entregas. Disfrute esta primera parte y espere el próximo martes 25 de junio su conclusión.

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Para empezar, y antes de abordar el núcleo problémico de este escrito, el miedo a la muerte, quiero dedicar unas líneas a una pregunta esencial para todos los humanos: ¿Qué es el miedo? Lo responderemos desde un ejercicio reflexivo-argumentativo basándonos en un valioso texto de la Escuela Española de Desarrollo transpersonal (EDTe) denominado Miedos y resistencias a la muerte publicado en el año 2023. 

El miedo hace referencia a una emoción primaria, que se deriva de un natural rechazo a las amenazas o riesgos, y que se encuentra presente en todos los animales. Esta emoción se desencadena cuando percibimos una amenaza o un peligro, sea estos reales o supuestos, presentes, pasados o futuros, y su máxima expresión es el terror y el pánico.  Toda emoción, asegura la EDTe, busca colocarnos en movimiento y activar un sensor interno, es decir, cada emoción nos señala algo a lo que debemos colocar nuestra atención para entender e interpretar aquello que está sucediendo. En ese sentido, la escuela utiliza una expresión bastante ilustrativa:  Las emociones actúan como “luces de neón”.

Estas “luces” sirven de alerta gracias a la reacción bioquímica del cuerpo, pero cuando la proporción del miedo se adecua o está en correspondencia con el estímulo, podemos decir que el miedo es real, y por supuesto útil para asegurarnos nuestra supervivencia, pues nos ayuda a colocarnos a salvo. Si no sintiéramos miedo, estaríamos totalmente vulnerables y expuestos al peligro.  El miedo se encuentra fuertemente vinculado con la muerte y con la vida, y nos prepara para responder con tres reacciones posibles:  huida, enfrentamiento, o paralización-congelación.

Nos aclara la EDTe (2023) que no todas las amenazas ante las cuales reaccionamos con miedo son reales, muchas de ellas son aprendidas culturalmente, o son temores que persisten ante un peligro pasado o subjetivo que nada tiene que ver con el presente. Este tipo de miedo, percibido como limitante, nos bloquea y no nos permite gestionar el día a día, nuestra cotidianidad, pues, aunque sea una amenaza subjetiva o real desencadena en nuestro organismo las reacciones mencionadas en el párrafo anterior.   Esta emoción se convierte en desadaptativa, nos somete a un modo de supervivencia, con una sobrecarga de estrés y ansiedad, algo que en el texto se equipara al miedo neurótico de Freud en su teoría del miedo.

Ahora sí, con este preámbulo, adentrémonos en el miedo a la muerte; los autores nos dicen que este es alimentado por los mitos y las leyendas urbanas, impregnándose de una realidad bastante distorsionada sobre el final de la vida, sobre todo cuando se acude a relatos y narraciones tenebrosas, oscuras, peligrosas, que lo único que acrecientan es el temor hacia algo que debe ser percibido con naturalidad, aceptación y serenidad.  Percibir el final de forma natural nos lleva a comprender nuestra condición finita e impermanente, o como dicen los autores: “… vivir implica una continua despedida. Morimos un poco cada día desde que nacemos”.  (EDTe, pág. 7). 

«El miedo a la muerte es un reflejo de uno de los mayores temores ancestrales del ser humano. Vale la pena detenerse en aquellos aspectos (seguramente no consientes), en que se asienta este temor»

El miedo a la muerte es un reflejo de uno de los mayores temores ancestrales del ser humano. Vale la pena detenerse en aquellos aspectos (seguramente no consientes), en que se asienta este temor. La bibliografía experta menciona seis, de los cuáles el día de hoy abordaremos dos y en nuestra entrega próxima del 25 de junio exploraremos los restantes.

En primer lugar, el miedo a la extinción. La muerte nos confronta con la pérdida de la identidad personal, y a mayor identificación con el constructo-yo, mayor será el drama de la despedida o del acercamiento al final de la vida.  A La identidad personal, o el ego, definido por los autores como el centro psicológico operativo, le podemos otorgar el sentido de identidad, y creemos que todo debe y puede estar bajo su control, nos aferramos a preservar el sentido de esa identidad a toda costa, generándonos sufrimiento, pues desconocemos nuestra verdadera naturaleza (ser finitos y mortales).  Como posible solución a este drama que el ego nos presenta, no se nos aconseja “matarlo”, sino trascenderlo, a través de lo que los sabios y los místicos denominan: “interiorización silenciosa”. Se trata de develar esa capa de los lentes “egoicos” que nos impiden ver la vida en su plenitud. 

Esta interiorización silenciosa debería ser trabajada en las aulas de clase, desde niveles tempranos, es decir, desde preescolar hasta el final de la escuela secundaria, por lo menos.

En segundo lugar, subsiste un miedo a lo desconocido.  Los humanos nos resistimos al cambio, por el temor a lo desconocido, y, por tanto, ese gran salto hacia el infinito que constituye la muerte se nos presenta como la experiencia más aterradora.  Se nos aconseja: “abrir la mano y practicar el soltar” (EDTe, pág. 11). A menos identificación con el yo-persona, como único centro de referencia, mayor apertura a la vida tendremos; agarrar y soltar como ejercicio de confianza para estar seguros de que lo que va a sucedernos siempre será la mejor opción.  Nuevamente, reflexiono, ¿cuál debe ser el papel del sistema educativo, en la formación hacia la incertidumbre, lo desconocido, lo impredecible…?;

La soledad es un estado que genera rechazo en nuestra sociedad, es algo a lo que se le teme. Se nos aconseja desde temprana edad estar rodeados de gente, de ruidos y acallar el silencio. Todo esto son aprendizajes sociales que deberían ser deconstruidos en el proceso de formación, dentro del sistema educativo.

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La segunda parte de este artículo la puede leer aquí.

Referencias Bibliográficas

Escuela Española de Desarrollo Transpersonal, EDTe (2023).  Acompañamiento en procesos de duelo y muerte:  Miedos y resistencias a la muerte.  Páginas 1-21 

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Este artículo se publicó primero en CONTINUO EDUCACIÓN y se puede consultar su primera versión en: https://continuoeducacion.co/el-miedo-a-la-muerte-es-un-aprendizaje-socio-cultural/ Se publica bajo expresa autorización de la autora y se invita a visitar su página web para conocer otras interesantes publicaciones. 

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