
Por: María Castrellón Pardo.
Recibir un diagnóstico de cáncer es algo que nadie espera ni desea. Sin embargo, en Colombia cada año se diagnostican alrededor de 80.000 nuevos casos, según datos del Instituto Nacional de Cancerología y estimaciones epidemiológicas nacionales. Si preguntara a quienes leen esta columna si conocen a alguien que haya tenido cáncer, lo más probable es que la mayoría diga que sí. Por eso, en este Día Mundial contra el Cáncer, quisiera compartir algunas recomendaciones que pueden ayudar a acompañar a las personas que viven con este diagnóstico.
Lo primero que quiero mencionar es que el cáncer es una enfermedad única, por lo que es muy difícil hacer generalizaciones. La condición puede llamarse igual, pero los tratamientos y las experiencias varían dependiendo de la parte del cuerpo afectada, qué tan avanzada esté la enfermedad y distintos factores individuales de cada paciente, valga la redundancia. Por eso es importante tener prudencia y no hacer comparaciones impertinentes. Más de una vez he escuchado a pacientes angustiados porque alguien les compartió la historia de un fulanito que tenía “exactamente lo mismo y se murió”, o de alguien que tenía algo “igualito” y no estaba tan afectado. Entonces aparece el miedo: creer que su historia acabará igual o pensar que hay algo mal porque otras personas lo llevaron mejor que él o ella.
En esa misma línea, hay muchas falsas creencias sobre el cáncer. Una de las que más escucho es que supuestamente llorar hace daño. No es así. Con cáncer o sin cáncer, todos tenemos derecho a expresar nuestras emociones. Reprimirlas sí afecta nuestra salud, tanto física como mental, y todos debemos aprender a dar cabida a la expresión. Es válido que haya tristeza, miedo y hasta enojo, así como momentos llenos de esperanza y optimismo. Así que lo que sea que diga el paciente que está sintiendo es válido, y no necesitamos arreglarlo. Si el estado de ánimo no mejora, tampoco se trata de juzgar, sino de buscar el apoyo profesional de un psicólogo que pueda brindar el acompañamiento pertinente.
Ahora bien, ¿qué cosas sí sirven? La primera es simple, pero muy poderosa: respetar lo que cada persona quiere compartir. Hay quienes se sienten cómodos contando cada detalle, mientras que otros necesitan más privacidad. Dejar que sea la persona quien decida qué quiere decir y qué quiere callar es la mejor elección.
De la misma manera, es importante preguntar cuál es la mejor forma de ayuda. ¿Necesita tiempo a solas? ¿Una visita corta? ¿Un mandado? Si de verdad queremos apoyar, no hay nada mejor que dejar de adivinar y tener una conversación clara al respecto.
Finalmente, hay que recordar que la persona es mucho más que el diagnóstico. El cáncer no es el único tema. Los pacientes, así como a veces necesitan hablar del cáncer, también necesitan no hacerlo: distraerse con otros temas de conversación, pasatiempos o intereses.
Todos viven la experiencia del cáncer de manera diferente. No hay una sola forma correcta de transitarla ni de acompañarla. Nuestra misión, cuando tenemos la oportunidad de estar cerca de alguien que atraviesa esta realidad, no es dar respuestas, corregir emociones ni tener la palabra justa, sino estar, con respeto, con escucha y con empatía. A veces acompañar no es hacer más, sino hacer menos: menos juicios, menos consejos, menos certezas, y mucha más humanidad.
Sobre la autora…

María Castrellón Pardo es psicóloga especialista en psicooncología y cuidado paliativo. Coordinadora de investigación en la Universidad de Calgary, certificada en investigación orientada al paciente y participación comunitaria, promotora de habilidades de comunicación para profesionales de la salud y atención centrada en la persona.
