Pie de foto: Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024. Foto de Vanity Fair.
Pie de foto: Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024. Foto de Vanity Fair.

Me encontraba leyendo La condición humana de Hannah Arendt, cuando escuché la noticia del premio Nobel de literatura —una mujer coreana— y decidí buscar más información. Cada vez tenía más preguntas sobre su vida, sus estudios, pero sobre todo su prosa. Salí inmediatamente a comprar su novela La clase de griego, publicada por Random House en 2011. Mientras me decidía a iniciar la lectura estuve escuchando sus conferencias durante una semana. 

Quizás tenía expectativas, miedos o algo me decía que, como un buen vino, había que leerla sosegadamente, con cautela, en el silencio de la inmediatez. En ese instante recordé cuando leí a Annie Ernaux, y cómo su narrativa me transmitió un torrente de emociones, mientras la cotidianidad pasaba.

Luego, comprendí que la literatura Han Kang tiene la facultad de clarificar la vida, enunciar el mundo, que nos lleva a mundos cotidianos para comprendernos, ya que para escucharnos hay que habitar los espacios. 

La protagonista de la historia de La clase de griego es una profesora que inicia sus clases de esta lengua. La novela va mezclando la narrativa de la pérdida de la custodia de su hijo y la historia de su profesor de griego, quien, entre la sencillez y la descripción de su vida dividida entre Alemania y Corea, está aquejado por sentirse siempre un poco solo incluso, al regresar a casa mientras padece una enfermedad que lo dejará ciego.

Esta novela, es una carta de amor entre los personajes que involucra el lector con un gran sentido de poesía, filosofía y reflexión sobre las pérdidas que solemos ir teniendo a lo largo de la vida: 

Quizás más allá de cualquier pregunta o respuesta, más allá de cualquier cita o alusión o argumentación, lo que en verdad me habría gustado decirte durante el largo tiempo que compartimos sea lo siguiente: que cuando le devolvemos al mundo material la vida, la más frágil, blando y triste que poseemos, no recibiremos ninguna compasión. Que cuando llegue ese día, no podré recordar todas las experiencias que habré acumulado en términos de belleza” (pg. 117).

La novela nos invita a sentirnos conmovidos, es un libro ligero pero feroz con la palabra, pues expone la vulnerabilidad de los personajes, y nos recuerda cómo solamente a través de los sentidos desciframos el mundo. 

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