
Con el fortalecimiento de discursos de odio desde diversos escenarios a nivel político y mediático, también avanzan iniciativas desde diferentes instituciones y empresas en contra de la diversidad, la equidad de género y la inclusión. Esto ocurre, bien sea mediante posturas abiertamente difundidas o con la restricción de recursos y programas que buscaban promover estos principios.
Ante este panorama, cabe preguntarnos: ¿por qué es importante la voz de las mujeres? Y no solo nos referimos a las voces de mujeres que ejercen el periodismo, que desde distintos espacios investigan, analizan y comunican la realidad frente a la cámara, el micrófono o el papel, incluso arriesgando su integridad. Hablamos también de aquellas que son entrevistadas y que, con el peso del trabajo de cuidado, mayoritariamente no remunerado, sostienen la economía, dedicando a estas tareas 2,5 veces más tiempo que los hombres, cuyos relatos son testimonios de resistencia cotidiana que contribuyen al desarrollo de la sociedad. Nos referimos a las mujeres que participan como fuentes de información y voces expertas en sus campos, cuyas palabras, investigaciones y enfoques ponen en evidencia problemáticas ignoradas por mucho tiempo, como la salud de las mujeres o la brecha salarial. Y hablamos, por supuesto, de todas aquellas que, autodenominándose feministas o no, desafían estereotipos de género, cuestionan los prejuicios machistas o denuncian la normalización de las violencias.
Y es que muchas veces es desde la periferia, desde lo extraoficial, donde se mantiene el compromiso de contrarrestar esos discursos de odio. Porque, aunque los pronunciamientos “anti-woke” de algunas empresas e instituciones no siempre se reflejan en cambios reales en la ejecución de proyectos o iniciativas, sí generan un silenciamiento alrededor de estos temas. El miedo a involucrarse en debates políticos, a que se les acuse de adoctrinamiento o a arriesgar su imagen y perder apoyo, los lleva a evitar cualquier mención. Estos silencios también son parte del problema.
No se trata solo de contar con políticas que suenen incluyentes y estén solo en el papel (un problema histórico en la implementación de enfoques diversos), sino de evitar el otro extremo: que, aun existiendo prácticas que contribuyen a la disminución de brechas, estas sean invisibilizadas o silenciadas. Como dijo la escritora y activista Audre Lorde: «Mis silencios no me habían protegido. Tu silencio no te protegerá. Pero con cada palabra real que dije, con cada intento que hice de hablar sobre esas verdades que aún busco, establecí contacto con otras mujeres mientras examinábamos las palabras adecuadas para un mundo en el que todas creíamos, superando nuestras diferencias.»
Por esto, el compromiso de La Gaitana Periodismo Independiente con un ejercicio inclusivo y diverso sigue vigente, manteniéndolo público, amplio y sin reservas, reconociendo el impacto y la responsabilidad de los medios de comunicación y los portales de opinión en la construcción de imaginarios, el acceso a información plural y fundamentada, y la apertura a múltiples voces y experiencias.
Sabemos que no se trata de homogeneizar las voces, sino de reconocer en esa diversidad la base para la construcción de historia, pero sin que la libertad de expresión se utilice como excusa para discriminar, violentar o relegar a algunos grupos sociales. Y aunque no es un camino lineal y los desafíos del ejercicio independiente imponen ciertas limitaciones, seguimos buscando estrategias para superarlas.
Confiamos en que todas las voces dentro del periodismo deben tener el mismo peso, pero esto solo será posible si reconocemos y contrarrestamos las desigualdades históricas que han recaído sobre algunos sectores. Porque la voz de las mujeres transforma el mundo. Porque sin sus voces, el relato del mundo está incompleto.
Sobre la imagen: Monumento a la Gaitana en Neiva. Fiestas del San Pedro. Agradecimientos a Atarraya Films por autorizar el uso de esta imagen desde la fundación del medio.
