A las 7:35 a.m., hora italiana, falleció en Ciudad del Vaticano el Papa Francisco. El anuncio fue hecho por el cardenal Camarlengo de la Iglesia Católica, el angloirlandés Kevin Farrell que asumiría el gobierno transitorio mientras se surte el cónclave que reemplazará al primer pontífice latinoamericano. El Papa había aparecido ayer domingo por última vez para impartir la bendición Urbi et Orbi.

***

El 13 de marzo de 2013 el mundo observó con asombro cómo el nuevo pontífice se presentaba como “un obispo que había sido traído desde el fin del mundo”. Jorge Mario Bergoglio era hasta entonces el arzobispo de Buenos Aires y estaba fuera del radar de los medios y de los vaticanistas por su avanzada edad (76 años) y un problema pulmonar que arrastraba desde su juventud.

El cónclave que lo llevó a la Sede de Pedro estuvo precedido por los escándalos que sacudieron la iglesia de Benedicto XVI en sus últimos años. Filtraciones de documentos secretos, escándalos financieros (presentes desde el ocaso del papado de Pablo VI casi medio siglo antes) y un papa deteriorado y encerrado en un círculo de poder precedieron la sorpresiva renuncia del alemán en febrero de 2013. Ese fue el preludio de la llegada de un rupturista a Roma.

Primer papa latinoamericano, primer papa no-europeo en más de 500 años, primer pontífice jesuita, y además, un cardenal polémico e incómodo para el kirchnerismo (buena parte de su papado coincidió con el gobierno del matrimonio Kirchner en la Argentina). El conclave de 2013 había escapado a las clásicas dinámicas entre integristas y progresistas que habían acompañado buena parte de los cónclaves desde aquel que eligió a Pio X hace más de un siglo.

En aquel invierno romano las divisiones más profundas se dieron entre curiales romanos (en su mayoría cardenales predominantemente italianos y funcionarios del gobierno central de la Iglesia Católica) y extracuriales periféricos (cardenales con sede en los diversos países de la cristiandad escandalizados por los vientos de conspiración que corrían en Roma). Incluso en ambos grupos podían hallarse perfiles denominados conservadores y perfiles de tendencia más progresista, inclinados a un aggiornamento de la institución a los nuevos tiempos del cambio. Esos debates marcaron las denominadas Congregaciones Generales, esas reuniones multitudinarias que se surten entre los funerales (en este caso el traslado del papa renunciante) y el cónclave.

Finalmente, la tendencia extra-romana que exigía cambios a gritos se impuso. Probablemente, por ello, los cardenales se fueron a buscar un papa al fin del mundo. Un Bergoglio rupturista, con sencillo blanco, sin muceta, ni demás atuendos pontificales ceremoniales se asomó al balcón de la Logia en esa abarrotada Plaza de San Pedro para bendecir al pueblo cristiano católico y presentarse de manera sencilla como el obispo de Roma. La era Bergoglio había empezado.

 Un papado de símbolos

Jorge Mario Bergoglio fue el primer papa en la historia contemporánea en elegir un nombre nuevo: Francisco. Meses después contaría que la decisión había sido impulsada por el cardenal Hummes, que al abrazarlo para felicitarlo tras su elección le había dicho al oído “Acuérdate de los pobres”. Sus primeros meses estuvieron marcados por prescindir de múltiples símbolos históricos como el trono de las audiencias privadas, reemplazado por una silla sencilla sin tarima elevada, o los tradicionales zapatos rojos que reflejaban la sangre de los mártires.

Pero los símbolos no se agotaron en las claves de vestuario o mobiliario. Francisco se acostumbró a generar ampollas entre los sectores más conservadores de la iglesia. Su posición respecto a la comunidad LGBTIQ+ se convirtió en un hito sorpresivo para quienes habían conocido sus enconadas posiciones conservadoras en la sede de Buenos Aires. Su famosa frase «Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?», pocos meses después de su llegada al solio de San Pedro, escandalizó a los tradicionalistas que jamás habían afrontado esos problemas de manera directa.

Frente a ese tema, vendría una década marcada de diálogo sobre el tema, no exenta de ambivalencias que rodeaban las declaraciones del pontífice en distintos medios, que incluso llegaría a las pantallas de streaming en un desenfadado diálogo con jóvenes que transmitió la plataforma Disney+ en un documental-entrevista que denominó Amen (así, sin tilde, como quizá debería ser).

