Imagen suministrada por la organización del IX Festival Internacional de Danza del Ballet Clásico Ballerine (2025).
Imagen suministrada por la organización del IX Festival Internacional de Danza del Ballet Clásico Ballerine (2025).

“Hay una vitalidad, una fuerza vital, una energía, una aceleración que se traduce a través de ti en acción, y como solo hay uno como tú en todo el tiempo, esta expresión es única.”

Martha Graham (1894-1991) – Bailarina, coreógrafa, profesora.

La humanidad ha sabido dejar su rastro desde tiempos antiquísimos y el arte rupestre es una prueba de ello. Miles de grabados y pictografías sobre rocas, al interior de cuevas o en zonas de total exposición en medio de la naturaleza, han permitido conocer un poco sobre sociedades ya extintas que empezaron a manifestarse con formas que han resistido al paso de los siglos. Sus trazos, grabados o relieves constituyen una manera avanzada de fijar el movimiento de sus comunidades, su evolución expresiva, social e intelectual.

Muchas de esas representaciones, sea que estén ubicadas en la Isla de Pascua, en el territorio de Zuojiang Huashan en la frontera sudoriental de China, en los refugios rocosos de la región de Bhimbetka en la India, o en la Serranía de La Lindosa en Colombia, incorporan figuras humanas o figuras y rasgos antropomorfos, y partes del cuerpo como las manos, que en cualquier caso parecen reflejar la importancia que tenían. Incluso, se han fijado escenas de la cotidianidad, rituales, actividades de caza y otras que considero muy especiales: figuras que danzan.

Me resulta cautivador redescubrir cómo desde siempre, sea cual sea la especie de humanos, hemos encontrado la manera de despertar e incluir la sensibilidad al desarrollo habitual de la vida.

Tener hoy la certeza de que nuestros antepasados, por ejemplo, ubicados en la meseta Tassili n’Ajjer en el el sureste de Argelia, de algún modo encontraron formas de comunicarse y expresarse que siguen presentes, que conectan y vinculan la cosmovisión, incluso de pueblos enteros, a través del movimiento, que también escucha y siente la música, y que como dijo Graham, la hacen visible.

Y es que la danza como expresión artística proporciona bienestar desde cualquier dimensión que se revise. Por ejemplo, son numerosas las investigaciones en neurociencia que refieren los aportes beneficiosos a la salud física y cerebral. Una de estas, realizada por el Colegio de Medicina Albert Einstein de Nueva York y publicada hace más de 20 años, en la que se abordó un estudio sobre la relación entre las “actividades de ocio y riesgo de demencia en las personas mayores”, demostró que tocar instrumentos musicales y bailar se asociaron con un menor riesgo de padecer dicha enfermedad. 

Asimismo, recientemente se ha puesto en evidencia que la danza puede proporcionar beneficios fisiológicos y psicológicos a niñas, niños y adolescentes, bien sea como medio de acceso a la realización de la actividad física necesaria para el bienestar general y el desarrollo motor, o como manera de generar alivio a síntomas de depresión, mejorar el relacionamiento personal y social, o aumentar la capacidad de interacción, de sentir placer y diversión, entre otras ventajas.

La danza es, entonces, un medio para que el ser humano alcance el bienestar, pero también una posibilidad de construir sociedades sanas, equilibradas, amables y justas. Posee, en sí misma, la capacidad de transferir memorias, contar historias y resignificar los territorios. Es una herramienta para dignificar, recuperar y reafirmar las identidades de los pueblos, reparar el tejido social y conectar con las raíces culturales de las comunidades. Por lo tanto, es necesario reivindicar su rol en la sociedad, y para ello es clave la responsabilidad de quienes ejercen gobernanzas e implementan las inversiones materiales.

Por esto, me atrevo a decir que en el Huila no basta con tener un “Festival Folclórico y Reinado Nacional del Bambuco” que entre tanto celebra la ejecución del famoso baile del sanjuanero, pues la deuda es mayor con sus habitantes y el territorio porque, como he afirmado antes, la ausencia de programas de educación superior en artes musicales, visuales, literarias, teatrales y por supuesto dancísticas que garanticen a la sociedad un avance cierto, causa un impacto negativo en el desarrollo cultural, académico, intelectual, social y económico de la región.

