Las voces de esta enfermedad. Imágenes de los archivos de la columnista con autorización de quienes allí aparecen.
Las voces de esta enfermedad. Imágenes de los archivos de la columnista con autorización de quienes allí aparecen.

Por:        María Castrellón Pardo – Columnista invitada.

Cuando era pequeña, mi mamá solía ponerme unos saquitos de lana roja cuando tenía tos. Los tejía María Teresa, una vecina que vivía detrás de mi casa. A veces se le veía cansada, pero siempre sonreía. Recuerdo perfectamente el día en que mi mamá me dio la noticia de que había fallecido, y recuerdo haber pensado cuánto extrañaría sus saquitos. Para entonces, no sabía con certeza qué era el cáncer, pero intuía que debía ser algo grave, pues se había llevado a María Teresa. Mi bisabuelo Lucho consideraba muy importante compartir artículos sobre los avances científicos para curarlo o prevenirlo. En mi inocencia, me preguntaba cómo podría hacer algo al respecto, y lo que fue un simple cuestionamiento de mi niñez terminó marcando mi camino profesional, pues decidí especializarme en psicooncología, una rama de la psicología que se ocupa de brindar apoyo emocional a los pacientes con cáncer y sus familias.

Hoy, en el Día Mundial contra el Cáncer, los medios publicarán información sobre formas de detección temprana. Algunos hablarán de las alarmantes cifras, no solo en Colombia, sino en el mundo. En mi caso, me tomaré un momento para honrar a los cientos de pacientes que he tenido la oportunidad de acompañar. Lo haré compartiendo los casos de algunos de ellos que ya no están con nosotros, de otros que están en tratamiento activo y de otros que son sobrevivientes, haciendo la salvedad de que en su momento ellos me autorizaron a compartir lo que aquí voy a plasmar.

Raúl y Beatriz, 50 años de matrimonio. Juntos atravesaron el cáncer de Raúl, acompañados de sus hijos y nietos. Ese amor de su familia hizo la diferencia en los últimos días de Raúl y ayudó a Beatriz a superar su propio diagnóstico años después.

Yoli, una mujer joven y empresaria que agendaba sus sesiones de quimioterapia con dedicación, se permitió sentir todas sus emociones en el proceso y hoy sigue viviendo con pasión y disfrutando cada momento como una bendición.

Camilo, un joven universitario que supo darle sentido a su enfermedad. Él, su familia y sus amigos llenaron la sala de quimioterapia de música para sanar el alma y su legado permanece. Como me dijo alguna vez, vivió cada día como si fuera el primero del resto de su vida, con esperanza y la certeza de que estaba dejando huella.

Nicolás, un joven deportista y empresario que se comprometió con Camila en medio de su tratamiento, y juntos, en los pequeños detalles, lograron amarse hasta el final demostrándose que el amor siempre encuentra la manera.

Lili, María Cristina y Olga… Mamás que se encargaron de sacar provecho a cada segundo para construir memorias que pudieran quedarse por siempre en el corazón de sus pequeños.

Pili, una colega que utilizó su propia vivencia para ayudar a otros y apoyó a su familia para seguir adelante sin ella.

Astrid, una mamá que inesperadamente perdió a su hijo por cáncer y que convirtió su duelo en un camino de amor y resiliencia.

Leyla, Martha, Rosa, Rita, Pilar y Lea, sobrevivientes llenas de valentía que hoy abogan por los derechos de otros pacientes.

Finalmente, quiero mencionar a cuatro personas que son los casos más cercanos de cáncer en mi vida: mi abuelita que antes de partir me dijo que no me olvidara que venimos al mundo a aprender y hacer el bien, a mi abuelito que vino en navidad a conocer la nieve junto a mis hijos, mostrándome que nunca es tarde para cumplir nuestros sueños y mis suegros que luego de haber vivido el proceso de mi suegra hace unos años ahora se preparan para enfrentar juntos el tratamiento de mi suegro.

Estos casos tienen nombres propios, pero podrían ser los de ustedes o los de sus familiares. Si les preguntara si han tenido un caso cercano de cáncer, muy seguramente la mayoría respondería afirmativamente. Detrás del cáncer, hay una experiencia humana, hay personas de carne y hueso, con historias, con sueños y realidades que merecen ser vistas.

Es por eso por lo que las cifras importan, es por eso por lo que no hay que pasar por alto los mensajes de prevención y las medidas de detección temprana. También es por ello por lo que hago un llamado a acompañar con amor y compasión a quienes ya tienen la enfermedad. Es por eso por lo que abogo por una atención centrada en la persona, en la que los profesionales de la salud podamos tener una mirada integral de nuestros pacientes, con sus miedos, ilusiones, alegrías y tristezas, sabiendo que ellos son los protagonistas de su historia y que nuestra misión es usar nuestro conocimiento, pero sobre todo nuestra humanidad, para atenderlos.

No hablamos de algo lejano, hablamos de una realidad que en algún momento puede tocarnos de alguna forma y que necesitamos resignificar como sociedad. A mis pacientes y sus familias los veo y los veré siempre como maestros de vida cuyo legado permanece. Cada uno de ellos me ha enseñado algo, pero sobre todo me ha demostrado que el cáncer no es una batalla que se pierde o se gana sin una experiencia de la que siempre se aprende. En ese camino, se vale pedir ayuda, se vale sentir y, finalmente, con cáncer o sin cáncer, se vale vivir la vida de principio a fin.

Sobre la autora…

María Castrellón Pardo es psicóloga especialista en psicooncología y cuidado paliativo. Coordinadora de investigación en la Universidad de Calgary​, ​ certificada en investigación orientada al paciente y participación comunitaria​, promotora de habilidades de comunicación para profesionales de la salud y atención centrada en la persona.

Sobre la imagen: La fotografía pertenece al archivo personal de la Dra. Castrellón y su uso ha sido debidamente autorizado por quienes allí aparecen.

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