El Papa argentino también fue un profundo defensor de las luchas medioambientales e incluso llegó a dedicar a este tema su primera encíclica Laudato Sí. Allí defendió el cuidado de la Casa Común en medio de un negacionismo (cada vez menor cuantitativamente, pero más ruidoso) frente a fenómenos como el cambio climático. El Amazonas fue una preocupación constante y el Vaticano estudió fórmulas canónicas vigentes para permitir que clérigos casados pudieras evangelizar en estas zonas con profundas distancias y problemáticas desconocidas para la iglesia eurocentrista.

Incluso frente a su muerte, Francisco determinó cambios simbólicos importantes: será el primer pontífice en más de un siglo en no reposar en las grutas vaticanas, en el subsuelo de la Basílica de San Pedro, sino en su iglesia favorita: Santa María la Mayor (donde también reposa el inefable Bernini). Las disposiciones papales funerarias que Francisco presentó hace algunos meses prevén también unos ritos mucho más sencillos a los que la iglesia nos ha tenido acostumbrados.

Aunque siguió buena parte del camino que con lentitud y retardo empezó su predecesor Benedicto XVI, en materia de medidas contra abuso de niños, niñas y adolescentes Francisco avanzó como no lo había hecho antes la iglesia. Entre otras medidas, separó el proceso canónico del proceso civil, lo que compelía a los obispos (por lo menos teleológicamente hablando) a denunciar ante la justicia del país respectivo la información sobre delitos que tuviese conocimiento sin esperar ningún proceso eclesiástico.

También se crearon comités diocesanos, arquidiocesanos y de congregaciones que buscaran medidas de prevención y protección y asesoraran a las autoridades religiosas locales. Aunque con encuentros y desencuentros, se buscó siempre que dichos comités tuvieran participación de las víctimas de estos abusos.

Sin embargo, el papado no estuvo exento de críticas, y no solo de los sectores conservadores. Las finanzas de la Santa Sede no han sido saneadas, ni mucho menos transparentadas; la forma en que el pequeño Estado en el corazón de Roma maneja sus finanzas sigue preocupando incluso a los organismos monetarios de la Unión Europea. Ahora bien, Francisco avanzó en sus primeros años al crear un Ministerio de Economía a cargo del cardenal australiano George Pell (defenestrado más adelante y muerto poco después en su país natal).

También fue criticado el guante de seda (en palabras de nuestro colaborador Felipe Galli) con que Francisco trató a los gobiernos autoritarios y antidemocráticos de la denominada Marea Rosa latinoamericana. Su posición ambivalente y tenue ante las dictaduras de Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua ha sido ampliamente criticada. Incluso obviando la persecución que el sátrapa centroamericano ha dirigido contra la misma iglesia católica nicaragüense.

Una rápida, pero fulminante enfermedad

Aunque Francisco presentó problemas pulmonares desde su juventud (le había sido extirpado una parte del pulmón derecho tras una infección), su declive se vino profundizando desde 2024. Sin embargo, el líder religioso empezó un 2025 afectado por una bronquitis que trascendió a neumonía y que lo llevó a ser internado en el Policlínico Gemelli en febrero de este año. Allí permaneció 33 días con pronósticos de gravedad que oscilaban entre leves mejorías e incluso rumores de muerte.

A finales de marzo, el papa retornó al Vaticano y participó esporádicamente en las tradicionales ceremonias de la Semana Santa. Ayer Domingo de Pascua se le vio por última vez recorriendo la Plaza de San Pedro mientras saludaba a las multitudes congregadas e impartía con un hilo de voz la bendición Urbi et Orbi. Así deseaba felices pascuas a la cristiandad. Paradójicamente, esto ocurrió en el mismo balcón donde doce años antes se presentó como el Papa venido del fin del mundo.

***

La Iglesia Católica ha entrado en el periodo denominado Sede Vacante. Tras los novendiales (nueve días de luto en medio de los cuales se celebrarán los funerales), se anunciará la fecha del cónclave. Aunque sin plazos establecidos, seguramente los primeros días de mayo, el mundo tendrá sus ojos centrados en la chimenea de la Capilla Sixtina que anunciará al sucesor de Francisco.

Desde nuestro medio estaremos haciendo distintos análisis en los días venideros alrededor del cónclave que comenzará en las próximas semanas

Un comentario sobre “Muere el Papa Francisco: La Iglesia Católica se prepara para elegir a su sucesor”

Deja un comentario