Por: Miguel De León.

El eco de las tamboras no ha terminado y las discusiones sobre el Festival del Bambuco vuelven como todos los años, casi siempre alrededor de los mismos temas.  Una ex secretaria de cultura está organizando una cruzada para acabar con el desfile en traje de baño, sin definir, primero, qué rol cumple el reinado en el marco del Festival.

Pero igual, el Festival fue un espacio para ilustres doctores que explicaron en diversos espacios académicos qué era y cómo nació el Festival, sin definir nunca qué son las fiestas. Casi todos coinciden en definir que el Festival nace con alguna actividad de origen española, pero desconocen (¿a propósito?) que antes de la llegada de los españoles ya el territorio estaba habitado por otras culturas y ellas también celebraban sus fiestas. 

Uno siente cierto temor por parte de los historiadores a reconocer que antes de los españoles ya los pueblos originarios realizaban su propia celebración. Que los españoles básicamente trajeron el santoral católico y de ahí surge la moderna definición de nuestras fiestas.

Incluso, cada 24 de junio, día en que el sol se encuentra en su punto más alejado de la tierra y que, además, coincide con el solsticio de verano, se celebra el Inti Raymi o “fiesta del Sol” en diversos países latinoamericanos. Por ejemplo, en Bogotá, La comunidad Kichwa cada año organiza una serie de actividades para celebrar el Inti Raymi, y se realiza en homenaje y agradecimiento a la Madre Tierra por las cosechas recibidas a través de un espacio donde la música, el canto y la danza se convierten en expresiones de gratitud y reafirmación cultural. 

En ese sentido, el historiador Bernardo Tovar Zambrano habla de cómo los pueblos europeos anteriores al cristianismo celebraban el solsticio de verano con “rituales relacionados con el sol, el fuego, el agua y la vegetación estaban muy extendidos en estos pueblos”. El elemento en común de estas celebraciones, que incluían murgas y comparsas, es una acción de gracias al Dios Sol por las cosechas recibidas en el año. Por eso, las fiestas en su concepto inicial son de gratitud. La llegada del cristianismo a Europa y de los españoles a América trae el santoral, y un cambio del sentido de las fiestas. Especialmente el culto a San Juan Bautista, “el santo que recibía un culto más intenso en todos los países cristianos de Europa”, según plantea Tovar Zambrano en su libro Diversión, Devoción y Deseo, Historias de las Fiestas de San Juan.

De allí que las nuevas fiestas de San Juan Bautistas marcasen la continuidad, bajo un un nuevo simbolismo, de las fiestas al sol de los pueblos originarios. Ahora bien, estas también constituyeron la herramienta para imponer una nueva colonización basada en la evangelización y cristianización del goce festivo y pagano de los pueblos originarios según un modelo católico y euro centrista de las fiestas. Este es el modelo que hoy reproducen los historiadores que insisten en unas fiestas de origen español porque llevan los nombres de dos santos representativos de la religión católica. Necesitamos discutir y conocer mejor el sentido de nuestras tradiciones para, así mismo, proponer a la institucionalidad un Festival que no pierda su esencia.

Sobre el autor…

Miguel de León es pintor, poeta y cronista nacido en Pitalito (Huila). Vive y trabaja en la ciudad de Neiva. Estudio Bellas Artes en la Escuela de Artes de Bogotá y sus primeros escritos se dan como complemento de su búsqueda plástica. Ha realizado exposiciones individuales y colectivas desde 1985. 

Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía 2012. Autor de más de diez libros de poesía, ensayo y cuento. Coautor de la Historia General del Huila e incluido en antologías regionales y nacionales.

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