Latitudes Feministas: Violencias Digitales
Taller del proyecto Latitudes feministas y violencias digitales. Imagen del archivo personal de la autora.

Por: Lid Natalia Fernández Hormiga.


Frente a la idea de que internet no es un lugar neutro, sino otro territorio donde se disputan la dignidad y la vida, es urgente reconocer que lo que antes ocurría en las calles, en las casas o en las instituciones, hoy también se reproduce en redes sociales y plataformas digitales. Las violencias no desaparecieron: se transformaron. Y en ese tránsito encontraron nuevas formas de expandirse, muchas veces con mayor alcance y rapidez. Por eso, insistir en que lo digital no es “menos real” resulta fundamental en este momento.

Desde el suroccidente colombiano, en procesos como la revista Ácida, hemos insistido en algo que creemos importante, pero que aún incomoda: en internet también existimos. No somos avatares ni perfiles vacíos. Somos cuerpos, historias y territorios. Cuando somos atacadas en redes nos sentimos violentadas . Sin embargo, no todas habitamos internet de la misma manera. Aquí se vuelve imposible ignorar cómo se cruzan las violencias. Las mujeres, las personas sexo-género diversas, afrodescendientes, indígenas y quienes vivimos en contextos empobrecidos no solo enfrentamos más ataques, sino ataques más cargados de estereotipos. No se trata solo de desacuerdos políticos: lo que aparece es el racismo, el clasismo y el machismo operando sin filtros.

El entorno digital facilita esta violencia. El anonimato y la distancia desdibujan al otro. No ver el rostro, no escuchar la voz ni percibir el impacto inmediato de lo que decimos hace que muchas personas hablen desde lugares más crueles. No es que internet “saque lo peor de la gente”, es que permite que lo que ya existe —los prejuicios, los odios y las jerarquías— se exprese sin consecuencias visibles inmediatas. A esto se suma un problema estructural: las plataformas no están diseñadas para el diálogo. Están hechas para el consumo rápido y la reacción inmediata. En ese modelo, no hay espacio para la complejidad. Los debates se simplifican, se polarizan y se convierten en campos de batalla donde lo importante no es comprender, sino imponerse. Entonces, ¿de qué hablamos cuando defendemos la “libertad de expresión” en internet? ¿Quién puede hablar sin miedo y quién no? ¿Quién debe medir cada palabra porque sabe que puede convertirse en blanco de ataques masivos?

Las experiencias recientes en Colombia lo evidencian. Las mujeres y personas sexo-género disidentes que han participado en la política han sido blanco de violencias desproporcionadas en redes sociales. No solo se cuestionan sus ideas, sino sus cuerpos, sus identidades y su derecho a ocupar esos espacios. Lo digital se convierte así en una herramienta para disciplinar y expulsar. Frente a este panorama, los feminismos no han respondido con silencio. Al contrario, han comenzado a disputar este territorio. Desde investigaciones como Latitudes Feministas: Violencias Digitales, impulsada por Ácida junto a colectivas del suroccidente colombiano, se están nombrando estas violencias y, sobre todo, construyendo estrategias para enfrentarlas. Esta propuesta comunicativa, aún en construcción y con intención de ser lanzada al público en abril, ha explorado en encuentros y talleres cómo se viven estas violencias en departamentos como Valle, Cauca y Nariño.

En medio de estos debates, una idea clave ha sido entender que nuestras vidas también están en lo digital. De ahí que ejercicios como el Mapeo Tecno-Territorial permitan reconocer qué tecnologías usamos y cómo influyen en nuestras formas de organizarnos. De este modo, buscamos entender las relaciones de poder que atraviesan las herramientas que usamos. Asimismo, creemos que es necesario cuestionar las condiciones bajo las cuales habitamos internet. La llamada “tiranía de las aplicaciones” nos recuerda que participar en estos espacios implica ceder datos, información y privacidad. Entonces cabe preguntarse: ¿qué tipo de libertad es la que vivimos en esos medios?

A esto se suma otra discusión urgente. Seguimos repitiendo que la “nube” es algo abstracto, cuando en realidad depende de recursos materiales, territorios explotados y economías desiguales. Lo digital no está separado de las disputas por la tierra, el agua o los minerales. Ante este panorama, la pregunta no es si debemos abandonar internet. La pregunta es otra: ¿cómo lo habitamos sin reproducir las mismas violencias que decimos combatir? ¿Cómo construimos espacios donde la diferencia no sea motivo de ataque, sino de encuentro? Porque si algo está claro es que el territorio digital ya es parte de nuestras vidas. Y, como cualquier territorio, también es un espacio en disputa.

Nota aclaratoria: estas reflexiones surgen del proyecto de investigación denominado Latitudes feministas y violencias digitales, liderado y coordinado por la revista Ácida, una publicación feminista.

Sobre la autora…

Lid Natalia Fernández Hormiga es mujer indígena yanacona, parte del equipo editorial de la revista Ácida, maestra en estudios de género y diseñadora gráfica.

Deja un comentario