Fuente: Shane de Unplash.com
Fuente: Shane de Unplash.com

Cuando el sufrimiento no lleva a la muerte inmediata, y más si es el dolor de las mujeres, parece no importar tanto. Evidencia de ello son casos como el de Melissa Gaona Duarte, una colombiana que recientemente se hizo visible en redes sociales por presentar una endometriosis severa, cuyo dolor es tan fuerte que interfiere en sus actividades cotidianas como comer, caminar o respirar.

La endometriosis es una enfermedad en la cual un tejido similar al que se forma en el interior del útero crece fuera de este. Cuando se ubica normalmente, este tipo de tejido se expulsa durante la menstruación; pero al desarrollarse en otras partes del cuerpo provoca inflamación y aparición de cicatrices.

La enfermedad causa un dolor intenso, la mayoría de veces incapacitante, durante la menstruación, las relaciones sexuales, al defecar o al orinar. Puede acompañarse también de otros síntomas menos específicos como dolor pélvico crónico, distensión abdominal (esa sensación de vientre “hinchado” o “inflamado”), náuseas y fatiga. En sus presentaciones más raras, puede localizarse en zonas más alejadas como el tórax (afectando pulmones y pleura), piel y sistema nervioso central (cerebro y sus anexos), generando síntomas diversos como dolor en el pecho, dificultad para respirar o tos con sangre, que suelen correlacionarse con las etapas del ciclo menstrual. Como consecuencia de esto, se puede desarrollar depresión, ansiedad y problemas de fertilidad, derivando en una afectación crónica de la calidad de vida de quien la padece.

En el caso de Melissa, según ha informado en sus redes sociales, lleva siete cirugías, presenta alergias a medicamentos que le impiden un manejo digno del dolor e incluso sus médicos le han indicado que no cuenta con más opciones terapéuticas en Colombia conforme sus posibilidades económicas. Ante esto, decidió solicitar la eutanasia, pero su EPS se la negó. Su denuncia en redes sociales evidenció aún más la desinformación alrededor de la enfermedad, los prejuicios contra estas pacientes y los testimonios de otras personas que refieren haber recibido negativas a solicitudes similares.

A pesar de que, según cifras de la OMS, la endometriosis afecta cerca de 1 de cada 10 mujeres y niñas en edad reproductiva (estimándose alrededor de 190 millones de casos en todo el mundo), su diagnóstico puede tardar hasta 12 años desde el inicio de los síntomas. Esto se relaciona con la creencia popular de que “es normal” que la menstruación duela. También tiene relación con el hecho de que los síntomas son similares a los de otras enfermedades como el síndrome de intestino irritable y la persistente subestimación del dolor de las mujeres, que fortalece la narrativa de que tiene un origen netamente emocional o que se exagera.

A estas problemáticas, se suman brechas en relación con la investigación médica sobre problemáticas de salud de mujeres y cuerpos feminizados[1]. Como un mal chiste del sistema, siempre vale la pena recordar el artículo que estudió el “Atractivo de las mujeres con endometriosis rectovaginal”, que causa indignación por el tinte sexista y estereotipado de sus conclusiones.

Este tipo de publicaciones no solo refuerzan prejuicios, sino que muestran qué tan poco se toma en serio el sufrimiento de las pacientes porque, a pesar de que el artículo fue retirado luego de la polémica, resulta alarmante que haya pasado por revisiones científicas y aun así lo hayan considerado publicable. La escasez de estudios alrededor de este tema, o su falta de rigurosidad científica, dificulta el avance en técnicas diagnósticas, en tratamientos efectivos y en su inclusión en programas de salud pública.

A la duda constante sobre su propio juicio (por presentar un dolor del cual insistentemente les dicen que “no es para tanto”), se suma la presión social que las estigmatiza: Incluso con un diagnóstico confirmado, muchas de estas pacientes son tildadas de flojas o malas trabajadoras porque requieren incapacidades médicas recurrentes, algunas personas lo interpretan como un acto premeditado de simulación.

Pero más allá de los casos individuales, hablar de endometriosis es hablar de la necesidad de establecer esfuerzos de salud pública que permitan actividades articuladas para mejorar la calidad de vida de las pacientes. En este sentido, no todo es desolador en Colombia, donde se han logrado avances normativos interesantes.

Desde el 2023, el Congreso de la República aprobó la Ley 2338 o “Ley de endometriosis”, que reconoce el impacto de esta enfermedad y la necesidad de generar acciones conjuntas desde los distintos sectores sociales e instituciones para abordar esta problemática. Esta ley dicta las disposiciones generales para crear una política pública que permita garantizar el derecho a la salud de las personas con diagnóstico confirmado o sospecha de endometriosis. Dicha ley ya fue socializada en julio de 2025 por el Ministerio de Salud y Protección Social y está pendiente de ajustes finales para su aprobación y publicación.

El estigma y la desinformación, sin embargo, han sido evidentes no solo ante los casos más visibles, sino en controversias como la surgida cuando a principios de este año el Departamento Administrativo de la Función Pública estableció que sus funcionarias tenían derecho a solicitar una licencia menstrual mensual para trabajo remoto cuando certificaran condiciones médicas como la endometriosis, a pesar de que se aclaraba que debía ser una certificación formalmente generada y actualizada cada seis meses (tema que abordé previamente en este medio).

En una sociedad que premia la productividad por encima de todo, donde el bienestar se ha transformado en un listado de tareas por cumplir y los cuidados se capitalizan en rutinas y productos que denotan estatus, accesibles solo para quienes tienen más privilegios, es necesario que los distintos sectores sociales (familias, empresas, instituciones de salud y de educación, entre otros) aborden con seriedad y compromiso temas invisibilizados como la endometriosis. Porque, más allá de un problema individual, reconocer y aliviar el dolor es un reto colectivo de dignidad y humanidad.


[1] Valls-Llobet,C. Mujeres Invisibles para la medicina (2009. Bolsillo).

Un comentario sobre “Dolores silenciados: endometriosis, estigma y dignidad”

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