Pepe Mujica con universitarios en su chacra de Montevideo. Fuente: Movimiento de Participación Popular (MPP).
Pepe Mujica con universitarios en su chacra de Montevideo. Fuente: Movimiento de Participación Popular (MPP).

Por:                        Eliana Margarita Almario Cachaya.

Primera parte

Hay voces que no necesitan estridencia para estremecer al mundo. Voces que nacen desde la tierra, que brotan con la serenidad de quien ha vivido el dolor y ha decidido aun así seguir creyendo en la dignidad humana. La de José “Pepe” Mujica es una de esas voces. No se impone, no adoctrina, no promete para engañar. Habla con la humildad del campesino y la lucidez del pensador; con el cansancio de los años, pero con el fuego intacto de las utopías. Su palabra ha cruzado fronteras porque no es un discurso fabricado, es experiencia vivida, es ética encarnada. Mujica nos invita a preguntarnos si estamos habitando el mundo con sentido o si hemos sido arrastrados por la lógica del consumo, la productividad sin alma y la educación deshumanizada. ¿Qué estamos formando en las universidades? ¿Sujetos libres o piezas funcionales del engranaje neoliberal?

José Alberto Mujica Cordano nació en Montevideo, Uruguay, en 1935, en una familia de origen trabajadora. Su juventud estuvo marcada por el compromiso social y político en un país atravesado por profundas desigualdades. En los años 60, se integró al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), una organización guerrillera de izquierda inspirada en el guevarismo y el socialismo latinoamericano, que surgió en resistencia a las injusticias sociales, la represión estatal y el dominio económico de las élites. El MLN-Tupamaros recurrió a acciones directas como expropiaciones, sabotajes y secuestros para denunciar un sistema que excluía a las mayorías populares. Debido a su militancia Mujica fue perseguido, herido de bala en múltiples ocasiones y pasó casi 13 años en prisión (1972-1985), la mayoría de ellos en condiciones inhumanas, recluido en solitario, incomunicado y con secuelas físicas y psicológicas que él mismo definió como una forma de “tortura mental sostenida”. Esta experiencia, lejos de quebrarlo, moldeó su mirada crítica sobre el poder, la libertad y la condición humana.

Tras el regreso de la democracia en Uruguay, Mujica apostó por el camino institucional. Fue elegido senador, luego ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, y finalmente presidente de la República Oriental del Uruguay entre 2010 y 2015. Desde ese cargo —el más alto del país— eligió vivir como siempre: en su chacra modesta, junto a su compañera Lucía Topolansky, rodeado de perros y plantas, y donando gran parte de su sueldo a causas sociales. Su estilo de vida contrastó radicalmente con los privilegios del poder tradicional.

Desde la presidencia, promovió políticas progresistas como la legalización del aborto, el matrimonio igualitario y la regulación del cannabis; convirtiendo a Uruguay en un referente internacional por su enfoque ético y valiente frente a debates controversiales. Su ideología humanista, libertaria y anticonsumista trascendió las fronteras del Uruguay. Sus discursos, cargados de una sabiduría sencilla, pero demoledora, se convirtieron en inspiración para generaciones enteras. Denunció las contradicciones del capitalismo, la banalidad del poder y la urgencia de construir una civilización más justa y con nuevos valores. Pepe Mujica impulsó un modelo de integración latinoamericana basado en la solidaridad entre los pueblos y el fortalecimiento de organismos regionales como UNASUR, CELAC y MERCOSUR. Defendió una política exterior centrada en los derechos humanos, la autodeterminación y la unidad de los países del sur global frente a las lógicas del mercado.

Este año 2025, José Mujica falleció a los 89 años a causa de un tumor en el esófago. Como parte de su legado, nos dejó un pensamiento crítico, coherencia ética y profunda humanidad. Su muerte no apagó su voz. Al contrario, sus palabras hoy nos interpelan con más fuerza.

En varias intervenciones públicas Mujica ha insistido en que la educación no debe centrarse exclusivamente en la competencia sino en el sentido profundo de la vida. Más que preparar para ganar, se debe preparar para convivir. Esta perspectiva nos recuerda que el conocimiento no se justifica solo por su utilidad, sino por su capacidad de humanizarnos. Debemos cuestionar este modelo educativo que ha olvidado su dimensión humana, su vínculo con la vida, con el dolor del pueblo, con la esperanza de transformación.

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Puedes leer la segunda parte de este texto el próximo sábado 12 de julio. ¡No te lo pierdas!

Sobre la autora…

Eliana Margarita Almario Cachaya es Licenciada en Ciencias Sociales de la Universidad Surcolombiana, feminista decolonial, defensora de los derechos sexuales y reproductivos, integrante de la Red Huilense en Defensa y Acompañamiento en Derechos Sexuales y Reproductivos (RHUDA). Iniciadora del semillero de investigación en Medicina Ancestral (CURARE), con un profundo compromiso con la promoción de la Educación Sexual Integral y la Educación Popular.

Un comentario sobre “Universidad y compromiso con la vida: una mirada a los discursos de Pepe Mujica desde la educación”

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