Y sí, son muy grandes e importantes los esfuerzos que organizaciones sin ánimo de lucro, compañías y empresas privadas realizan cada día en el departamento y sus municipios por adelantar calificados procesos de formación, pero son esfuerzos que están limitados a muchos aspectos que sólo pueden resolverse desde la institucionalidad y desde las posibilidades económicas que solo el aparato estatal posee.

Además, aunque son esenciales en el inmenso engranaje del cambio todas esas aparentes “pequeñas apuestas” por promover el desarrollo artístico, es necesario el compromiso desde lo público para que se propicien transformaciones duraderas, equitativas y que beneficien a todas las comunidades.

Por lo pronto, es importante que como ciudadanía que participa en la vida pública del territorio, también podamos decidir vincularnos —desde nuestras posibilidades— a esos esfuerzos independientes y autogestionados que a nivel local promueven esa cultura de cambio desde las artes. Estos procesos merecen nuestra presencia, atención e inversión, pues los espacios que organizan y las apuestas artísticas que exhiben, impulsan el desarrollo individual y colectivo.

¡Pizt, pizt!

A propósito de reconocer, disfrutar y apoyar el trabajo que construye cultura dancística, los próximos 25, 26 y 27 de julio de 2025 se celebrará en Neiva la IX versión del Festival Internacional de Ballet Clásico Ballerine y la II versión del Festival Infantil de Ballet, ambas iniciativas lideradas por Diana Moreno, una de esas grandes mujeres que gestan la transformación en la ciudad.

Fuentes de apoyo:

Arboleda Sánchez, V. A., & Arenas Marín, D. H. (2024). Efectos de la danza en los procesos cognitivos [Effects of dance on cognitive processes]. Revista Académica Internacional de Educación Física, 4(5), 33–47. https://cdigital.uv.mx/server/api/core/bitstreams/939caf9e-4391-48e2-8bd4-c318572b19a4/content

Bayas, R., Aguaguiña, S., Dillon, S., & Moyano, L. (2025). La danza como expresión cultural y su impacto en el desarrollo cognitivo. Esprint Investigación, 4(1), 142-153. https://doi.org/10.61347/ei.v4i1.101

Duberg, A., Hagberg, L., Sunvisson, H., & Möller, M. (2013). Influence of self-rated health in adolescent girls through a dance intervention: A randomized controlled trial. JAMA Pediatrics, 167(1), 27–31. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2013.421

Polley, K., Banerjee, A., & Makal, A. (2015). Relations between rock art and ritual practice: A case study from eastern India. Archaeological Research in Asia, 3, 34–48. https://doi.org/10.1016/j.ara.2015.04.001

Stevens, C. J., Vincs, K., deLahunta, S., & Old, E. (2019). Long-term memory for contemporary dance is distributed and collaborative. Acta Psychologica, 194, 17–27. https://doi.org/10.1016/j.actpsy.2018.12.002

Sumanapala, D. K., Walbrin, J., Kirsch, L. P., Cross, E. S. (2018). Neurodevelopmental perspectives on dance learning: Insights from early adolescence and young adulthood. Progress in Brain Research 237. 243- 277 https://doi.org/10.1016/bs.pbr.2018.03.010

Tao, D., Gao, Y., Cole, A., Baker, J. S., Gu, Y., Supriya, R., Tong, T. K., Hu, Q., & Awan-Scully, R. (2022). The physiological and psychological benefits of dance and its effects on children and adolescents: A systematic review. Frontiers in Physiology, 13, 925958. https://doi.org/10.3389/fphys.2022.925958

Verghese, J., Lipton, R. B., Katz, M. J., Hall, C. B., Derby, C. A., Kuslansky, G., Ambrose, A. F., Sliwinski, M., & Buschke, H. (2003). Leisure activities and the risk of dementia in the elderly. The New England Journal of Medicine, 348(25), 2508–2516. https://doi.org/10.1056/NEJMoa022252

Un comentario sobre “La expresión que moviliza los cuerpos y el pensamiento: una discusión a propósito de la danza en el departamento del Huila”

  1. Es indiscutible que la educación debe ser integral, debido a que los valores artísticos, de imprimen riqueza al aprendizaje, cambiando la mentalidad del joven y adulto, pues con ello además se fortalece el tejido social y emocional de un país que se debate en medio de procesos sistemáticos de inmoralidad publica y de tergiversación de los valores morales

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