Fuente: Amnistía Internacional - Fotografía de Yuri Cortez para AFP.
Fuente: Amnistía Internacional - Fotografía de Yuri Cortez para AFP.

Ante la gravedad de los hechos ocurridos en Venezuela, cuyas consecuencias aún están por conocerse, el medio para el cual escribo estas líneas tomó la decisión de hacer una pausa en su receso de estas fechas con el ánimo de abrir el espacio de publicación sobre el tema. El fin era contribuir a la discusión a partir de argumentos ponderados, que no sumen al ruido de la discusión que, por estos días, y de manera natural, ha inundado la cotidianidad de la información. Objetivo que, a mi manera de ver, pareciera imposible.

Siempre he manifestado mi desdén por razonar la emoción, máxime cuando de argumentación política se trata. ¿Qué argumentos razonables pueden elaborarse en estos momentos para explicar el rompimiento, la zozobra, la incertidumbre? La intervención militar de una potencia extranjera en un Estado latinoamericano no puede tener una lectura razonable, porque ninguna explicación es suficiente cuando lo que conoces del mundo ya no existe más.

Al margen de lo evidente, la dictadura de Nicolás Maduro y el legítimo anhelo del pueblo venezolano por su libertad, el desarrollo de los acontecimientos ha demostrado que no hay una sola lectura y, sin embargo, pareciera que solo una verdad persiste en medio del caos: el 3 de enero de 2026 marca un hecho histórico, un antes y un después para el orden mundial al cual siguen preguntas sin respuestas: ¿cómo podremos vivir en adelante en mundo donde la única voluntad válida es la del más fuerte? ¿Cómo podremos construir un mundo más equitativo y justo sin reglas, sin derecho, sin acuerdos?

En el 2020, durante la pandemia y en marco de una conferencia virtual sobre el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, el ya fallecido juez de la Corte Interamericana Vio Grossi abordaba los problemas de la democracia en América Latina y los retos que enfrentaban los Estados latinoamericanos frente a la Carta de la OEA firmada en 1948. En el desarrollo de su exposición pregunté: ¿por qué la democracia? Cuestioné esta forma de gobierno como la única válida respecto al principio de autodeterminación. Grossi señaló entonces que, aunque no existía una regla explícita sobre la democracia, esta era la única forma de gobierno que garantizaba el desarrollo de los demás principios de la Carta, especialmente el de la convivencia y la paz entre los pueblos.

Una observación reciente sobre la dictadura en Venezuela me lleva a pensar que aún la tiranía puede representar un conceso que se vuelve mayoritario en el tiempo, no necesariamente pacífico, y que, en ese sentido, debería ser entonces depuesto por otros consensos vía democracia. Latinoamérica tiene un amplio historial de dictaduras y gobiernos autoritarios, depuestos todos por acuerdos democráticos que han afianzado la institucionalidad, y es tal vez por esa razón que la intervención de una fuerza militar extranjera para salir del dictador (sin restablecer la democracia, como ya se ha sabido), instalando un protectorado colonial y amenazando la soberanía de toda la región, resulta por demás repudiable.

No tengo argumentos para explicar el 3 de enero más allá de lo que deja ver el Derecho Internacional, sólo tengo angustia por el futuro del mundo que conocí, por la deshumanización y el colapso del orden mundial. Observamos cómo ocurre un genocidio en la más ramplona impunidad, al igual que la invasión de un Estado latinoamericano, hechos que nos demuestran de manera clara una reorganización colonial enmarcada por el poder económico. En ese sentido, desprecio la facilidad con la que nos manipulan los dueños del poder económico al dejarnos un inexistente margen de reacción como ciudadanos frente a sus maniobras de control político. El 3 de enero no se trata sólo de Venezuela.

No tengo entonces una posición serena, sin embargo, invito a todos los que lleguen a leer estas líneas a la reflexión profunda, a la introspección, a la interacción fuera de las redes sociales. Hablen con sus familiares, con sus amistades. Abracen. Tal vez es el momento de recuperar nuestras conciencias.

Fuerza Latinoamérica.

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